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Luis Aragonés y su final de 1974

El pasado 1 de febrero fallecía uno de los entrenadores más queridos del fútbol español: Luis Aragonés. Pasados casi dos meses de la muerte de uno de los iconos del deporte patrio, ahora queda la reflexión tras la pérdida. El ejercicio de memoria para enaltecer un ‘qué dejó Luis Aragonés’ que deja una reseña muy marcada dada la actualidad.

El Atlético de Madrid vive un sueño en la actualidad. El ‘Cholo’ Simeone ha conseguido darle alas a un equipo que vivía sumido en su deuda futbolística como económica, donde los 500 millones de euros pendientes a la Hacienda Pública eran aquella torre de naipes que se desmoronaba temporada tras temporada. En la 2013/2014 prima lo deportivo, donde los éxitos ligueros se prolongan también en Champions League, donde el conjunto colchonero tiene una deuda con el pasado. Concretamente, el Atleti y Luis Aragonés han tenido aquella deuda desde 1974.

Once Atlético de Madrid

El Atlético de Madrid de 1974

La asignatura pendiente

Independientemente de los cetros europeos que ha logrado a nivel de Copa de la UEFA, la asignatura pendiente ha sido la ‘orejona’. La mejor clasificación del Atlético de Madrid fue en la Copa de Europa de 1974, donde llegó a clasificarse tras ser campeón de Liga en 1973. El equipo había llegado a la final tras superar a Galatasaray, Dinamo de Bucarest, Estrella Roja de Belgrado y Celtic de Glasgow. El club de Juan Carlos Lorenzo, liderado por Luis Aragonés, Adelardo y Gárate, se citaba con al Bayern de Múnich de Franz Beckenbauer y Gerd Müller, en el estadio de Heysel en Bélgica.

Nosotros sabíamos que el Bayern de Múnich era más rápido que nosotros”, aseguró Luis Aragonés tras visionar el partido una vez retirado como jugador para los micrófonos de Telecinco. El equipo decidió utilizar una estrategia más contragolpeadora, aunque combinada con unas cuantas argucias. “Yo le guiñaba el ojo a Beckenbauer para ponerle nervioso, pero lo que pasaba es que el alemán tenía un taco de billar en el pie y los nervios más templados que nosotros”, bromeaba Luis. No obstante, Adelardo matizaba aún más la anécdota.

El Bayern de Múnich jugaba prácticamente con la mitad del combinado nacional alemán en su once. Era un rodillo bávaro aunque el equipo de la ribera del Manzanares tampoco se quedaba corto. “El Atlético de Madrid contó en aquella Copa de Europa con uno de los mejores conjuntos con los que se puede jugar”, dijo Miguel Reina, portero en aquella final en Bélgica.

Luis Aragonés era un jugador con buen trato de balón, poderosa y peculiar zancada – de ahí su apodo de ‘Zapatones’ – y con un excepcional golpeo de balón. Quedaba claro sobre el campo belga que el número 8 de los rojiblancos era el líder, y que las jugadas a balón parado eran su mejor especialidad. Tanto, que marcaba la diferencia hasta el punto de adelantar en el marcador al Atlético de Madrid. Un reputado agente de jugadores, periodista  e historiador futbolístico como José Antonio Martín Otín, también conocido como Petón, desvelaba los secretos de Luis con los golpes francos.

Con el partido a cero y la consecución de la prórroga, el Atlético de Madrid recibió una falta en el minuto 114 en la frontal del área del Bayern de Múnich. Luis Aragonés cogió la pelota como si fuera suya, colocó el balón y lo estrelló en las mallas, sabiendo una vez golpeada que no lo detendría Sepp Maier, el guardameta alemán. De hecho, celebra el gol antes de que entre.

Sufridores por naturaleza

El aficionado del Atlético de Madrid, según dicen los entendidos, tiene la condición de sufridor, y aquel 15 de mayo de 1974 se convirtió en otra aciaga noche para los rojiblancos. Cuando todavía duraba el júbilo del gol de Luis Aragonés, Gárate pierde una pelota en el área del Bayern, que a su vez lanza el último ataque. En un balón muerto, el defensa Hans-Georg Schwarzenbeck coge la pelota desde fuera del área y dispara con fiereza hacia la portería de Miguel Reina. El empate sucedió en el minuto 119, con lo que el encuentro quedaría en tablas.

Antaño, para deshacer el empate durante los 120 minutos, se recurría a jugar otro partido, conocido como replay, para inclinar la balanza. El Atlético de Madrid tuvo que jugar de nuevo dos días después, cayendo estrepitosamente por 4-0 en un completo recital de los alemanes. Dicha norma de jugar otro encuentro cambiaría pocos años después, viéndose su ejemplo en la final de 1984 entre la Roma y el Liverpool, donde se jugaron la fortuna en los penaltis, como a lo mejor hubiera sido más justo.

Aquel 1-1 inicial todavía resuena en la memoria del hincha del Atlético de Madrid.

El club madrileño tiene la oportunidad de resarcirse de aquel partido con esta edición de la Champions League. No estará Luis Aragonés para apretar desde la grada en cualquier eliminatoria que se le ponga por delante al Atlético de Madrid, pero desde el cielo a buen seguro que animará.  La espinita que se le quedó a Luis, el Atlético de Madrid, el equipo de su vida, la intentará sanar.

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3 Comments

  1. Un grande donde los haya. El mundo del fútbol no le olvidará. Los atléticos en cada partido que juegan en el Calderón cantan al unísono su nombre al marcar los goles.
    Muy buen reportaje sobre el sabio.
    “Ganar, ganar y volver a ganar”

  2. Magnífico artículo. Esa final ha sido una de las más trágicas del fútbol español.

  3. Grande Fran Guillén, quede el otro día con el para comer.

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