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Ya está pagado

Hay algunos cafés cuyo valor supera su precio, pero que cuando un cliente pide su cuenta, el camarero dice: “Ya está pagado”. Se trata de un café pendiente, una iniciativa solidaria en distintos cafés de la capital por la que los clientes pagan cafés que no se toman para clientes que no pueden pagarlos

El Café Comercial fue fundado en 1887 y pertenece a la Edad de Oro de Madrid. / Manuela Medina.

El Café Comercial fue fundado en 1887 y pertenece a la Edad de Oro de Madrid. / Manuela Medina.

Era principios de siglo XX en la Campania italiana y en la ciudad de Nápoles. Ante las ardientes orillas del mediterráneo, la felicidad embriagaba a algunos napolitanos, quienes cuando algo esbozaba la alegría en su rostro se tomaban un café y pagaban dos, dejando el sobrante para el siguiente cliente. Este acto de generosidad permaneció soterrado a las costumbres de la ciudad y no fue hasta finales del siglo XX y principios de XXI cuando dicha muestra de felicidad tornara en solidaridad y alcanzara en ayuda a las demás ciudades del resto del globo.

El café pendiente arranca en el Comercial

En Madrid, a orillas de una sierra seca y superpoblada, no hace especialmente frío. El sol ha tapado la ciudad con su luz y las primeras hojas verdes asoman el amanecer de la primavera. En el Café Comercial el insoportable sonido de las cucharillas orquesta el café de la mañana y los transeúntes entran y salen por la puerta giratoria como si de una oficina se tratase. Entre la calidad de los trajes y las boinas madrileñas de primera hora, un hombre cualquiera, vestido de adulto, entra entre tal cantidad de gente de orden y pide un café. En su rostro no hay prisa y la camarera al mirar comprende que es momento de borrar la pizarra.

De todos los hombres que vendrán y los que han venido, existe un cliente, que no es cliente sino hombre, que entiende lo que de verdad vale un café. Cede su dinero, o su excedente de él, para que otros tomen un café por la mañana. Este señor paga y la pizarra detrás de la barra, codo con codo de los precios, marca un nuevo acto de bondad. El hombre cualquiera no pide un café gratis, podría hacerlo, pero no lo hace, quizá sea el orgullo o ni siquiera una absoluta necesidad. Cuando va a pagar, la jefa, con una sonrisa napolitana, le dice “ya está pagado” y el hombre extrañado y a la vez complacido mira a la mesa mientras el aire de la mañana se respira más fresco que antes.

Una iniciativa que recorre España

“Ponme un café y te dejo otro pagado”. En eso consiste esta iniciativa solidaria, la del café pendiente, a la que se han sumado ya más de 400 locales de todos los rincones de España. Una idea que bebe del Nápoles del siglo XX y que ha sido puesta en marcha por el barcelonés Gonzalo Sapiña, un joven experto en marketing online que quiere demostrar que la solidaridad está al alcance de todos. Para ello, para poder expandir esta iniciativa italiana a bares o restaurantes españoles, Sapiña creó un Red de Cafés Pendientes. Se trata de  una página web que convierte cualquier local gastronómico en un pozo de solidaridad. Y es que toda persona que esté interesada en participar tan solo necesita acceder a esta web, rellenar un formulario y descargarse el distintivo con el marcar su bar o restaurante para integrarlo en este proyecto. Una vez completado el procedimiento, los datos del local -acompañados de una fotografía- estarán disponibles en la web de Cafés pendientes. Solidaridad, humanidad y publicidad son aquí una misma cosa.

Una iniciativa de la que, al igual que el Café Comercial madrileño – que ya lleva dados más de 7.000 tazas- , ya se han hecho eco numerosos locales y restaurantes de todos los rincones de España. Ahora, tal y como afirmaba una dueña del bar de Lavapiés “La Infinito”,  que también se ha sumado a esta red, solo falta que estos cafés lleguen a oídos de todos los que estén dispuesto a pagar por un café de más que despertará la mañana del que más lo necesite.

Los cafés pendientes son una donación anónima y altruista de los clientes. / Ángela Castillo.

Los cafés pendientes son una donación anónima y altruista de los clientes. / Ángela Castillo.

Estas obras de solidaridad cotidiana son un refugio para poder sobrellevar tiempos difíciles, como éstos. Algo que iniciara como un acto de felicidad dirigida, se ha convertido en un cálido e inesperado regalo que la sociedad se concede a sí misma.

El hombre cualquiera se levanta y se va, a su lado, cuando éste ya ha cruzado la puerta lateral hacia la calle Fuencarral, otro cliente paga su propio café con un billete de cinco euros y dice:“el resto me lo pones en cafés pendientes”. La pizarra se borra y marca una cifra cualquiera, suma de bondad anónima, quizá la única bondad que existe, y que se puede encontrar en algunos cafés de Madrid, como el Comercial, donde cada día se puede ver, escrito con tiza, una cifra parecida a la esperanza.

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6 Comments

  1. Ser solidario no cuesta tanto y gracias a este tipo de acciones se demuestra. Me parece muy buen reportaje, yo ya conocía la iniciativa de los cafés pendientes pero no la de los bocadillos y me parece genial. Muchísima gente todavía no lo sabe o algunos no se lo creen, por ello la labor que hacéis difundiéndolo es esencial.

  2. Muchas gracias Pilar!!! La verdad es que hacer reportajes así es todo un placer 🙂

  3. increible! me ha encantado la idea, la iniciativa, el articulo! comparto y aplico!

  4. Una iniciativa que honra a quien la creo y a quienes la lleven a cabo, muy buena idea y genial reportaje!

  5. Ya era hora de que surgiesen cosas nuevas. Una “cadena de favores” surmegida en pequeñas tazas de cafe!

  6. Ha vuelto la voz del presentador de Hablemos de Madrid!!!

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  1. variacion XXI | Diálogo + bocata = “Bokatas” - […] la mayoría de los grandes proyectos, este empezó con pequeñas ideas, y es que fueron 6 jóvenes voluntarios los…

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