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Gigantes de papel

Puede que si usted está pensando en comprar un libro, inmediatamente recuerde algunas cuantas tiendas de nombre conocido o piense en el centro comercial más próximo. Pero es posible que no opte por una pequeña librería de su calle o de su barrio. ¿Por qué motivo? A mucha gente le transmite más confianza el pensar en una cadena “famosa” de librerías porque consideran que tienen un catálogo y servicios más modernos, y unos establecimientos más llamativos en lugares muy concurridos. Este prejuicio deja en muy mala posición en el mercado a pequeñas tiendas de libros, que, sumando este factor a la existente crisis del papel, se ven abocadas a cerrar su negocio. Variación XXI echa un vistazo al interior de estas tiendas para poder entender cómo se sobrevive ante un gigante de la industria en los tiempos que corren.

Es un sábado por la mañana. Callejeando por el centro de Madrid, llegamos a una librería. Es un pequeño local, con luz cálida y abundante y amplio escaparate. Posters adornan las paredes y la decoración es moderna. Nos disponemos a hablar con Nuria Esteban, la dueña y única empleada de la librería Las Letras.

Nuestra primera pregunta está directamente relacionada con la tecnología: ¿cómo han afectado los libros electrónicos a las librerías? “El libro electrónico no está haciendo daño. La gente que quiere comprar libros de papel sigue comprando libros de papel. Paga más o menos. Pero sigue comprando libros.” Añade que el libro electrónico es más usado por la gente a la hora de viajar, pero que en casa siempre sigue habiendo libros de verdad.

Continuamos preguntando una cuestión clave en cualquier negocio. ¿Cómo ha afectado a la clientela de su librería este fenómeno? “Nuestra librería es una librería de paso. Viene mucha gente de fuera. Es una zona muy comercial en la que hay muchos hoteles y muchas pensiones por lo tanto, nosotros seguimos teniendo mucho público extranjero.”

Nuria sin embargo dice que no sabe cómo ha afectado esto específicamente al resto de librerías, pero que hay un hecho a destacar. La gente compra menos libros grandes y hay más demanda de libro de bolsillo.Y es a esto a lo que se han tenido que amoldar.

El negocio está cambiando

Tener que adaptarse a nuevas exigencias es un factor importante, por eso preguntamos qué piensa Nuria sobre el futuro de su negocio, si modificaría algo. ”El negocio está cambiando”, nos contesta. “Están empezando a aparecer nuevas librerías con unas actividades completamente distintas (…) O dan cafés, o hacen tertulias… se están haciendo otras cosas.” Además, reflexiona que es posible que el libro llegue a desaparecer, igual que han desaparecido profesiones a lo largo de la historia, pero que no es algo que, espera, vaya a pasar a corto plazo.

Nos ponemos en el supuesto de que si el negocio siguiera yendo bien, ¿sería posible abrir otro local? ¿Es algo rentable para una librería pequeña? Nuria comenta que en la situación actual es algo imposible. “Bastante es que conseguimos salir adelante. Y sobrevivir. No se consigue más con una librería, con una librería no te haces rico. Puedes vivir, nada más.” De todas formas, Nuria mantiene una actitud positiva y comenta que en lo que se intenta centrar el negocio es en asesorar bien al cliente en su propia tienda, más que entrar en un proyecto de expansión de su librería. “Que tengan un asesoramiento que las grandes librerías no hacen. Eso es lo único que tenemos bueno o distinto.”

Ya que hablamos de las diferencias con respecto a las grandes librerías, ¿hay alguna actividad en estas pequeñas librerías que se realice para fomentar la lectura y que esas grandes superficies no hagan? Nuria nos contesta que fomentar la lectura es muy difícil, ya que es algo que tiene que venir de las bases. En todo caso se puede intentar que, por ejemplo, un niño lea a través de un cómic, para comenzar con algo más visual. Pero resalta que ahí entra el asesoramiento, que si hay padres interesados en que sus hijos lean, se puede empezar por obras relacionadas con los temas que más le llamen la atención. “Si al niño lo que le interesa es el mundo gótico, podemos intentar meterle algo de Edgar Allan Poe.” Aunque también plantea el fomento de la lectura a partir de la forma de ser del niño o del adolescente.

Poster Librería Las Letras

Poster colgado en la librería Las Letras, en la calle Hortaleza de Madrid / Cristina Sánchez

De modo que volvemos al tema de ese asesoramiento que las grandes librerías parece que no dan de la misma manera que las pequeñas. “A lo mejor la gente que trabaja allí es muy cualificada, pero trabajan sólo unas horas, es un período muy corto. No te asesoran bien. Nosotros podemos permitirnos el lujo de hablar con el cliente, de charlar, de que nos cuenten su vida, para decirles que esto o lo otro les vendrá mejor o no…”

Nuria concluye que lo que salva a las librerías hoy en día es precisamente el factor del asesoramiento y el conseguir la fidelidad del cliente. Preguntamos también si existe algún tipo de oferta mejor en lo relativo a precios en las pequeñas librerías. En este caso, explica Nuria que la librería en sí no puede poner precios, ya que son las editoriales quienes marcan el precio y que son ellos quienes hacen las ofertas. “El problema que tenemos con las grandes librerías es un problema que habría que resolver con el Estado. Porque las grandes librerías hacen unos descuentos que nosotros no nos podemos permitir. Entonces no podemos competir con ellos.”

Finalmente preguntamos sobre el producto en sí: los libros. ¿Hay diferencias en la oferta del catálogo respecto a grandes librerías? En su opinión, no la hay. Cree, aparte, que las grandes editoriales deberían mandar los libros nuevos en primer lugar a las pequeñas librerías y después a las grandes superficies. “Las grandes librerías son las primeras en tener las novedades y a nosotros nos llegan con bastante tiempo de retraso. Días, a veces meses. Pero depende del libro que sea. El beneficio lo tienen ellos. Eso debería estar legislado de algún modo. Para que las pequeñas librerías no tuviéramos que cerrar o no se hubieran cerrado tantas.”

Gigantes de Papel

Portada del reportaje ‘Gigantes de Papel’ de Variación XXI

A pocos pasos de la librería de Nuria, encontramos una aún más escondida en un recoveco de la calle Hortaleza. Esta segunda es aún más pequeña. La iluminación es mucho más tenue. Libros con tapa desgastada se acumulan en estanterías viejas. Una escalera de madera se apoya en una de ellas. Comenzamos a conversar con la dependienta¡ y una de los dueños de la Librería Pérez Galdós, Nieves Cuevas.

Su respuesta es mucho más directa en la primera pregunta, sobre los libros electrónicos y la crisis del papel. “Ha afectado el número de ventas. Hay mucha gente que opta por comprar libros digitales en vez de libros de papel, aunque afortunadamente hay lectores a los que les sigue gustando tener un libro en las manos”, comenta, mientras sujeta uno de esos mundos de papel.

Nieves nos relata que, respecto a una diferencia de clientela de unos años a la actualidad , la gente joven ha disminuido muchísimo del porcentaje que aparecía en las librerías.

La diferenciación es la clave

La librería parece bastante más antigua que la anterior, así como sus libros, de modo que preguntamos sobre su oferta de libros. ¿Qué diferencias tienen ellos con una gran superficie? “Procuramos ser distintos”, apunta Nieves. “Nos hemos especializado en libro antiguo, primeras ediciones, libros desaparecidos, descatalogados, y mucho de Guerra Civil, Segunda Guerra Mundial… hay que especializarse.” El ser diferente es una clave para esta librería, pero, ¿qué se espera de cara al futuro? A esto Nieves contesta que mientras se tengan ofertas únicas, siempre se encontrará a un cliente que las busca.

Las grandes diferencias que esta pequeña tienda tienen respecto a una gran librería se sustentan en tres puntos fundamentales. En primer lugar, en una cadena de librerías, cuando no tienen un libro, según Nieves, no lo tienen y el cliente ahí se queda, mientras que una librería pequeña intentará conseguir ese libro. “A veces hemos tardado un año y medio en conseguir un libro. Y lo hemos traído de Nueva Delhi. Pero al final, el libro aparece. Y si el libro es un pergamino del 1500, en una gran librería no hay lugar.” En segundo lugar, el trato con los clientes es mucho más cercano. “Yo tengo mis clientes. También es cierto que esto es una librería cerca de Gran Vía y hay mucho turismo. Pero incluso los turistas acaban siendo clientes, porque cuando vuelven, vuelven a la librería. Y en una gran librería hay muchos dependientes con turnos y no hay un trato personal. No existe.”

Interior Librería Pérez Galdós

Interior de la librería Pérez Galdós en la calle Hortaleza de Madrid / Cristina Sánchez

Podemos concluir que las tiendas de libros no pertenecientes a una gran cadena por lo pronto se mantienen a flote gracias a, potencialmente, el trato cercano que ofrecen a sus clientes. Además, añadimos a este factor que está en su mano tener una oferta única, ya que la competencia directa ofreciendo el mismo producto es casi imposible. El ejemplo que todos conocemos, La Casa del Libro de la editorial Espasa Calpe, es una cadena de librerías perteneciente al Grupo Planeta. Actualmente cuenta con “nueve librerías físicas y una online”, como dicen en su página web oficial. Esta cadena cuenta con un total de 1.800 distribuidores, 1.300.000 títulos en su catálogo nacional y 3 millones en el internacional. No hay librería pequeña que pueda hacer frente a esto. Muchas no cuentan ni con la mitad de ese catálogo y mucho menos con distribuidores.

Es la elección del consumidor dónde comprar, pero al fin y al cabo, si lo que se quiere es evitar que por la crisis del papel y la huida de clientes a otros locales, cierren, es recomendable apostar por estas pequeñas tiendas. Porque su cierre puede significar el dejar de obtener un tipo de producto difícil de conseguir, como pueden ser esos libros descatalogados o muy viejos. Un tipo de producto que una gran superficie no ofrece, y que una biblioteca municipal puede que no tenga. Y al contrario que estos pequeños empresarios, no harán un esfuerzo para encontrarlos.

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