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La otra cara del deporte

Cada competición es un nuevo reto, un nuevo objetivo marcado en el camino para alcanzar los sueños y brillar junto a los mejores en los Juegos Olímpicos una vez se cumple el ciclo de cuatro años que son las Olimpiadas. Sin embargo, pertenecer a la élite de sus respectivas disciplinas no es el único reto al que se enfrentan estos deportistas. Abandonar sus hogares, hacer frente a problemas económicos, las lesiones, los planes de futuro… Son la verdadera prueba que deben superar cada día los jóvenes españoles que quieren triunfar en el deporte a base de disciplina, dedicación y perseverancia.

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Arquera durante su entrenamiento / Alberto Rodríguez

La vida en la residencia

Toda historia conlleva un gran el cual gran parte de la población ignora. Para los deportistas de élite en España, la mayoría de estos sueños comienzan con rehacer su vida en residencias de alto rendimiento en donde poder explotar todas sus cualidades. Estas residencias son conocidas como CAR (Centros de Alto Rendimiento) o CAER (Centros Especializados de Alto Rendimiento). Ambos son instalaciones estatales y/o autonómicas cuya finalidad es la de mejorar el rendimiento deportivo de los deportistas de alto nivel, ofrecerles las mejores condiciones de entrenamiento y atención a las necesidades de las Federaciones Deportivas Españolas.

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Entrenador apoyado en el potro / Alberto Rodríguez

Estos centros cuentan con sus propias instalaciones: comedor que ofrece pensión completa a todos sus deportistas, biblioteca, salas de informática… Poseen un servicio medico 24 horas, en donde podemos encontrar una amplia gama de ramas dentro de la medicina, dando especial importancia a la fisioterapia y a la psicología. Además, cuentan con zonas dedicadas a la enseñanza, tanto a la obligatoria como al bachillerato en sus tres modalidades. Admiten un régimen de estudio a distancia e incluso ofrecen módulos de grado medio y superior en Animación de Actividades Físicas y Deportivas o Explotación de Sistemas Informativos entre otros.

La vida diaria dentro de uno de estos centros está regida por reglas y horarios. El entrenamiento, tanto físico como técnico, ocupa gran parte del día a todos los jóvenes que viven en estos centros. En función del año, la intensidad y el tiempo de ejercicio varían. En año olímpico, los entrenamientos se acentúan con sesiones de mañana cercanas a las 5 horas y practicas por la tarde de un intervalo similar. En un año convencional, los horarios no son tan estrictos, dejando algo más de tiempo libre que gran parte de los atletas emplean en sus estudios. Cada institución tiene sus reglas, pero por lo general, en todas hay al menos un día de descanso para los deportistas.

Ayudas del Estado

Dejando a un lado a las leyendas de las olimpiadas y los enormes beneficios de sus contratos publicitarios, la realidad del deportista es bastante más dura ya que la preparación de un olímpico implica una dedicación plena al entrenamiento y una remuneración que está está lejos de las cifras astronómicas que encontramos en el fútbol. Aunque hay excepciones de deportistas que compaginan el entrenamiento con un trabajo remunerado, como es el caso de Saul Craviotto, la realidad es que la mayoría de deportistas profesionales viven gracias a las becas, principalmente la ADO.

El Programa ADO ofrece ayudas económicas a los deportistas y sus entrenadores, y está financiado principalmente por las subvenciones del Consejo Superior de Deportes. La mencionada beca se compone de tres grupos diferenciadas por el deporte que se practica, ya sea individual, por parejas o en equipo. En el caso de Sofía Toro, deportista de vela, con este programa obtuvo dos años de beca por el oro conseguido en los Juegos de Londres.

Ligado a los resultados obtenidos en los Juegos, el Comité Olímpico Español (COE) ofrece una prima o incentivo por la consecución de medalla. De este modo, por la medalla de oro se paga 94.000 euros, por la de plata 48.000 euros y por la de bronce de 30.000 euros. Estos incentivos no han cambiado respecto a los anteriores Juegos Olímpicos y varían dependiendo de si se entregan a deportistas de disciplinas en equipo o por parejas.

No obstante, estas ayudas dependen de los resultados deportivos, y una lesión alejaría al deportista de la alta competición impidiéndole obtener un rendimiento adecuado y, por ende, sin una compensación económica. Sin embargo, El Plan ADO ya tiene un hermano menor, el programa Podium, creado por el COE y Telefónica, y que becará a 80 deportistas de hasta 23 años. De esta forma cada deportista recibirá 1.400 euros brutos mensuales. No haber sido aún olímpico, tener menos de 23 años y no estar ya en el Plan ADO son los requisitos que deben cumplir los becarios de Podium.

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J.I. Rodríguez durante su entrenamiento / Alberto Rodríguez

Audiencia JJOO

Hablar de audiencias en el deporte se refiere, obligatoriamente, a dos de los eventos más importantes históricamente en este ámbito: los Mundiales de fútbol y los Juegos Olímpicos. Ningún otro evento deportivo se puede comparar a estos dos ya que su popularidad y alcance mediático es inmenso. Brasil fue el último país que albergó los dos eventos y con una diferencia de dos años, lo que le convirtió en la capital del deporte en dos momentos del año

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Soporte de arco con pegatina de los JJOO de Rio 2016 / Alberto Rodríguez

Por un lado, el Mundial de futbol de 2014 llegó a los 3.200 millones de espectadores siendo la final el momento más visto con 1.000 millones de personas; y, por otro lado, los Juegos Olímpicos de Río 2016 alcanzaron una audiencia mundial de 5.000 millones de personas, siendo retransmitidos en 200 países y en más de 500 cadenas.

Viendo los anteriores datos, el ganador son duda los Juegos, pero hay que tener en cuenta que el Mundial solo alberga un deporte, al contrario que el otro evento. Un deporte, el futbol, que llena las pantallas del mundo año tras año y eclipsa mediáticamente y popularmente los demás deportes. En España el futbol es el deporte rey, seguido de otros como el tenis, el baloncesto o el motor, que dejan de lado otras disciplinas que solo tienen importancia para la audiencia cuando se celebran en año de Juegos Olímpicos. Comparar una final de Champions League con un mundial o europeo de un deporte olímpico, a nivel de audiencia es ridículo. A raíz de esto, muchos deportistas olímpicos sienten que sus deportes se convierten en minoritarios y no tienen el merecido trato que les corresponde. Es por ello, «la batalla por su cuenta», como es el caso de Néstor Abad, gimnasta olímpico, que sirviéndose de las redes sociales llega a la gente mostrando contenido constante de su disciplina y consiguiendo una buena respuesta por parte de la audiencia (13.000 seguidores en Instagram).

Con respecto a las redes sociales, estas han significado una importante herramienta para la difusión de información sobre los Juegos Olímpicos de Río 2016. Facebook publicó que 277 millones de personas han realizado 1.500 millones de interacciones relacionadas con este evento; y desde Twitter añaden que se han enviado más de 187 millones de tweets, que generaron 75 billones de impresiones.

Existe vida después del deporte

Todos los deportistas olímpicos son los héroes cada cuatro años. Lamentablemente, con el paso del tiempo, muchos de ellos pierden la fama y notoriedad de la que disfrutaron durante ciertos lapsos de sus vidas. Detrás de cada historia de superación existe una persona con unos problemas tan cotidianos como los de cualquier otra alejada de los focos mediáticos.

La triste realidad, es que incluso ser el mejor del mundo en determinados deportes, no es suficiente para ganarse la vida. A algunos de ellos llegar a lo más alto dentro de su disciplina les ha permitido seguir disfrutando de su pasión desde otros ámbitos de la vida, una vez que ponen punto y final a su carrera. Gervasio Deferr, triple medallista olímpico en tres juegos olímpicos distintos, actualmente sirve como instructor en el CAR de Sant Cugat, lugar al que lleva ligado casi 25 años, y en donde actualmente entrena a jóvenes promesas de la gimnasia artística española.

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Gimnasta durante su entrenamiento / Alberto Rodríguez

Mariví Gonzalez, guardameta del equipo de hockey hierba, ganó una medalla de oro en Barcelona 92. Ella misma declaró en una entrevista con el diario La Vanguardia que hasta su consagración como medallista olímpica, tenía ciertos problemas económicos pues cobraba 100.000 pesetas o hasta menos, dependiendo de cada mes. Mariví fue una de las primeras atletas en beneficiarse de las becas ADO; esta y a una prima especial de la Caixa le han servido como colchón económico para mantenerla ligada al deporte, su pasión. Actualmente es entrenadora y gestora deportiva en el Club de Campo de Madrid.

Otros muchos no han tenido la misma suerte, o simplemente han decidido tomar caminos lejos del deporte que tantas alegrías le dio en su momento. Miguel Noguer se alzó con la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Moscú de 1980. Su triunfo abrió la veda a una extensa tradición de triunfos logrados por España en la categoría de vela. Actualmente, con 60 años recién cumplidos, el catalán ejerce como odontólogo en su ciudad natal. Saúl Craviotto, doble medallista olímpico, es uno de los beneficiados de las becas ADO pero tiene que compaginar el deporte con su trabajo como policía en Lleida. Almudena Cid, gimnasta rítmica que llegó a competir en cuatro ediciones de los Juegos Olímpicos, ha encontrado su vocación en el teatro. Joel González, oro en taekwondo, empieza a construir su futuro tras completar sus estudios de criminología y prevención de riesgos.

Como ellos, podemos encontrar cientos de ejemplos de deportistas olímpicos que tras besar la gloria han buscado el sustento económico lejos del deporte.

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