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Asesinadas por ser mujer

Dijeron basta. Por ellas y por todas las mujeres. Son 890 las asesinadas -mientras escribíamos estas líneas, han sido asesinadas dos mujeres- a manos de su pareja desde que se aprobó la Ley de Medidas de Protección integral contra la Violencia de Género en 2004. Una cifra imposible de controlar de manera exacta, pues los feminicidios que van más allá del vínculo sentimental la ley no lo contempla. Del mismo modo, el número cambia día tras día en continuo crecimiento. Los hombres no paran de arrebatarles sus vidas.

Ante esta realidad, la Asociación gallega Ve La Luz quiso poner fin a esta oscura historia teñida de sangre. El pasado 9 de febrero se plantaron en la emblemática Puerta de Sol y ocho mujeres se declararon en huelga de hambre. Sus intenciones, claras: denunciar el maltrato y obligar al Gobierno a «asumir la violencia machista como una cuestión de Estado». Con bajas obligadas y mucha atención mediática –pero poca movilización ciudadana- aguantaron casi un mes, hasta el 7 de marzo. Habían logrado su objetivo de ser escuchadas. Formarían parte de la subcomisión creada en el seno de la Comisión de Igualdad a una nueva ley contra la violencia machista. La presidenta de la asociación, Gloria Vázquez, que asistió a la primera reunión del grupo de trabajo en el Congreso de los Diputados el pasado 30 de marzo, ha instado a los distintos partidos a «optimizar» los presupuestos al considerar que no se puede mantener un sistema que está lejos de proteger y amparar a las víctimas.

Y tienen razón. En 2016, el presupuesto para la prevención integral de la violencia machista fue un 26% menor a la de 2010, pasando de los 34,3 millones de euros a los 25,2. Una cantidad insuficiente que, lamentablemente, están en sintonía con la poca preocupación del país en este tipo de terrorismo. Porque si atendemos al último CIS del mes de marzo, tan solo un 3,4 % mostraba alguna preocupación por la violencia contra la mujer.

Desde 2010, 161 menores se han quedado huérfanos

Datos difíciles de asimilar y que merecerían ser analizados. Encontrar el porqué de esa despreocupación cuando los datos lo evidencian. Porque, además, no debemos quedarnos en la superficie. Como si de un glaciar se tratase, los asesinatos no son más que la punta de lo que vemos, pero debajo hay toda una práctica de anulación hacia la mujer. Y luego, están los hijos. Nadie habla de ellos, de los menores que se quedan huérfanos porque un padre que nunca lo fue les arrebató a su madre. Solo en lo que llevamos de año, 8 niños y niñas se han quedado huérfanos. Desde 2010, 161. Y no serán los últimos si no se pone fin.

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Performance frente al Congreso de los Diputados / ©EduRobayna

Una ley con buena base pero muchas lagunas

Actualmente, quien se encarga de regular esta situación es la antes mencionada Ley de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de Género. Aprobada hace más de una década, define violencia de género como «aquella que comete el hombre sobre la mujer con la que mantiene o ha mantenido una relación de pareja». Esta última parte, la clave. En aquel entonces se entendió sólo la violencia contra la mujer como un asunto entre parejas o exparejas, dejando fuera los crímenes cometidos por un padre, un hermano o cualquier otro hombre con el que no tuviera o haya tenido una relación amorosa.

Una de las últimas modificaciones de esta ley se produjo en 2015, cuando los hijos pasaron a ser también víctimas. Por lo tanto, incorporados los menores, el debate está desde entonces en sumar o no a las mujeres víctimas fuera del ámbito de la pareja. Una discusión que no debería existir. Por lógica y por ley. Ya que España ratificó en 2014 el convenio de Estambul, donde se comprometía a incluir como violencia de género formas ahora exentas (agresiones sexuales, mutilación genital, etc.).

Es por ello que muchas reclaman una nueva definición que englobe cualquier tipo de maltrato, ya sea físico o psicológico. En este sentido se muestra Sara, estudiante y activista feminista perteneciente al colectivo Olympias, de la facultad de Ciencias de la Información en la Universidad Complutense de Madrid.

«Cualquier situación en que una mujer se siente amedrentada es una actitud machista que debe ser eliminada».

En este tipo de definiciones, por tanto, no sólo contemplan la violencia física y psicológica entre parejas o exparejas, sino también conocidos, familiares e incluso desconocidos. En España, la apertura a nuevos tipos de agresiones más allá de las ejercidas por los compañeros sentimentales, dio pie a un aumento enorme de víctimas de violencia de género. Desde 2009, año en el que el Ministerio del Interior desglosó las estadísticas de agresiones sexuales debido a seguir los protocolos de la Unión Europea, se han producido más de 8200 violaciones con penetración -y continúan subiendo-, según recoge Europa Press. Estas violaciones se encuentran con la problemática, además, de no sólo ser perpetradas por desconocidos, como suele creerse en el imaginario popular, cuando, sino la mayoría de ocasiones por los compañeros sentimentales, o incluso familiares o conocidos de la víctima. Esto no sólo ocurre en el ámbito sexual, sino también con agresiones físicas. Además, otras víctimas de violencia de género a las ahora se incluye como afectadas y han hecho subir las cifras son las prostitutas (31 asesinadas entre 2010 y 2015) y las víctimas de trata.

La violencia hacia la mujer se sustenta en una diferencia de poder, de creencia del agresor que se considera superior a ellas y busca deshumanizarlas por ser del género contrario. «Al agresor, en vez de llevarle a programas de enseñanza (porque nadie nace siendo agresor, sino que se aprende a serlo), se le mete en la cárcel, en un ambiente hostil que le genera una rabia que manifiesta hacia otros hombres con las mujeres por creerlas inferiores», afirma Sara, en referencia a la importancia de la educación, a lo que asegura que «creo en la influencia de las mayorías. Cuanta más gente deje de tolerar algún tipo de agresión, será mejor. Cuando hay gente educada que señala esas actitudes, el agresor se lo piensa antes de hacerlo. Gracias a la influencia de las mayorías, es cuando conseguiremos unas sociedad más justa».

La cuna del machismo

La violencia machista no es algo que aparece de un día para otro. Por eso, desde Variación XXI hemos preguntado a la profesora Asunción Bernárdez Rodal, especializada en estudios feministas y de género,  y que además ha formado parte de la comisión de expertas para la violencia de género en los medios de comunicación del Ministerio de Igualdad. «Las relaciones de poder que siguen existiendo hoy en día entre los sexos, y eso solo se pueden cambiar desde la educación» nos asegura la profesora.

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El iceberg como metáfora de la violencia de género / Amnistía Internacional

Al preguntarle por el alto índice de asesinatos machistas de los últimos años, nos contesta: «Los asesinatos son la punta de un iceberg, es la parte más visible de una violencia que está por debajo». Y vuelve a insistir: «La igualdad no se aprende de una manera intuitiva. Desde que nacemos, hay muchos medios que nos separan entre hombres y mujeres, y nos están atribuyendo unas cualidades distintas o un distinto acceso a los recursos del mundo, y eso nos separa muchísimo. ¿Y cómo cambiarlo? Pues desde los propios juguetes que se utilizan, los tipos de  actividades que se practican en los colegios, que se dé una asignatura de hogar pero que sea para ambos sexos, en igualdad, un reparto por igual». De esta forma es como poco a poco se van creando hombres machistas, indirectamente se les hace ver que son superiores, y que las mujeres son simples objetos que deben ocuparse del ámbito privado. «Porque a los hombres nunca se les dice que tienen que aprender a cocinar, cuidar a los niños, hacer una serie de tareas que tienen que ver con la supervivencia de los seres humanos y por eso en muchas casas siguen siendo las madres y las hermanas las que hacen las tareas del hogar» declaraba Asunción Bernárdez.

«El problema está en la sociedad»

Se tiende a pensar que cuando hablamos de educación solo nos referimos a la que recibimos por parte de nuestros padres o en el colegio, pero la profesora, Asunción Bernárdez, nos afirma: «Cuando digo que el problema está en la educación, no me refiero solo a que está en los colegios o en las casas, me refiero a la educación que recibimos en general, la de nuestros padres y profesores, pero también la de los medios de comunicación, el cine, la publicidad, etcétera. Hoy en día los medios son un instrumento fundamental de adoctrinamiento, y no solo son los medios convencionales, ahora también tenemos el potencial de las nuevas tecnologías, que son muy importantes».

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One Comment

  1. Urge un pacto de Estado. La cifra de mujeres no para de aumentar. Y mientras, en los nuevos presupuestos, menos dinero aún para la prevención de la violencia machista.

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