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periodismo de calidad en internet

Las bicicletas no sólo son para el verano

Aquí y ahora. En esta época de inmediatez en el que el que las redes sociales han dejado sin sentido a los conceptos de tiempo y espacio, todos los sectores de nuestra sociedad se ven abocados a distintos cambios. En el espectro económico es necesario reinventarse para llegar a un público mucho más cambiante y exigente. El mundo de la restauración ha encontrado en el reparto a domicilio una baza que la diferencia de otros negocios. Puede que aún queden unos años para que recibamos nuestra comida ‘por el aire’ gracias a los drones, pero hemos visto cómo, en plena era de desarrollo tecnológico, las bicicletas se han convertido en el método de reparto de comida de las principales capitales.

Más allá de motivos generacionales y retrocesos a la infancia, el uso de la bicicleta tiene mucho que hablar con terminología más económica como son la ‘gig economy’ o ‘economía colaborativa’. Numerosas multinacionales nacidas en Europa se han expandido gracias al uso de internet y a la creación de aplicaciones para smartphones. La nueva economía que se desarrolla gracias a las revolución 3.0 favorece la creación de nuevas empresas sin las trabas que había antes.

Sin embargo, siempre se ha demostrado cómo cualquier avance, de la tipología que sea, no siempre hace ganar a todo el mundo. En Variación XXI, nos preguntamos quién gana y quién pierde con el reparto en bicicleta y cómo podría evolucionar este tipo de servicio.

Bicicletas reparto comida domicilio

Bicicletas de los repartidores / Javier de Frutos

Triunfo para consumidores y restaurantes

En el sector de la restauración, Uber, Just Eat o Deliveroo permiten hacer pedidos de forma rápida y sencilla, desde casi cualquier lugar ya que están conectadas con una gran red de establecimientos de comida. Sin necesidad de gastar un solo céntimo en la producción, surgen como mediadores entre el restaurante y el cliente. En España también ha surgido una empresa de este tipo, Glovo. Pese a haber nacido hace poco tiempo su crecimiento demuestra el alza de este tipo de empresas de reparto. Glovo surgió en Barcelona, pero ya se ha expandido a otras siete ciudades como Madrid o Zaragoza. Pero, ¿por qué la bicicleta?

El reparto en bicicleta ofrece un modo rápido, barato y ecológico que, además, atrae a trabajadores jóvenes, que buscan una forma de ganar dinero con otras actividades. Este tipo de transporte está despuntando en las grandes ciudades, donde el enorme número de automóviles genera tasas de contaminación elevadas. Los consumidores también destacan la rapidez que ofrece este servicio, mucho más que con otros métodos convencionales como moto o coche.

Los restaurantes y espacios de alimentación que utilizan sus servicios consiguen ‘desvincularse’ de la tarea del reparto gracias a estas empresas. Por medio de un datáfono o TPV reciben los pedidos y marcan el tiempo de espera necesario. Su carta no tiene que subir ni un sólo euro de precio ni es necesario contratar a un nuevo trabajador. A restaurantes pequeños les otorga una visibilidad comparable a grandes superficies. Para la dueña de Granjero busca campero -un bar malagueño ‘exportado’ al barrio de Chueca– «la aplicación nos permite que la gente nos vea y conozca nuestro producto». A las cadenas de comida rápida, como VIPS o Sumo, les permite un descenso de gastos antes utilizados en contratar servicios de reparto internos.

Dentro de todos los motivos que podemos analizar para el desarrollo de esta actividad vemos que el respeto al medio ambiente es uno de los últimos motivos que se nombran. En Madrid, el exceso de NOx -óxido de nitrógeno- y las restricciones al tráfico, favorecen la aparición de este tipo de servicios en bicicleta. El número de atascos que se evitan hacen ganar en tiempo a los clientes.  A pesar de que el ecologismo es uno de las principales motivos que justifican las empresas de esta tipología, parece ser lo último en lo que pensamos al hablar de las ventajas que ofrece.  

Los grandes perdedores

Si todos los espectros que hemos estudiado del reparto de comida a domicilio salen ganando con esta realidad, ¿qué actor es el más perjudicado por esta realidad? Hemos hablado de restaurantes, multinacionales, economía cooperativa y clientela habitual. Parece que, en esta nueva realidad, ya no se habla del actor central. Aquel repartidor que, con su bicicleta y mochila con logo corporativo, pedalea con fuerza entre coches y humo para que la comida llegue al cliente lo más caliente y rápido posible.

Este tipo de trabajadores no forman parte de la plantilla interna de las multinacionales como Deliveroo o Uber que, simplemente, se dedica a organizar a una serie de autónomos. “Flexibilidad”, “interacción”, “dinero rápido”. ¿Convenio laboral? Para comprender esta situación hay que tener en cuenta las condiciones asociadas a estos puestos. Los repartidores de empresas como Deliveroo o Glovo no cuentan con una jornada de tiempo fijo, sino que eligen el número de pedidos de los que se harán cargo y cobrarán según el trabajo realizado.

Pegatinas Just Eat Uber Deliberoo globo

Pegatinas de servicios de reparto / Javier de Frutos

Para la idea de repartidor en bicicleta joven que se quiere sacar un dinero extra, no parece que eso pueda incurrir en ninguna molestia pero ¿qué ocurre cuando  no hay ningún tipo de convenio laboral que regule tu actividad? Este tipo de contrato deja desprotegidos a los trabajadores frente a posibles problemas físicos y riesgos tanto personales como del vehículo que se utilice, obviamente pagado por el propio repartidor. En un trabajo eminentemente físico, esto puede traer consigo numerosos problemas de salud sin una solución clara.

El régimen de trabajadores autónomos es algo bastante natural para ciertos trabajos, pero ¿es completamente necesario en este caso? Las grandes multinacionales como Glovo, Uber o Deliveroo asocian la autonomía a “libertad” cuando esta les da numerosos beneficios económicos y bastante menos responsabilidades. ¿Por qué no dan el paso de contratar como plantilla a los trabajadores en los que se basa la mayor parte de su trabajo? No parece fácil encontrar respuesta a esta pregunta. Glovo, por ejemplo, rehusó de dar comentarios a Variación XXI sobre su actividad, llegando incluso a citarnos en una dirección errónea.

La dificultad de que este trabajo resulte económicamente viable también parece otro de sus problemas. La tipología que piden las empresas son, principalmente, estudiantes jóvenes que quieran sacar unos ahorros. ¿Cuántos pedidos hacen falta para llegar a cubrir un sueldo mínimo con el que sobrevivir? Ni siquiera te pueden asegurar una cifra concreta y, hablando con repartidores que prefieren no revelar su nombre, “depende muchísimo de las propinas y resulta casi imposible vivir sólo de eso”. Así que se limitan a ver cómo, ese trabajo ideal según los anuncios de contratación, se convierte en un mero apoyo económico.

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El reparto de comida, de Spiderman a la comida voladora

Peter Parker utilizaba su poder para poder repartir pizzas a mayor velocidad y, de paso, enamorar a Mary Jane. Mientras trabajaba de fotógrafo, estudiaba y salvaba su ciudad, nos cedió la imagen de aquel chico despistado que trabajaba un viernes por la noche sirviendo la cena de fin de semana a los demás chicos de su edad. La figura de repartidor siempre nos evoca a jóvenes héroes anónimos que compaginan su carrera con un trabajo mal remunerado para tener un pequeño alivio económico. Ahora montan en bicicleta por Tribunal adentrándose en las distintas calles de Madrid, Londres o Nueva York. La esencia puede ser la misma pero ¿qué ocurrirá en un futuro?

Amazon ya ha comenzado a ofrecer servicio de compra a domicilio en tiempos exprés y muchos sitúan a los ‘drones’ como el futuro de reparto. Y, quizás, no nos resulta tan extraño porque Spiderman sobrevolaba rascacielos con varias cajas de pizza en la mano. Pero sí es paradójico que en esta economía colaborativa cada vez se necesiten menos trabajadores.

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One Comment

  1. A mi me parece que este en un modo asequible que beneficia tanto al consumidor como a la empresa y que crea puestos de trabajo. En mi caso lo usamos mucho y debería expandirse a más ciudades.

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