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Alternativas a la industria alimenticia

Como es bien sabido, utilizamos la palabra industria para referirnos al conjunto de operaciones que suceden desde la obtención de una materia prima hasta su transformación en producto final, es decir, hasta estar listo para ser puesto a disposición del mercado con el fin de obtener beneficios con su comercialización. Dicho esto, sería pecar de ingenuo el no darse cuenta de que la mayor de estas infraestructuras industriales es la alimenticia, que tiene un puesto asegurado en el mercado por una razón muy simple: comer y nutrirse son funciones que el ser humano debe llevar a cabo obligatoriamente, hasta el día de su muerte.

Hasta aquí todo parece un jardín lleno de rosas, pero no hay que olvidar que las rosas también tienen espinas; la finalidad de la industria alimenticia no es nutrirnos, ese es el objetivo secundario. Su fin principal no es otro que hacer que compremos sus productos, y más importante aún, conseguir que esa adquisición mercantil se haga duradera en el tiempo. Antes el mal de todo lo eran las grasas y la industria empezó a bombardear con productos que carecían de ellas. La industria alimenticia se adapta a la sociedad y la sociedad a la industria. Es una relación recíproca. «Es una negocio, primero quieren dinero y después te alimentan», comenta el doctor y nutricionista Rafael Martínez.

Alternativas a la industria

Lo único que separa a Rafa del frío suelo son unas chancletas de pocos milímetros de grosor. Su melena azotada de canas, debido a su edad, al contrario que su cuerpo que se conserva en plana forma, deja entrever que pasa los cuarenta. Nunca nos habíamos visto en persona, y aún así, nos saluda como si nos conociéramos de toda la vida; un apretón de manos muy cálido y una sonrisa cargada de emociones positivas definen el encuentro. Nos sentamos en una pequeña mesa, en pleno paseo de Madrid Río y Rafa comienza a soltar prenda.  Nos cuenta que se sube a los árboles que coge rocas y las lanza y que ha venido en chanclas por cortesía, ya que su día a día sucede descalzo. Defiende un movimiento real y una alimentación basada, también, en comida real.

Paleo, dieta, alimentos, nutrición.

Principales alimentos que podemos encontrar en la paleodieta.

Tras recuperarse milagrosamente de un accidente de moto, del que los médicos le habían dado 24 horas de vida, él se planteó muchas cosas: «Yo experimenté con todo tipo de comida y lo que yo he entendido desde mi formación de químico es que hay cosas que van bien para la fisiología celular y hay otras que no van tan bien; no te matan, pero no van bien. Entendí que tenía que comer, moverme y aprender de una manera no tradicional si quería recuperarme».

Interesados, seguimos interrogando a Rafa que cuenta que él es paleo. El paleo, es un estilo de vida nutricional (no le gusta la idea de llamarlo dieta) bastante novedoso que «se basa en evitar productos procesados, refinados, azúcares, refrescos, edulcorantes… e intentar dar una alternativa natural», nos comenta. Según él, hay que intentar comer y nutrirnos con los medios más naturales que estén a nuestra disposición  y lo perfecto, aunque casi imposible en la práctica, sería comer pescado recién cogido en aguas escocesas a las tres de la madrugada; aún así «hay que intentar consumir productos locales sin despilfarro energético y con una preparación básica y simple que respete el sabor original de los alimentos», argumenta.

Al escuchar sobre despilfarro energético entramos de lleno en materia; preguntamos a Rafa sobre la industria que envuelve a los alimentos y ante esto se muestra muy tajante: «a la industria le interesa que estés enfermo y enganchado a su producto», nos cuenta mientras argumenta que existen industrias asociadas a la alimenticia que te venden la cura. En este lobby de favores entre empresas, la mejor cura es una buena alimentación «ahí es donde entra la comida, que debería ser nuestra mejor medicina», concluye Rafa.


Y, entonces ¿de dónde sacas la proteína? «Si me dieran un euro por cada vez que me han hecho esa pregunta no tendría que trabajar de cocinera», contesta Olaia Caro entre risas.

Esta asturiana de 26 años dejó de consumir carne hace ocho años y hace más de cinco que no compra ni ingiere ningún producto de origen animal. Y es que un remedio desesperado contra el acné se convirtió en un nuevo estilo de vida.

Se trata de un sector de la población que dentro de su alimentación excluye la carne, los huevos, los lácteos y la miel a la vez que boicotea cualquier forma de explotación animal en todos los sentidos. Los veganos analizan las contradicciones que presenta una industria alimenticia que insiste en consumir ciertos alimentos y sus repercusiones sobre la salud, la explotación ganadera y el medio ambiente. Algunos lo entienden como un estilo de vida más coherente.

A Olaia se le abrieron los ojos cuando abandonó el hábito del vaso diario de leche y su piel comenzó a mejorar. «El resto vino solo», asegura la cocinera. «Comencé a plantearme qué otros alimentos estaban afectando a mi salud y a cuestionarme por qué los consumía».

¿Salud, ética animal o medio ambiente? La cumbre del clima de París acogió por primera vez la agricultura animal en diciembre de 2015. Para sorpresa de muchos, se mostró ambición por mitigar, más allá de las emisiones nocivas tradicionales, los gases de efecto invernadero alternativos.  No es de extrañar si consideramos que la industria de explotación de animales provoca actualmente al menos el 51 % de todas las emisiones de dichos gases.

Veganismo, gases invernadero, contaminación

Gráfico de gases de efecto invernadero/ ONG Environmental Working Group.

En 2009 la organización ecologista World Watch Institute (WWI) llevó a cabo un estudio donde analizaba los datos recogidos por la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura. Mundialmente conocida como FAO, imputaba al ganado 7.516 millones de toneladas anuales de CO2, una cantidad establecida al sumar las emisiones de gases de efecto invernadero provocados por deforestar la tierra para pastorear el ganado, cultivar piensos, mantener los animales y procesar y transportar el producto final para el consumo.

«Ni si quiera el tráfico se acerca a la contaminación provocada por la industria ganadera. Si se empleara el mismo terreno deforestado en cultivos para el tercer mundo la situación sería muy diferente, pero no interesa», lamenta Olaia. Y es que, para más inri, debemos añadir el consumo de recursos hídricos. Entre una población exponencial con unos derrochadores hábitos de consumo, la ganadería y la pesca comercial las secuelas son claras: según la FAO para el 2050 habrá escasez de agua en varias zonas del mundo que amenazará los medios de subsistencia. «Las duchas cortas no acabarán con esta crisis», bromea con sorna la cocinera.

Conclusión médica

El doctor Rafael Martínez nos recibe en su consulta.  Nos cuenta que si tuviera que decantarse por cualquiera de las dos alternativas que proponemos, se decantaría por la paleo, pero que ninguno de los modelos alimenticios es una alternativa 100% saludable.

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Dr. Rafael Martínez/ Guillermo Latorre.

El veganismo es una alternativa adecuada si se elige por motivos éticos, pero nunca se puede defender a la persona que lleve este tipo de vida por motivos de salud.  La dieta vegana carece de proteínas de alto valor biológico presentes en las carnes, huevo y algunos pescados. También se presenta un déficit de hierro (muy presente en carnes rojas), zinc, B12 y Omega 3. Además, es obligatoria la suplementación externa.  Aún así, es una dieta alta en vitaminas y fibra.

La Paleodieta produce menos déficits porque es más variada pero lleva a problemas por exceso de proteínas de origen animal, es decir, de grasas saturadas, por lo que cardiovascularmente no es una dieta positiva. Ateroesclerosis, hipercolesterolemia o lipemias son algunos de los problemas que puede provocar seguir este tipo de alimentación de manera estricta.

La mejor dieta según la mayoría de los estudios es la Mediterránea, donde aparecen muchos productos que no se encuentran en las otras. Es la que más longevidad aporta. «Si tuviera, que escoger una, por su simplicidad y facilidad a la hora de mejorarla, elegiría la Paleo añadiéndole cambios.” Con esa última afirmación dejamos la consulta del doctor.

La industria es un camaleón

«Donde dije digo, digo diego».  Esta máxima es claramente representativa de la filosofía de la industria alimenticia del siglo XXI que trata de seducir al consumidor como si de un juego de tira y afloja se tratase. Por un lado, pizzas, pasteles y demás comida basura y, por otro, conceptos saludables como zero o light patrocinan los envases de sus productos.

«Se puede deducir que las grandes empresas se aprovechan de las lagunas legales o presionan. Intentan manipular estudios y ahora se tiende a poner porcentajes: ponen leyes tipo, <<no se puede pasar en este alimento de más del 20% de grasas trans>> por lo que todas las marcas ponen el 19% y, de esta manera, legalizan el veneno. Todo esto es porque estas grasas son muy baratas». Así nos relata el nutricionista su visión del lobby empresarial que envuelve una de las acciones más primarias del ser humano, nutrirnos.

El medico concluyó su intervención en su consulta con una pequeña reflexión. «La industria sería favorable para la salud si todo el mundo estuviera formado nutricionalmente. Es una utopía, lo que hay que hacer es reeducar, de manera que no haya demanda de productos perjudiciales y así no se vendan».

Paleo o veganismo, ninguno tiene la fórmula de la dieta perfecta, pero no son malas opciones  si hablamos de intentar cuidar nuestra salud teniendo en cuenta las dificultades que nos ofrece la industria alimenticia actual para llevar un estilo de vida saludable. Si queremos disfrutar de una salud plena es fundamental domar nuestros hábitos nutricionales,  ya que tal función es uno de los tres pilares básicos ligados a un correcto estilo de vida, junto con el entrenamiento y el descanso adecuados para poder sacar lo mejor de nosotros.

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One Comment

  1. Interesante

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