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Al estilo de ‘Her’: enamorados de una máquina

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Fotografía promocional de la película ‘Her’, dirigida por Spike Jonze en 2013.

Her (2013) es una película de Spike Jonze donde su protagonista, Theodore, se siente sólo tras haber pasado por un divorcio y decide descargar un sistema operativo informático basado en un modelo de inteligencia artificial que busca satisfacer las necesidades erótico-afectivas de sus usuarios.

Nada más lejos de la realidad, en Japón ya existe mucha gente que tiene una relación virtual, un fenómeno que está llegando hasta un extremo que se ha planteado la necesidad de legislar al respecto. Invisible Boyfriend o Invisible Girlfriend, en funcionamiento desde enero de 2015, son algunas de las aplicaciones más famosas y que durante su primer año consiguieron medio millón de visitantes en sus webs provenientes de más de 100 países diferentes.

«Una persona que descarga estas aplicaciones busca facilidad, poder elegir a su pareja y diseñarla a su gusto sin moverse de su cama, lo que hay detrás de esto es la dificultad de encontrar pareja por los métodos convencionales», ha explicado a VARIACIÓN XXI Francesc Núñez, sociólogo de la Universidad Abierta de Cataluña. Este tipo de aplicaciones permiten disfrutar de forma virtual de lo que supone tener una relación real.

Según explican expertos en sociología y psicología, estas relaciones artificiales son posibles debido a que los humanos modernos han desarrollado un uso muy potente de la imaginación, es decir, la producción de fantasía tiene el poder de producir emociones.

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Estos son los pasos que siguen páginas como ‘Invisible Boyfriend/Girlfriend’ para establecer una relación virtual con los usuarios.

«Proyectan como sería su relación y recrean todas sus fantasías. Las emociones que generan son las mismas, lo que siente la persona en esa comunicación virtual es lo mismo que siente en la comunicación real», ha asegurado Núñez.

Tener una pareja virtual puede resultar para muchos difícil de creer debido a que es intangible, no obstante, los diseñadores de los sistemas operativos cada vez las humanizan más permitiendo que los interesados puedan designar el aspecto físico, la voz o la personalidad de su compañero o compañera digital.

Asimismo, es posible que la misma inteligencia artificial pueda conocer los gustos y el carácter del usuario. Algunas de estas aplicaciones se nutren de la información de las cuentas de Facebook, búsquedas en Google o incluso de Spotify de los usuarios ya que trabajan con un sistema de aprendizaje autónomo (machine learning). “Pueden recomendarte una canción o recordarte que hace días que no llamas a tu madre, actuarán como lo haría cualquier pareja», ha resaltado Núñez.

Muchos tachan este nuevo fenómeno de ciencia ficción, y no van mal encaminados, ya que este género ha acogido en diversas ocasiones historias que profundizaban en el supuesto de un romance entre un humano y una inteligencia artificial. Películas como la ya mencionada Her (2013), Blade Runner (1982) El hombre bicentenario (1999) han explorado a través del cine esto.

Incapacidad de relación social

Los expertos sugieren que el perfil de los usuarios es plural, no sólo son personas que se sienten solas sino que también hay gente que prueba y termina quedándose ya que no tiene ningún coste. Sin embargo, coinciden en que en muchas ocasiones son individuos que, por factores como pueden ser el narcisismo o la falta de empatía, tienen dificultades para mantener una relación real donde entran en juego el consenso y el diálogo.

Estos recursos emocionales son, en un primer momento, un beneficio porque cumplen una función de suplencia y se convierten en una vía de salida para aquellos que sufren presión social por el hecho de no tener pareja, pero como asegura Mireia Cabero, psicóloga de la Universidad Abierta de Cataluña, suponen un autoengaño.

Francesc Núñez sostiene que las aplicaciones y las webs están alentando a buscar parejas al gusto y que para los individuos modernos cada vez es más difícil entablar una relación de consenso con un igual porque las personas son más exigentes y consumidores a la carta.

«Esto genera peligros porque pueden producir en los usuarios la incapacidad de asumir tratos con otros, en el fondo estas herramientas se caracterizan por la ausencia de interacción social y reducen la capacidad para relacionarse», ha alertado Núñez.

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