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El día a día de un policía novato

Pase de lista

«Dudé entre opositar para los bomberos o para la policía, pero el tener familiares miembros del cuerpo de policía me ayudó a decantarme», con esta aclaración acompañamos a nuestro protagonista de hoy entre la puerta de la comisaría de Villa de Vallecas y la sala donde cada día, a las tres de la tarde, se pasa lista.

Tras la asignación de compañero, de zona dentro del distrito y de medio de transporte –coche en nuestro caso-, comenzó una corta visita por la comisaría; después haría más tiempo para profundizar en ella. Recogieron la notificación judicial que les tocaría entregar y partimos hacia el Colegio Torrevilano, donde tendrían que supervisar la salida de los niños.

Aprovechamos el viaje en coche patrulla para dialogar con él sobre la academia de policía, lugar donde, hace menos de un año, se formó. «En mi promoción nos presentamos en torno a 6.100 personas para 160 plazas, hacía casi seis años que no salía una convocatoria en Madrid, fue una gran oportunidad». «A parte de la lotería de la prueba psicotécnica, que es el escalón menos objetivo que hay que subir, las pruebas físicas son fáciles de pasar, pero es complicado tener una gran calificación».

Algo antes de las cinco de la tarde, hora de salida para los niños de primaria, nos situamos junto a él y su compañero en la puerta del colegio. Todo tranquilo y sin incidencias. «Realmente nuestro trabajo está sobredimensionado en la televisión y en el cine, la gente cree que todos los días estamos a tiros, pero para nada es así», nos explicaba.

Tras esto, ya que la vivienda donde debían entregar la notificación judicial estaba cerca, fuimos a pie hasta ella. «La academia fue disciplina, dedicación y compromiso», «nos llegaron a amonestar a todos por tener algunos la cama mal hecha, otros por tener las toallas mal colocadas y, a mí, por tener mal colocada una estantería que siquiera tenía libros»; así resumió su paso por la academia de policía.

Una vez realizaron este encargo pusimos rumbo a un parque, ya que, según nos contaron, uno de los puntos prioritarios del gobierno vigente es reforzar la vigilancia y seguridad en los puntos verdes.

«Durante las prácticas, que las inicié con una idea principalmente teórica, trabajé en cuatro unidades distintas; hasta que no estás dentro no te haces una idea real de lo que es ser policía». «No elegí Vallecas como primera opción, pero ha sido un acierto ya que donde mejor me desenvuelvo es en la calle, y aquí es mi principal tarea».

«Una vez nos integramos los catorce nuevos policías redujimos la edad media de la unidad de 45 a 36 años; ese era el principal objetivo de las plazas ofertadas». «Nuestros compañeros más veteranos nos ayudaron mucho a integrarnos».

Poco después de iniciar nuestra charla por el parque, muy cerca del mirador que hay en el Parque Ensanche, nuestro protagonista y su compañero pararon para intervenir a dos ciudadanos por su extraña actividad. Tras un cuidadoso cacheo y ninguna incidencia de por medio, continuamos nuestro camino.

«Lo más común en este destino son las intervenciones, las inspecciones a comercios –bares, restaurantes…-, la asistencia al ciudadano, algo de tráfico y, sobre todo, la seguridad ciudadana».

Descanso en comisaría

A las siete de la tarde tuvieron el descanso, «nos dan una hora libre a lo largo del turno, unos la aprovechan para merendar, otros para hacer deporte… y otros para relajarse».

El sentarnos nos facilitó la tarea de centrarnos en su primer año como miembro del cuerpo. «Mi familia, de tradición policial, se sintió muy orgullosa cuando decidí unirme al cuerpo». «Ser policía no ha cambiado mi forma de ser, pero sí me ha ayudado a comprender realidades sociales que el ciudadano de a pie no está acostumbrado a ver». «Aquí en Vallecas, la policía es el enemigo. Aunque tu labor sea ayudar al ciudadano y hacer cumplir las normas, la gente te mira mal; es complicado».

«Este primer año, además de experiencia, me ha dado muchas cosas positivas; ha aumentado aún más mis ganas de ser policía».

Pudimos dar una vuelta más por la comisaría de Villa de Vallecas, la cual, según nos cuentan los que pasan allí los días, necesita mejoras. «El cambio de la uniformidad fue un gran paso, pero a nivel logístico hay mucho por mejorar. Vivimos en una unidad antigua, estropeada, de materiales prefabricados de rápido desgaste».

Coche policía local II

Coche patrulla de la policía local de Madrid / Equipo 11

Fin de ruta

Las dos horas restantes las pasamos en el coche, haciendo labores de seguridad vial. «Es curioso la forma en la que te ve la gente. Si vas con el «secreta» la gente te pita, se salta semáforos, aparca donde quiera… en cambio, si ven el coche patrulla, ya puedes ir a diez kilómetros por hora en la autopista, que nadie te va a adelantar» nos contaban entre risas.

Cuando le preguntamos por alguna anécdota impactante miró a su compañero dudando si contarla o no. Finalmente se abrieron. «Fue en La Cañada. En un control de seguridad interceptamos medio kilo de cocaína en un vehículo –más de 25.000 euros en droga-. Tras requisarla, tuvimos que salir a toda prisa de allí; nos perseguía toda la mafia de La Cañada con armas. Pasamos miedo, fue duro, pero por suerte no hubo ningún herido». «Es lo que tiene este trabajo, cada día es diferente».

Más allá de las nueve de la noche, el compañero de nuestro protagonista detectó un coche con movimientos algo imprudentes. Decidieron detenerlo y hacerle una prueba de alcoholemia.

Tras realizarle la prueba y dar positivo, nos avisaron de que este podría ser el punto y final de nuestro día con ellos, ya que muy seguramente, según el protocolo de actuación, tendrían que llevarse detenido al conductor.

Exprimimos entonces nuestros últimos minutos con él mientras la grúa venía a retirar el coche del conductor ebrio. «Si realmente estás interesado en ser policía por convertirte en funcionario y tener un sueldo fijo, El Cuerpo no es tu lugar. Sin vocación es un trabajo muy complicado de desempeñar, hay que disfrutar de este trabajo. Tenemos situaciones difíciles y desagradables que no todos pueden sobrellevar».

 

Agradecidos por nuestra visita, los dos aún noveles policías se despidieron de nosotros para regresar a comisaría. Fue, sin duda, un día tranquilo para ellos.

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