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Dos catalanes y un mismo destino

Se acerca el fin del año 2017, en cuyo recuerdo quedan grandes acontecimientos para la historia que nunca olvidaremos: en la retina quedan las portadas nacionales de todo el mundo anunciando la inesperada llegada de Donald Trump a la Casa Blanca; los horrorosos atentados del ISIS; el triste fallecimiento de Chiquito de la Calzada, ese pecador que esperemos Dios guarde en su gloria… Pero por encima de todo, 2017 será recordado en España como el año del desafío independentista en Cataluña. El año del procés catalán que tanto ha abarcado y que tanto ha dividido. Por el camino queda medio Govern exiliado en Bélgica, un futuro incierto y una sociedad enfrentada que, se quiera o no, es el peor de los legados que deja este pasaje.

La mayoría, a estas alturas, hemos leído, escuchado y debatido acerca de este tema, pero, ¿sabemos lo que han vivido y lo que opinan los catalanes que, por motivos de fuerza mayor, residen fuera de Cataluña? ¿Qué hay de esos catalanes anónimos y de la calle que, en muchos casos, conforman el barómetro más fiable con el que opinar?

Para este reportaje y con el objetivo de dotar de mayor perspectiva al cuadro de la crisis catalana, hemos decidido contactar con dos estudiantes catalanes en Madrid para conocer de primera mano cómo viven esta situación. Ellos son Irene Lara y Lluís Arienzo.

Pero ¿por qué consideramos desde VariaciónXXI que estos dos estudiantes reflejan a la perfección lo que sucede en Cataluña?

Para entenderlo nos remontaremos al pasado. Irene Lara Rull comparte con la historia de Cataluña sus apellidos. La Casa de Lara es un linaje de noble abolengo originario del Reino de Castilla Medieval, que participó activamente en la vida política durante los siglos XI y XII. Es entonces, en plena Edad Media, cuando conocemos ya con el nombre de Catalunya a las lindes que encerraban los territorios del Conde de Barcelona y es también entonces cuando el latín ya había evolucionado al catalán en ese dominio. A principios de siglo XII, este Conde contraería matrimonio con la Reina de Aragón, naciendo de esa unión dinástica la Corona de Aragón. Tres siglos más tarde, en 1469, se casarían en secreto una tal Isabel y un tal Fernando, más conocidos como los Reyes Católicos, de cuyo enlace quedarían unidos los reinos de Aragón y Castilla, conformando así un mapa similar al territorio español de la actualidad.

El apellido de Lluís Arienzo también toma parte relevante en esta historia. Un siglo más tarde de los Reyes Católicos, reinaría Felipe II, quien creó el título nobiliario del Marquesado de Arienzo. Fue con él que Madrid se convirtió en la capital del Imperio, descartando Barcelona para dicho papel. Cuentan los historiadores que en Barcelona, tras la Batalla de los Comuneros, Felipe II no gozaba de tanto apoyo y que en otros lugares propuestos para ser capital, como Toledo o Sevilla, no le convenía al monarca instaurarla por ser centros económicos o religiosos –marcados por la presencia de un obispado–, lo que dejaba a la corona a merced de otros poderes. Resulta que uno cuando habla de Gobierno Central hoy, en cierto modo está irradiando un eco terminológico de más de cinco siglos.

Estos dos alumnos han dado su opinión sobre la situación que se está viviendo en Cataluña estos últimos meses y que durará, como mínimo, hasta el 21 de diciembredía de las elecciones catalanas-, pero no hemos profundizado aún en lo que sienten ellos como personas, estando en Madrid, lejos de todo lo que está sucediendo en su tierra.

Todo lo que ha estado y está ocurriendo es muy importante -y grave- tanto para Cataluña, como para España, como también para Europa, que se hacen eco de ello. No solo afecta a los catalanes, a los que vivan allí o a los que tengan familia allí (aunque, evidentemente, en ellos tenga más peso), sino que nos afecta a todos en mayor o menor medida.

Nuestros entrevistados no solo están viviendo esta situación en primera persona, sino que, cuando parece que puede evadirse un poco de este tema, pensar en otras cosas, se dan cuenta de que no pueden. Al ser estudiantes de periodismo, es raro encontrar una clase en la que no se hable del proceso catalán, que no se estudie, en la que no manden algún trabajo sobre ello, etc. Aunque 500 kilómetros separen la comunidad autónoma catalana de la capital de España, estos dos alumnos tienen la sensación de que solo hay unos cortos pasos entre un lugar y otro. Ya no solo por lo relacionado con la universidad, sino por todos los amigos y familiares que tienen allí, que continuamente hablan y publican en las redes sociales cosas relacionadas con este asunto.

Afecta a España como país y como conjunto de personas, y es por ello por lo que a nadie le pasa desapercibido, ya que todos sabemos la importancia de lo que está ocurriendo.

La mayoría de los españoles estamos a la espera de ver qué va a ocurrir ese 21 de diciembre en las elecciones al Parlamento de Cataluña. Lluís e Irene, aunque tengan opiniones distintas y uno le dé más importancia a unas cosas y otra a cosas distintas, no pueden negar que este proceso que empezó hace unos meses puede cambiar el futuro tanto de su comunidad natal, como de su país.

El día después de la DUI

Carles Puigdemont / elperiodico.com

El día que Carles Puigdemont, su gobierno y los grupos parlamentarios que le apoyaban aprobaron la declaración unilateral de independencia, ni Lluís ni Irene sintieron alegría. El primero se debatía entre la sorpresa y la incredulidad y la segunda asegura que solo logró identificar el sentimiento de pena.

¿Por qué? Quizás porque se veía venir lo que luego ocurriría: la aplicación del artículo 155 de la Constitución Española.

Los más cautos sabían que la cosa no acabaría ahí. Si Lluís tenía motivos para sentir sorpresa, al día siguiente le dieron aún más. El presidente de la Generalitat, Puigdemont, y algunos de sus compañeros se habían marchado en secreto a Bruselas, sabiendo que su libertad estaba amenazada, pues podrían acusarles de una serie de delitos contra la Constitución y el Estado de derecho.

A la par, la Fiscalía llevaba a cabo la detención de algunos de los exconsellers que habían dirigido el procés y la juez Lamela los encarcelaba como medida cautelar, alegando riesgo de fuga debido a la marcha de Puigdemont. La pena que Irene aseguraba sentir está más que justificada, pues el resultado de la DUI es este: una Cataluña dividida con sus dirigentes en la cárcel o exiliados fuera de España.

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Manifestantes del Referéndum de Cataluña / Fuente: La Vanguardia

Consecuencias económicas

Irene asegura haber temido por la situación de su familia, amigos y demás seres queridos que viven en Cataluña, pero, ¿tiene realmente motivos para temer por su seguridad? Pues lo cierto es que sí. Nuestra entrevistada asegura que subirían los impuestos, habría que empezar de nuevo y la República Independiente sería muy cara para sus habitantes. No obstante, las consecuencias serían mucho peores. La entidad bancaria Credit Suisse asegura que una Cataluña independiente perdería el 20% de su PIB. Además, tampoco podrían acceder a las ayudas económicas que proporciona el BCE ni a los Fondos Estructurales y de Inversión de la UE, que ha asignado más de 1.400 millones de euros a percibir entre 2014 y 2020 y quedarían en el limbo. Los 7,5 millones de personas que habitan en Cataluña no podrían hacer frente por sí solos a semejante pérdida de capital. Y todo hace pensar que la quiebra del nuevo país sería inevitable.

Todo ello sin contar el dinero que el Estado español también aporta a la región catalana para pagar sus servicios públicos. Para más inri, y suponiendo que serían los catalanes los que pagasen los costes de la nueva República, Societat Civil Catalana asegura que, tras una hipotética declaración de independencia, se destruirían más de 447.000 puestos de trabajo, el 16% de la ocupación. Si los catalanes no tienen empleo, ¿con qué dinero podrían financiar el nacimiento del nuevo país? Es una de las tantas incógnitas que quedan por resolver.

 

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