La emancipación perdida: la compra y el alquiler asfixian a una generación

Anuncio de la venta de una casa en una agencia inmobiliaria/Europa Press
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La precariedad laboral y el aumento de los precios de la vivienda han convertido la independencia en algo inalcanzable para los jóvenes españoles
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La dificultad para independizarse retrasa la maternidad, impulsa la migración juvenil y agrava la salud mental de los jóvenes
A día de hoy, poder independizarse va más allá de cobrar dos sueldos, de ahorrar 700 euros al mes o de renunciar a unas vacaciones con amigos. Y los millennials lo saben. La población española se encuentra en estado crítico: tienen entre 30 y 35 años y todavía comparten techo con sus padres. Algunos lo asocian a la falta de estudios, a la falta de perspectiva a largo plazo… pero, ¿y si te dijeran que estas personas van de trabajo en trabajo con la ilusión de algún día poder referirse a una vivienda como propia?
Según los datos del INE extraídos de un artículo de ABC de, el salario medio en España de los jóvenes entre 30 y 34 años en el año 2023 fue de 25.200 euros brutos al año, lo equivalente a 1.400 euros al mes. De primeras, esta cifra puede parecer más que suficiente para pagar una hipoteca o un alquiler, pero la realidad es que si tenemos en cuenta los precios de los alquileres en España, vemos que en el caso de alquilar un piso de 80 metros cuadrados, la mitad de un sueldo medio iría destinado a la vivienda.
Comprar una casa, idea que hasta hace 10 años era viable para prácticamente toda la población, se ha convertido en un “artículo de lujo” para unos pocos. Los precios de venta y alquiler se han disparado, aunque los salarios crezcan cada año, siguen muy por debajo del coste real de acceder a una hipoteca. A esto se suman los duros requisitos bancarios, que exigen un ahorro equivalente al 30%, algo impensable para quienes apenas llegan a fin de mes.
En Madrid, el precio de la vivienda continúa batiendo sus récords y siendo el principal obstáculo de la población juvenil. Según los últimos datos del mercado, alquilar un piso de tres dormitorios supone un desembolso cercano a los 2.500 euros mensuales, mientras que uno de dos dormitorios supera los 2.000 euros. Una cifra que tensiona los presupuestos incluso cuando la capital recibe el salario más alto del país, tal y como recoge el último informe de Adecco. Sin embargo, esta situación resulta insostenible para hacer frente a unos costes de vivienda que crecen a un ritmo mucho mayor que los ingresos.
Valencia y la España vacía: una opción para muchos y un problema para otros
En Valencia, el alquiler medio de un piso de tres dormitorios ronda los 1.700 euros mensuales. Precios notablemente más bajos, lo que abre una ventana de acceso a la propiedad para quienes cuentan con ahorros limitados.
Estos datos reflejan la desigualdad creciente entre los grandes polos urbanos, cada vez más inaccesibles, y las ciudades medianas o pequeñas, donde todavía es posible plantearse la independencia sin que el salario quede absorbido casi en su totalidad por el pago de la vivienda. Cada vez más se va a ir acortando esta brecha de precios entre ciudades, ya que poco a poco van siendo más las que adquieren el nivel de industrialización necesario para poder alojar todo tipo de actividades. Esto deja de lado a los grandes afectados y, a la vez, gran olvidados de todos: los pueblos.
La España vacía no se puede considerar una opción de vivienda para los jóvenes ya que estas zonas no pueden asumir los roles de poder que otras zonas sí. Un pueblo aislado de Soria no puede proporcionar un salario y un puesto de trabajo equiparable al que Valencia, Madrid u otras ciudades puedan ofertar. Por ello, no solo cuentan con un problema de migración, sino también con un problema de recursos y de posicionamiento en la agenda actual.
Ante esta situación desesperante, la emancipación se retrasa cada vez más. En España la edad media para independizarse ya supera los 30 años, mientras que en otros países de Europa con apenas 26 años lo consiguen. La consecuencia de ello es evidente, todos aquellos que no consiguen ahorrar lo suficiente para poder llegar a un alquiler, se ven en la obligación de prolongar su estancia en casa de sus padres o buscar otras alternativas.

Un hombre observa los anuncios de venta de pisos en una inmobiliaria Miriam Chacón
¿Y por qué España?
Uno de los factores que retrasan la independización en nuestro país son los salarios. Los altos costes de la vivienda no serían un problema siempre y cuando los salarios pudieran permitir cubrir con esas necesidades y dejar margen para el resto de necesidades básicas.
Asimismo, otro factor a tener en cuenta es la subida tanto del precio del alquiler, como de la venta de una propiedad. En 2024, el precio del alquiler subió un 14% anual en comparación con 2023 y la venta de una propiedad aumentó un 7´5%.
Si nos fijamos en los datos de personas jóvenes independizadas en los países europeos podemos apreciar una gran diferencia de condiciones con España. Esto nos tiene que servir de reflexión acerca de porqué un país como España cuenta con una tasa de independencia tan baja en comparación con otros países. Obviamente los factores principales de diferenciación son los salarios y coste de vida en el país.
Si viajamos hasta Luxemburgo apreciamos que los alquileres oscilan entre los 1500 y 2000 euros. A diferencia de nuestro país, el sueldo medio es de 3800 euros netos al mes. Es una situación cómodamente sostenible para cualquier persona. Además, la calidad de vida en dicho país es potencialmente más alta. Otro país destacable es Suiza. Cuentan con un salario medio de 8700 euros, lo que les permite poder enfrentarse a cualquier tipo de alquiler. Estos oscilan entre los 1800 y 2400 euros mensuales. Permite una gran calidad de vida y una independencia necesaria para que los jóvenes puedan empezar a asentarse y formar un futuro estable. Futuro que cada año se retrasa más y más en España.

Inmobiliaria de San Sebastián de los Reyes
2008: la década que marcó un antes y un después
Echamos la vista una década atrás y vemos cómo independizarse no era un lujo inalcanzable, sino un paso más en la vida de miles de jóvenes con un plan de vida por delante. En 2013, el precio medio del alquiler rondaba los 7 euros por metro cuadrado, muy por debajo de los valores que encontramos hoy en día en muchas capitales. Comprar una casa también resultaba más sencillo, debido a que el coste medio por metro cuadrado no superaba los 1600 euros. Aunque la crisis económica de 2008 seguía haciendo estragos en la vida de los españoles, los jóvenes que conseguían trabajo, a su vez, encontraban alquileres proporcionales al salario, lo que permitía no destinar la totalidad del sueldo al pago de la vivienda, como nos encontramos hoy en día.
Este fue el año de inflexión en los precios de las viviendas, a partir de aquí nada fue igual. La burbuja inmobiliaria estalló y las construcciones de casas bajaron de manera notable. Esto se conoce como la crisis del ladrillo. Las casas empezaron a subir de precio por la falta de oferta, los salarios bajaron, los costes de vida subieron y las personas perdían poder adquisitivo. Nadie podía comprar, los bancos no daban hipotecas debido a los contratos de trabajo que las personas tenían, no podían garantizar la devolución de la deuda. Alquilar o comprar una vivienda se convirtió en un lujo al alcance de muy pocos y un negocio que muchos explotaron.
Hoy en día la situación ha mejorado, pero seguimos arrastrando las secuelas de aquella crisis y ahora son los jóvenes los que lo pagan. A los bancos les cuesta mucho liberar viviendas, que en su día obtuvieron, y el suelo cada vez está más caro, por lo que construir tampoco es una opción viable. Muchos de los jóvenes de nuestro país buscan otras vías como casas pre-fabricadas, que son un poco más baratas, o alojarse en barrios antiguos de las zonas más concurridas del país como Madrid o Barcelona.
Los precios en estas zonas son un poco más bajos que la media pero, aún así, la oferta es muy baja ya que se encuentran ocupados por la población de edades más avanzadas. Una de las opciones que surgieron en el transcurso de 2008 hasta 2020, más o menos, fue la periferia. Se empezó a expandir las grandes ciudades hacia las afueras y los precios establecidos en aquellas zonas eran más asequibles, ya que se alejaba del centro de producción de la ciudad y, por tanto, el desplazamiento hacia trabajos o zonas 0 era mayor. Esto fue una alternativa que se ha acabado de sobreexplotar y que ha alcanzado un precio muy similar al de los centros de las ciudades y, por ello, ha dejado de ser una alternativa a este gran problema social.

Un cartel que anuncia que se alquila una vivienda, en Madrid (España).Ricardo Rubio / EP
La cara oculta de la incapacidad de emanciparse
Esta situación no solo afecta al bolsillo, sino también a la vida social y emocional de toda una generación. Compartir techo con tu círculo cercano retrasa los planes de vida como construir una familia con tu pareja. ¿Cómo van a poder formar su propia familia sin tener ni un techo donde mantenerlos?
Todos se hacen esa pregunta, pero la respuesta es clara. En estas circunstancias, etapas de la vida como formar una familia o independizarse con tu pareja se ven atrasadas y este hecho afecta de manera directa a la salud mental de los jóvenes.
Un informe del Consejo de la Juventud de España y Oxfam Intermón del 2024 afirma que el factor que más afecta a nivel psicológico a los jóvenes de esta edad es el económico. Las cifras de ese año apuntan a que más del 55 % de los jóvenes españoles que sufren dificultades económicas tienen problemas de salud mental. La precariedad junto a una creciente incertidumbre sobre su futuro aumenta el riesgo de que padezcan afecciones de salud mental.
Asimismo, Alok Kanojua, psiquiatra especializado en salud mental juvenil, también conocido como Dr. K, sentenció que estamos ante un cambio estructural. Estudiar, graduarse y encontrar un trabajo estable eran los ingredientes vitales que los jóvenes de generaciones pasadas necesitaban para conseguir su anhelado objetivo. Pero hoy en día, esos pasos no son suficientes. Por ello, muchos se sienten atrapados y creen que van a llegar tarde a momentos clave de la vida, lo que termina traduciéndose en una pérdida de propósitos en los jóvenes y una disminución de la autoestima.
Obstáculos a la maternidad
Ante la incapacidad de emanciparse, la maternidad es una etapa que hoy en día corre un riesgo. Los treintañeros están en una etapa de la vida en la que no solo basta con vivir debajo de un techo, a esta edad se empieza a plantear un tema clave: la maternidad.
Luis Garvía Vega, doctor en finanzas por la Universidad Pontificia Comillas, nos explicó en una entrevista cómo afecta la falta de viviendas: ”El problema de la vivienda lo que consigue no es solo que sea un problema concreto asociado con la vivienda sino que se forman menos familias, los jóvenes tienen hijos cada vez más tarde y eso arrastra otros problemas demográficos como puede ser el de la sostenibilidad de las pensiones a 10, 20 años”.
El cambio es claro. Mientras que hace años lo normal era tener mínimo dos hijos, los datos revelan que la media de hijos por madre en España en el año 2023 fue de 1,12 hijos por mujer.
Migración como respuesta
Uno de los debates sociales en la actualidad es la migración de talento español. Nos preguntamos por qué los jóvenes españoles prefieren buscarse la vida en el extranjero antes que desempeñar sus estudios en nuestro país. Bien, el profesor Garvía nos dejó ver un punto de vista que puede dar explicación a este debate. “A los jóvenes se les trata muy mal, no se les cuida”. Esto respondió nuestro entrevistado quien, relacionándolo con el tema de la vivienda, nos dijo que la migración del talento y joven en España, además de los salarios como principal motivo, se explica por las condiciones que se los ofrece, entre las que se encuentra el factor de los altos precios en la compra y alquiler de propiedades.
Los jóvenes no cuentan con facilidades para el acceso a un alquiler o compra de un piso en España. Sin embargo, hay otros países que sí les aportan esas ayudas o que en su defecto les proporcionan un salario más elevado con el que poder hacer frente a esos gastos. Además, aquí no ven una posibilidad de progreso o de evolución en sus puestos, mientras que en países como EEUU o Suiza les hacen sentir más valorados y con más posibilidades de futuro que en España.
Una mirada hacia el futuro

Imagen de llaves con ventana de fondo
Todos nos hemos preguntado qué tenemos que hacer para que la emancipación a los treinta sea algo posible. Luis lo tiene claro: “para que la situación mejore tienen que construir viviendas.” Y para poder llevarlo a cabo, “debería haber un pacto de Estado para resolver este problema. Hoy por hoy veo difícil que haya un pacto de Estado cuando no tenemos ni presupuestos generales del Estado aprobados”.
El panorama de las viviendas en España necesita un cambio rápido y eficaz y, al menos, cuatro años para que las cifras, por primera vez después de mucho tiempo, empiecen a cambiar. “El problema es que en España contamos con gobiernos muy cortos, 4 años, y nadie quiere cumplir con este objetivo”, decía el experto en vivienda. Esto es un problema en el que alguien debería de parar, pensar y proponer una solución al respecto. El corto plazo de los gobiernos hace que problemas como la vivienda, entre otros, se pasen de legislatura en legislatura sin buscarles solución.
No se invierte tiempo en buscar posibles soluciones porque, además de su complejidad, requieren de varios años haciendo las casas de una forma correcta y yendo por un camino único que es muy difícil de sostener. Esta dificultad viene por la gran polarización que se encuentra en la sociedad española y que viene dada precisamente por los altos cargos del país, buscan de manera constante una división y un posicionamiento por parte de los individuos en todos los ámbitos. Esto no solo no ayuda a nadie sino que además retrasa y destruye todo el proceso de mejora que se haya podido alcanzar.
Por ello, actualmente no hay opciones para poner fin a ello ya que primero se necesitaría un compromiso por parte de los gobiernos para querer acabar con esto y dejar de lado sus intereses y, una vez conseguido eso, se podría especular de ciertas medidas regulatorias para que lentamente y de manera paulatina se busque la luz al final del túnel a un problema que es como una navaja de doble filo.
No sólo cada vez aumenta más la edad de emancipación de las personas y, por tanto, retrasa la edad de creación de familia, afectando de manera directa a la pirámide de población de nuestro país (con una edad media cada vez más elevada y un índice de natalidad muy bajo, además del nivel de gasto en consumo por parte de cada uno de los miembros de la unidad familiar que se ve repercutido en los niveles de PIB).
Poco a poco, se va reduciendo la edad de los afectados por esto, hasta que llegue un momento que, de manera lenta e inexorable, alcance a edades tempranas como los 20, lo que hace que tanto adultos como jóvenes se vean afectados por un único problema al que, a nivel político, se le está restando importancia.