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Luces y sombras del Erasmus+

Programa de intercambio Erasmus+

Programa de intercambio Erasmus+

Una experiencia inolvidable

Entre entusiasmo y obstáculos: lo que realmente es el Erasmus

 

¿Qué es el Erasmus?

Al menos una vez en nuestra vida hemos oído a alguien hablar de este programa de intercambio entre estudiantes universitarios, pero ¿Sabemos realmente de qué se trata y de dónde viene?

Erasmus+ es un programa fundado en 1987 por la Comisión Europea, cuyo objetivo es financiar programas de intercambio internacional. El acrónimo Erasmus significa European Region Action Scheme for the Mobility of University Students (ERASMUS), que en español se traduciría como ‘Plan de Acción de la Comunidad Europea para la Movilidad de Estudiantes Universitarios’. 

 

 

Erasmo da Rotterdam, humanista filósofo

Erasmo de Róterdam, humanista filósofo que viajó por diferentes universidades europeas para ampliar su conocimiento.

El nombre está inspirado en el estilo de vida de Erasmo de Róterdam, el humanista filósofo que viajó por diferentes universidades europeas con el fin de ampliar su conocimiento y sus experiencias.

Sofia Corradi, profesora universitaria

Sofia Corradi, la “madre” del Erasmus


El pasado 17 de octubre nos dejaba a los 91 años Sofia Corradi, la docente universitaria italiana que sentó las bases para el Erasmus, el programa más importante de estudios universitarios en la Unión Europea. 

Si desde hace más de 35 años millones de estudiantes pueden decidir estudiar en otras universidades europeas es, en gran medida, mérito de la determinación de Corradi, que, durante años, intentó hacer comprender la importancia de estudiar en el extranjero y la necesidad del reconocimiento de los exámenes realizados ahí. 

En 1969, en una reunión de la Asamblea General de Rectores de las Comunidades Europeas, cuyo objetivo era promover y facilitar la cooperación entre las universidades de los Estados miembros, Corradi presentó la primera idealización del plan que, posteriormente, dará lugar al programa Erasmus+ tal y como lo conocemos hoy en día.

La profesora italiana tomó esta decisión tras haber sido víctima de una falta de reconocimiento de las asignaturas que había cursado en la Universidad de Columbia, en Nueva York. De hecho, su universidad de origen se negó a convalidar los exámenes que había realizado en la universidad norteamericana, ya que consideraba que “los estudiantes que se iban al extranjero y volvían contaminaban la cultura del país”. 

Sofia Corradi, "madre" del Erasmus

Graduación de Sofia Corradi en la Columbia University en Nueva York, 1957

Fue solo a partir de 1981 que la Comisión Europea se puso a trabajar en el desarrollo de un programa piloto de intercambio de estudiantes y, el 1 de julio de 1987, el Programa Erasmus+ fue adoptado de manera oficial. Entre los principales objetivos que se proponía alcanzar el programa destacaban aumentar el número de estudiantes universitarios que cursaban estudios en otro Estado miembro; promover la cooperación entre las universidades europeas y reforzar las relaciones entre los ciudadanos de los diferentes Estados miembros.

El último aspecto es particularmente significativo, ya que durante ese año aún no había caído el Muro de Berlín y, a pesar de que la Segunda Guerra Mundial había terminado desde hace poco más de 40 años, Europa estaba marcada por fuertes tensiones internas. Resultaba necesario fomentar una mayor apertura mental a las distintas sociedades y culturas europeas para evitar que los distintos pueblos volviesen a odiarse y luchar entre sí. El programa Erasmus empezó a considerarse como el reflejo de lo que debía ser la nueva sociedad europea: una unión socio-cultural transnacional

Jóvenes manifestando a favor del Erasmus

Durante su primer año, un total de 3.244 estudiantes participaron en el Programa. Cada año eran más los estudiantes y los docentes que se beneficiaban del Erasmus+, tanto que el 5 de diciembre de 2003 se le sumó el programa similar llamado Erasmus Mundus, orientado a extender la educación europea más allá de las fronteras del continente.

Estados Miembros UE

Mapa de los posibles destinos del programa Erasmus+

¿En qué consiste el Programa Erasmus+ hoy en día? Los participantes pueden solicitar un intercambio de estudios en uno de los 27 países miembros de la Unión Europea. Asimismo, pueden escoger entre los cuatro países del Espacio Económico Europeo: Liechtenstein, Noruega, Islandia y Suiza. En función de la universidad de destino a la que se postule, la duración del Programa Erasmus+ puede variar entre un período de tres a doce meses.

El objetivo general del Programa es apoyar, a través del aprendizaje permanente, el desarrollo educativo, profesional y personal de las personas en los ámbitos de la educación, la formación, la juventud y el deporte a fin de contribuir al crecimiento sostenible, al empleo de calidad y a la cohesión social, además de a impulsar la innovación y a fortalecer la identidad europea y la ciudadanía activa. Por lo tanto, gracias a este Programa, los estudiantes de toda Europa tienen la oportunidad no solo de continuar sus estudios o hacer prácticas profesionales, sino también de experimentar cómo es vivir en un país extranjero.

En cuanto a los objetivos específicos, el Programa Erasmus+ quiere promover la movilidad para el aprendizaje formal e informal de las personas y los colectivos y la participación activa entre los jóvenes, así como la cooperación, la calidad, la inclusión, la creatividad y la innovación a nivel de las organizaciones y las políticas en la esfera de la juventud.

Representación artística del intercambio cultural

Una de las piedras angulares del proyecto europeo es, sin duda, el multilingüismo. De hecho, este representa un símbolo claro de las aspiraciones de la UE a la unidad en la diversidad porque las lenguas extranjeras desempeñan un papel destacado entre las capacidades que ayudarán a equipar mejor a las personas para el mercado de trabajo y a sacar el máximo provecho de las oportunidades disponibles.

La falta de competencias lingüísticas es una de las principales barreras a la participación en los programas europeos de educación, formación y juventud. Por lo tanto, las oportunidades creadas para ofrecer apoyo lingüístico tienen el objetivo de aumentar la eficiencia y la efectividad de la movilidad y a mejorar el funcionamiento del aprendizaje. 

¿Cómo se estructura la burocracia el Erasmus?

La experiencia Erasmus, como ya se ha dicho, se considera uno de los momentos más significativos de la trayectoria universitaria, y representa una oportunidad de crecimiento académico, lingüístico y personal. 

Las universidades que deciden formar parte de este proyecto y ofrecer oportunidades de movilidad a su estudiantado siguen unas pautas generales preestablecidas por la Unión Europea; sin embargo, cada facultad establece sus propias líneas guías y gestiona los trámites de distinta manera. 

Logo Oficina RR.II UCM

Logo de la Oficina RR.II UCM

La Universidad Complutense de Madrid (UCM) cuenta con varios departamentos y responsables que gestionan el programa Erasmus+, en particular:

  1. María del Rosario Cristóbal Roncero, coordinadora institucional quien desempeña el cargo de Vicerrectora de Relaciones Internacionales y Cooperación
  2. Juana Amorós, quien gestiona la Oficina de Programas Europeos / Oficina Erasmus 
  3. Para estudiantes entrantes (incoming) y salientes (outgoing) existen contactos específicos que se pueden encontrar en la página web de la Oficina de RR.II  https://www.ucm.es/contacto-rrii
  1. Además, cada facultad de la UCM tiene su propia oficina Erasmus/Movilidad con coordinadores locales. 

En el caso específico de la Facultad de Ciencias de la Información, el equipo de la Oficina de RR.II. está compuesto, principalmente, por la responsable de la Gestión Técnica, María Teresa García Fernández, y por la Vicedecana de Relaciones Internacionales, Economía y Empleabilidad, Carmen Salgado Santamaría. 

Oficina RR.II. UCM ccinfo

Logo de la Oficina de RR.II. de la Facultad de Ciencias de la Infomación

El número de alumnos de nuestra Facultad que solicitan una plaza Erasmus+ es cada año mayor, lo cual significa que el proyecto europeo puede seguir creciendo y desarrollándose.

Sin embargo, detrás del entusiasmo por la movilidad internacional, se esconde una compleja maquinaria burocrática que involucra a la universidad de origen y a la de acogida y que acompaña al estudiante en cada fase del programa: antes de la movilidad, durante la estancia y después del regreso.

Antes de la movilidad

El proceso comienza con la publicación de la convocatoria Erasmus, generalmente entre enero y abril de cada año. La convocatoria establece los requisitos de participación, los destinos disponibles, los criterios de selección y los plazos administrativos. Los estudiantes interesados deben presentar su candidatura, eligiendo las universidades asociadas en función de la compatibilidad de los cursos y rellenando la solicitud a través del portal de la universidad. En algunos casos, la selección puede incluir una entrevista motivacional o una prueba de idioma para evaluar la preparación del candidato.

Online Learning Agreement (OLA)

Online Learning Agreement (OLA)

Una vez superada la selección, el estudiante debe rellenar el Learning Agreement, un documento fundamental que enumera las asignaturas que se cursarán en el extranjero y su correspondencia con las previstas en su plan de estudios. El Learning Agreement, aprobado tanto por la universidad de origen como por la de acogida, garantiza el reconocimiento de los créditos formativos (ECTS) a la vuelta.

De los distintos procesos burocráticos, Relaciones Internacionales nos explica que lo más complicado para los estudiantes es la aprobación y firma de este mismo documento (el Learning Agreement https://www.ucm.es/ola). De hecho, en varias ocasiones, los alumnos outgoing / incoming tienen que presentarlo antes de saber el horario de organización docente, lo cual puede complicar la incorporación inmediata del alumno a las clases que le corresponden, ya que puede que estas se solapen con otras previamente seleccionadas.

Paralelamente a los certificados académicos, es necesario preparar una serie de documentos y seguros: documento de identidad o pasaporte en vigor, tarjeta sanitaria europea, visados y póliza de seguro de viaje. Muchas universidades también organizan sesiones de orientación para proporcionar información práctica y aclarar los aspectos burocráticos y logísticos de la movilidad.

Durante la estancia

A su llegada a la universidad de acogida, el estudiante debe completar su inscripción en la Oficina de Relaciones Internacionales, obtener su tarjeta de estudiante y entregar el certificado de llegada, documento indispensable para confirmar el inicio del período de estudios en el extranjero.

Durante la estancia, es posible realizar modificaciones en el Acuerdo de Estudios, por ejemplo, en caso de que algunos cursos no estén disponibles o se desee sustituirlos por otros más pertinentes. Estas modificaciones también deben ser aprobadas por ambas universidades, siguiendo un procedimiento formal.

El programa ofrece además un servicio de asistencia lingüística en línea (Online Linguistic Support – OLS), que permite a los estudiantes evaluar y mejorar sus competencias lingüísticas mediante pruebas y cursos personalizados.

En cuanto al aspecto económico, la beca Erasmus se abona generalmente en dos plazos: un primer anticipo, equivalente a un porcentaje del importe total, se abonará tras la entrega del certificado de llegada y la confirmación oficial del inicio del período de movilidad; el saldo final, por su parte, se abona al final de la estancia, una vez completados todos los trámites administrativos y entregados los documentos requeridos.

Después del regreso

Una vez de vuelta a su país, el estudiante debe entregar la certificación de los exámenes realizados en el extranjero, para que la universidad de origen pueda proceder al reconocimiento oficial de los créditos establecidos en el Learning Agreement. Este documento permite que se efectúe el pago final del saldo. 

A continuación, se redacta el informe final, en el que el participante describe su experiencia de movilidad, evaluando los aspectos académicos, organizativos y culturales.

¿Qué opinan los estudiantes Erasmus?

El programa Erasmus se ha convertido en una experiencia casi mítica dentro de la vida universitaria europea. Cada año, miles de estudiantes deciden dejar atrás su rutina, su idioma y su entorno familiar para vivir unos meses en otro país con todo lo que eso implica: ilusión, descubrimiento, pero también retos y momentos difíciles. 

En esta sección, queremos escuchar directamente la voz de los protagonistas. ¿Cómo viven los estudiantes su experiencia Erasmus? ¿Qué expectativas tenían antes de partir y cómo han cambiado después? A través de sus testimonios, trataremos de trazar una perspectiva general que refleje tanto las luces como las sombras de esta aventura académica y personal.

Sin duda, aparte del aspecto burocrático, tanto los estudiantes incoming como los outgoing consideran que otro aspecto complicado fue encontrar el alojamiento. A pesar de que las universidades adviertan que no proporcionan ayuda con este tema, algunos estudiantes nos comentan que es algo clave para su experiencia, ya que se trata de un aspecto que tienen que resolver por su cuenta. 

Otro problema recurrente concierne a la beca Erasmus+.  A cada alumno, dependiendo de la duración de la estancia y del país de destino, se le asigna una determinada cantidad de dinero mensual. El 80% de dicha cantidad se entregará tras haber enviado el certificado de llegada, mientras que el otro 20% llegará una vez finalizada la estancia. Sin embargo, los estudiantes lamentan los retrasos de la entrega del dinero, ya que, la m

Un día de clase en la VUB en Bruselas

ayoría de ellos, está obligada a cubrir los gastos por su cuenta en ese tiempo de espera. Como nos comenta Linda, estudiante italiana que hizo el Erasmus en la UCM, a parte de llegar tarde, el dinero de la beca no es suficiente para cubrir ni el alquiler ni siquiera los gastos de un mes.

Edificio de la facultad de Elena en Valencia

Al ser un programa de intercambio de estudio, las diferencias más evidentes que los estudiantes Erasmus+ pueden notar son las académicas entre su universidad de origen y la de destino. Irse de Erasmus no significa solo tener que estudiar en otro idioma, sino también, y sobre todo, acostumbrarse a nuevos métodos de estudio y evaluación que tal vez no son comunes en su universidad de origen.

La experiencia de Linda en la UCM la hizo reflexionar sobre la gran diferencia que existe entre el sistema universitario italiano y el español. De hecho, tal y como nos contó ella, en Italia el sistema escolar es mucho más

Linda con unas amigas en Madrid

esquemático y rígido, el profesor explica y el estudiante toma notas e interviene solo si algo no queda claro. En cambio, en España, las aulas son pequeñas en comparación y el profesor interactúa continuamente con los estudiantes. A pesar de sentirse más involucrada en la clase, Linda explica que, a veces, le parecía estar más en la secundaria que en la universidad y considera que puede ser difícil trabajar tan a menudo con otras personas porque es complicado encontrar un buen equilibrio entre todos. Elena, estudiante italiana Erasmus en la Politécnica de Valencia (UPV), explica que, gracias a esta experiencia, tuvo la oportunidad de conocer diferentes métodos de trabajo en equipo a los que no estaba acostumbrada en Italia. 

Elena durante una excursión con sus nuevas amigas

A la hora de preguntarles por los aspectos positivos que les dejó su experiencia Erasmus, las tres coinciden en que, gracias a esta oportunidad de movilidad, pudieron conocer a gente nueva de todo el mundo y nuevas culturas y, al mismo tiempo, descubrirse a sí mismas en un contexto nuevo y ajeno a su zona de confort. Es una experiencia que consideran que todos deberían de probar por lo menos una vez en su vida, ya que, a pesar de que al principio te puedas sentir perdido, aprendes a enfrentarte a tus propios límites lingüísticos, personales y académicos. Todo esto te va a dejar un bagaje enriquecedor de experiencia, cultura y conciencia para el futuro.

 

La dos caras del Erasmus

El programa Erasmus+, al término de este recorrido, como una iniciativa de gran alcance y profundo impacto en la educación superior europea, pero también como un mecanismo complejo que combina notables éxitos con dificultades prácticas que merecen atención. Sus raíces históricas —desde la impulsora idea de Sofía Corradi, cuya persistencia culminó en la adopción oficial del programa el 1 de julio de 1987, hasta la expansión posterior con iniciativas como Erasmus Mundus en 2003— muestran que Erasmus+ nació de la necesidad concreta de reconocer y facilitar la movilidad académica. La anécdota fundacional sobre la convalidación denegada en Columbia ilustra muy bien el problema que el programa vino a resolver: la falta de reconocimiento y la resistencia cultural frente a la movilidad estudiantil. Gracias a esa visión y a décadas de trabajo institucional, millones de estudiantes han podido estudiar y formarse fuera de su país de origen, con todo lo que ello implica en términos académicos, personales y sociales.

Las nuevas amistades de Elena de toda Europa

En lo institucional y en sus objetivos, Erasmus+ es ambicioso: busca no solo promover la movilidad de estudiantes y personal, sino también fortalecer la cooperación universitaria, fomentar la inclusión, mejorar la calidad educativa, impulsar la innovación y contribuir a la cohesión social y a la identidad europea. El programa cubre hoy una amplia área geográfica (los 27 Estados miembros de la UE y varios países del Espacio Económico Europeo) y ofrece estancias de corta a media duración (entre tres y doce meses), lo que facilita que estudiantes con distintos perfiles puedan aprovechar la oportunidad. Además, la apuesta por el multilingüismo y por el apoyo lingüístico (por ejemplo, mediante el Online Linguistic Support) demuestra que el programa contempla la preparación práctica necesaria para que la movilidad sea efectiva y rentable en términos de aprendizaje.

No obstante, al analizar las “sombras” del Erasmus+ emergen varios problemas recurrentes que afectan la experiencia real de los participantes. En primer lugar, la dimensión burocrática: aunque existen procedimientos y documentos estandarizados (convocatoria, Learning Agreement, certificado de llegada, informe final), la gestión práctica depende en gran medida de las oficinas locales de cada universidad y de sus ritmos administrativos. La aprobación y firma del Learning Agreement suele ser un punto crítico —a menudo exigido antes de conocer horarios concretos— y las modificaciones que se hacen durante la estancia requieren trámites adicionales que generan incertidumbre. Del mismo modo, la secuencia administrativa para la recepción de la ayuda económica —anticipo tras el certificado de llegada y pago final tras la validación de créditos— puede traducirse en retrasos que obligan a los estudiantes a adelantar gastos; además, los importes asignados no siempre cubren el coste real de la vida en el país de destino, según los testimonios reunidos.

Linda en la feria de San Isidro

Otro gran problema mencionado por los estudiantes es la búsqueda de alojamiento: aunque las universidades recuerdan que no siempre gestionan este aspecto, la dificultad de encontrar piso o residencia adecuada condiciona decisivamente la experiencia Erasmus. A esto se suman las diferencias académicas y pedagógicas entre sistemas: la experiencia relatada por estudiantes italianas en universidades españolas (UCM, UPV) pone en evidencia que el apartado académico no es neutro —cambian métodos de enseñanza, expectativas sobre la participación, dinámicas de evaluación y organización de las clases— y que adaptarse a esos nuevos estilos exige flexibilidad y tiempo, además de una buena coordinación entre las asignaturas y la convalidación de créditos.

Desde la perspectiva operativa, la universidad de origen (como la UCM en el ejemplo) juega un papel esencial en la coordinación y en la atención al estudiante: la existencia de oficinas centrales y de coordinadores por facultad facilita los trámites y ofrece referentes claros, aunque la experiencia individual depende mucho de la eficacia de quienes gestionan cada caso concreto. Asimismo, los servicios de recepción en la universidad de acogida (inscripción, tarjeta de estudiante, certificado de llegada) son pasos indispensables que, bien gestionados, alivian la transición; pero si fallan, aumentan la sensación de desamparo del estudiante foráneo.

Elena con sus nuevos compañeros de aventura

A pesar de estas sombras, las luces del Erasmus+ son poderosas y recurrentes en los testimonios: la oportunidad de conocer personas de todo el mundo, de abrir el horizonte cultural y lingüístico, de descubrir nuevas formas de trabajo en equipo y de afrontar retos personales fuera de la zona de confort son beneficios que muchos definen como transformadores. Los relatos destacan la capacidad del programa para fomentar autonomía, madurez y una red internacional de contactos que repercute positivamente en el futuro académico y profesional. El aprendizaje de idiomas, el contacto directo con otras culturas y la posibilidad de contrastar métodos educativos enriquecen el perfil del estudiante y responden a los objetivos superiores del programa: construir ciudadanía europea, mejorar la empleabilidad y promover la innovación social y académica.

En suma, Erasmus+ es una política pública emblemática que ha contribuido de forma decisiva a la construcción de una esfera educativa europea más integrada y diversa. Sin embargo, su éxito colectivo no puede ocultar la necesidad de corregir y simplificar aspectos prácticos que siguen penalizando a muchos participantes: mayor rapidez y

Calles de Bruselas

transparencia en la gestión de las ayudas, procedimientos administrativos más flexibles (especialmente en la aprobación y modificación del Learning Agreement), mayor apoyo real para la búsqueda de alojamiento, y medidas para asegurar que las becas cubran, en la medida de lo posible, las diferencias de coste de vida entre destinos. También sería deseable intensificar la preparación lingüística y cultural previa a la salida y mejorar la coordinación entre universidades de origen y de destino para que las convalidaciones y reconocimientos sean ágiles y previsibles.

Finalmente, cualquier evaluación del Erasmus+ debe mantener un equilibrio entre el reconocimiento de su enorme contribución —social, educativa y personal— y la responsabilidad de perfeccionar su funcionamiento cotidiano. Si la Unión Europea y las instituciones académicas desean que la movilidad sea no solo un privilegio sino una oportunidad accesible y de calidad para la mayoría, será imprescindible trabajar tanto en las grandes líneas estratégicas (inclusión, financiación, cooperación interuniversitaria) como en los detalles administrativos y de acompañamiento que determinan la experiencia real de los estudiantes. Solo así las “luces” seguirán brillando con intensidad y las “sombras” se reducirán hasta convertirse en desafíos superables que fortalezcan, y no entorpezcan, la experiencia transformadora que representa el Erasmus+.

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