La generación XXX: El placer a un solo clic

Los jóvenes y la sexualidad. / Silvia Fonseca
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El 81,6% de los hombres y el 40,4% de las mujeres ha consumido pornografía en los últimos 30 días
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El asesino en serie Ted Bundy culpó a la pornografía de sus actos
Enciendes el ordenador, bajas las persianas. Te pones los cascos y te aseguras de que no haya nadie al otro lado de la puerta. Abres la pestaña en modo incógnito, te acuerdas y te levantas a por el papel. Empiezas a buscar, te lo sabes de memoria. Entras en la primera página: “¿eres mayor de 18 años?”, “Sí”. Gemidos, anuncios que no paran de saltar por la pestaña. Tantas mujeres a tu alcance… Pinchas en el apartado de las categorías, vas en modo automático. Sudores, escenas irreales, muchas sensaciones. Te saltas la “historia”, si es que hay, vas directo, tienes poco tiempo. Terminas, cierras la pestaña. Suspiras aliviado.
El principio de todo
Según estudios psicológicos, se estima que 7 de cada 10 adolescentes en España han consumido pornografía, y para un 30% de ellos es su principal fuente de aprendizaje sobre sexualidad. Los estudios recientes en población española según el Ministerio de Igualdad sitúa la edad del primer acceso en los 10,4 años. Una sexualidad vulnerable y en pleno desarrollo se ve condicionado por una serie de contenidos que distorsionan la realidad y cultivan ideas erroneas y agresivas sobre el sexo. Los niños más pequeños, según las encuestas, llegan a tener hasta 8 años cuando ven por primera vez este tipo de contenidos.
El acceso a Internet, sobre todo después de su auge en 2008, ha cambiado completamente la narrativa. La accesibilidad ahora es total y absoluta, en una sociedad en la que se le suele dar un móvil con internet a un niño con apenas 10 años. «Antes tenías que bajar al quiosco de tu casa, comprar de más alguna tontería y entre medias una revista guarra o una película X. Te daba mucha vergüenza y la mayoría de las veces ni lo terminabas comprando. Ahora no hay nada de eso, ahora no tienes que dar explicaciones», declara Jesús de 49 años. En la actualidad hay toda una industria que se lucra de los curiosos y adictos, una industria que explota y cosifica a las mujeres, una industria que no buscas, es ella la que te encuentra a ti. «Lo típico, lo escuchas en clase y te da curiosidad», afirma un estudiante de 22 años de Filología Inglesa. Ahora todo está al alcance de nuestra mano, gracias a los móviles, a la red, lo puedes tener todo.
Por otro lado, es imprescindible mencionar que es incomparable la pornografía de antaño con la que podemos consumir ahora. Imágenes estáticas, impresas, había un límite y tu imaginación jugaba un papel muy importante, era el que generaba las escenas. Hoy, la pornografía ha cambiado sus canales de producción y, por lo tanto de distribución. La industria de la pornografía representa una parte muy importante de la economía mundial debido a sus millones de consumidores y no busca dejar de serlo bajo ningún concepto. De ahí, la necesidad de las distribuidoras de crear contenidos cada vez más fuertes y por lo tanto más adictivos. Las ideas son infinitas, dejamos que sean estos los que dirijan nuestro deseo a límites insospechados. Por eso, las revistas de antes no creaban tantos problemas como las páginas de hoy. La pornografía de 2025 crea más adictos que nunca.
Hombres vs. Mujeres
Según investigaciones realizadas por parte del equipo de AsturSex Atención Sexológica, los chicos ven porno como algo transgresor, que les hace más adultos. En cambio, las mujeres tardan más. No se sienten identificadas, algunas hasta generan rechazo, impotencia. La diferencia entre un género con respecto al otro puede ser de hasta de cuatro años, así como la frecuencia de consumo: el 81,6% de los hombres adolescentes ha visto pornografía en los últimos 30 días versus el 40,4% de las mujeres. «Es cuando te haces mayor, cuando vas teniendo conciencia que lo vas rechazando», afirma una estudiante de Veterinaria en quinto año. La pornografía se centra en relaciones hetero-normativas por regla general, en la penetración y en el disfrute de la parte masculina de la relación. Las mujeres en estas historias, en el 90% de los vídeos, sufren algún tipo de violencia física. Siendo, en el mejor de los casos según los expertos, la asfixia. El porno es una herramienta de socialización que dictamina cómo han de ser nuestras fantasías y perpetúan la violencia contra la mujer. De manera que las niñas tienden a rechazar este tipo de vídeos o irse a aquellos que son más respetuosos con los cuerpos femeninos.
Según las estadísticas, el 80% de los adictos son varones. Daniel Ribero, de 37 años y adicto, confiesa a través de una entrevista concedida al Confidencial, que el porno que empezó a ver por curiosidad ha terminado por costarle la relación con su mujer. Dejan de ver a las mujeres como seres independientes del sexo. Junto al alcohol, la pornografía es una de las adicciones más complicadas de superar. Es una cuestión hormonal y social, estamos expuestos a unos productos culturales orientados a la sexualización de la mujer y la dopamina en este caso es la principal responsable, heroína visual. El consumo de porno genera expectativas irreales, provocando frustración y complejos. Jóvenes que se comparan y sufren por ser lo que aparecen en estos vídeos, tratando de ser los protagonistas de estas historias.
Una sexualidad vinculada a la red
Como si de una película de miedo se tratase, todo en las películas porno, está guionizado y preparado. Nada es lo que parece y en la mayoría de las ocasiones no es hasta que mantienes relaciones sexuales con otra persona que te das cuenta que todo lo que habías “aprendido” no es real. Complica el deseo, la comunicación y altera completamente las expectativas, por no hablar de todo lo que pueden llegar a ver con la IA que se escapa ya de la realidad en sí misma. «No vas a acostarte con ocho ni con el que te trae el butano. Están alterando tu imaginario y por lo tanto actúas en función de lo que has aprendido, por muy malo que sea», declaró una estudiante de Comunicación Audiovisual. La gran mayoría de los encuentros que suceden en la pornografía carecen de protección, desde lo más básico que debería ser el mismo preservativo, hasta las prácticas de tipo sado que deben llevarse a cabo manteniendo una comunicación constante. El riesgo de una adicción es mayor si los niños son cada vez más pequeños cuando entran por primera vez a estas webs. El porno empieza a ser la pandemia de toda una generación.
Un estudio del Ministerio del Interior revela que una de cada tres agresiones sexuales en grupo está hecha por menores. Compañeros de clase o amigos, en la mayoría de los casos víctima y agresor se conocían, ¿cómo podemos relacionarlo todo? La semana que sale a la luz la violación de la Manada la categoría más vista en plataformas como Porn Hub se trata ni más ni menos que “violación en grupo”. El porno cambia la manera en la que nos relacionamos y en la que los jóvenes entienden el amor. Cómo tratar a las mujeres, una intimidad condicionada.
Ted Bundy, uno de los asesinos en serie más reconocidos de la historia, concedió una entrevista en 1989 en la que reconoció ser adicto a la pornografía. Conectando de esta manera los estudios que tanto relacionan la violencia contra las mujeres y el consiguiente consumo. No toda la pornografía posee el potencia de producir los mismos efectos, sin embargo, la mayoría de los vídeos que se suben a la web son de carácter agresivo y hacen del papel de la mujer el más humillante de la historia. Relaciones asimétricas de poder, violencia física o verbal, mujeres cosificadas y hombres que ejercen un control absoluto sobre el acto sexual. Según el especialista, León Márquez, estas refuerzan estereotipos profundamente arraigados sobre los roles de género: el hombre como sujeto dominante y activo; la mujer, como objeto siempre disponible y pasivo.
Podríamos decir que estamos hipersexualizando la infancia de todos esos niños que con 8 años ven un vídeo porno por primera vez. Un momento en el que el pequeño debería estar autoexplorando por su cuenta, su desarrollo queda a merced de una serie de vídeos que imponen relaciones heteronormativas. La ausencia de educación sexual en los colegios y conversaciones incómodas por parte de los padres hace que quieran buscar respuesta de la manera que sea. Muchos jóvenes están de acuerdo, la censura de estos contenidos no es la respuesta pero si normalizar la sexualidad y actualizar los discursos. Educar desde el respeto y sabiendo que ese debería ser el último fin, no debería ser una herramienta.
Una intimidad institucionalizada
A lo largo de estos últimos años el Gobierno de España, a la par con los diferentes Estados miembros de la Unión Europea, han intentado ponerle una solución desde el poder a esta problemática. Desde verificadores de edad hasta aplicaciones. Por otro lado, las distintas comunidades autónomas han tomado sus propias decisiones al respecto, por ejemplo la campaña del Gobierno Valenciano con el “Despeja la X”. La iniciativa de la Comunidad Valenciana empuja a la reflexión de niños, jóvenes y hasta padres sobre el contenido para adultos, busca eliminar el porno de educación. Con un enfoque claro y directo, abordan el tema desde esa perspectiva violenta y deshumanizadora.
Sin embargo, son muchos los que no están de acuerdo con estas medidas. Los padres parecen hablar de adoctrinamiento, pero otros tampoco quieren que puedan acceder a tu DNI para verificar tu edad, pues se trata de una violacion de nuestra intimidad. Encontrar el punto medio no es tarea fácil, dado que no hay una ecuación única y sencilla. Mabel Lozano directora del documental “PornoXplotación” insite en la urgencia de implicar a las familias y centros educativas por ambas partes: «La pornografía se convertirá en esa escuela. Una escuela misógina, agresiva y aceptada».
Es cosa de padres
Uno de los agentes socializadores es la familia. La educación impartida por los padres, en este caso acerca de la sexualidad es clave para que los más jóvenes sepan qué herramientas tienen a su disposición para descubrirse a sí mismos de una manera sana y sensata. Unas medidas que limitarán el consumo de la pornografía a manos de los jóvenes desde el desconocimiento y que realzarán la falta de ética, moralidad e irreal que son las prácticas visualizadas en estas páginas con contenido explícito.
Yaiza tiene 30 años y es madre de un niño de año y medio. Trabajadora y entregada completamente a César, el huracán que cambió su vida. Es verdad que aún le queda un tiempo para afrontar esta realidad pero las dudas surgen, las conversaciones con su pareja en relación a cómo abordar esta problemática no se pasan por alto. «Los padres y madres de hijos varones tenemos un papel determinante en la sociedad. Estamos viendo que los hombres son los culpables de la mayoría de los males, tenemos la labor de educar con sentido», explica. Le da miedo, y es normal. Ella siempre educará a su pequeño en una sexualidad libre y diversa, quiere estar siempre para él y para las dudas que le puedan surgir. Piensa que es contraproducente cognitivamente y que hay que tomar medidas al respecto, al menos cada uno, desde casa.
Madre de una chica de 20 años. Viridiana de 42 está convencida del papel de los padres en la educación sexual. Esta debe afrontarse de manera positiva, sin acallar las dudas que puedan surgir y sin importar la edad a la que estas surjan. «Si el niño o niña tiene curiosidad sobre algún tema sexual, la mejor forma de actuar es hablando con ellos, siempre utilizando palabras adecuadas a su lenguaje», expresa. La naturalización del sexo es una base clave para la buena comunicación entre padres e hijos, haciendo gran hincapié en la gran importancia del consentimiento. Viridiana defiende que: «tiene que ser consensuado, hay que respetar la palabra de la otra persona».
Padre de una chica de 22 y de un chico de 19 años. Jesús tiene 49 años y desde el principio lo tuvo claro: en casa no hay temas tabúes. Confianza, comunicación, la educación sexual debe empezar desde casa y seguir en las escuelas. Tiene que haber un ten con ten, todas las partes deben de trabajar en conjunto. «No he distinguido entre él varón o la hembra, la educación impartida por su madre y yo siempre ha sido la misma. Hemos intentado que se sientan a gusto», confiesa que es complicado pero no imposible. «No vas a hablar de sexo con tu hijo de seis meses pero si tiene 30 años y nunca ha salido el tema, tienes un problema». Asimismo declara que: «las medidas tomadas nunca han sido quitarles el móvil, simplemente darles la información suficiente para que no tengan que buscar esa información fuera, en las pantallas».
El porno siempre sabe dónde encontrarte. La curiosidad en edades como estas es normal y más sabiendo los millones que mueve una industria como la pornográfica. Esta se va a asegurar sea como sea de que entres en algún momento. El amor va mucho más allá. Hay roces, caricias, susurros. Una cara B menos violenta, más realista. Hagamos de ese primer contacto con la sexualidad un espacio seguro. La violencia a las mujeres aumenta, las relaciones fugaces incrementan, hay repunte de las enfermedades de transmisión sexual. El problema es estructural y son muchos los elementos que lo componen: inseguridad, falta de información y abanico de posibilidades y de acceso que es casi imposible de regular. Las dudas y el debate están a la orden del día. La educación no es solo que sepas sumar o conjugar un verbo, la escuela tiene que ser ese lugar donde tus hijos estén y se sientan seguros. Hay que hacer del sexo algo bonito, no dejemos nuestra intimidad a merced de un producto tan dañino y patriarcal. Borra esas “XXX” de tu buscador antes de que sea demasiado tarde.