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periodismo universitario en internet

Redes sociales y medicina estética: cuando la imagen se convierte en producto

Procedimiento de medicina estetica

Procedimiento de medicina estética

  • Una experta en medicina estética nos explica los riesgos de someterse a intervenciones y retoques estéticos

  • Tadeo Corrales, personaje público, se sincera sobre la presión social sobre su imagen y lanza un mensaje a sus seguidores

En las pantallas, el rostro perfecto ya no es una fantasía, sino un objetivo alcanzable… y financiable. Un clic basta para transformar labios, suavizar líneas de expresión o redefinir el perfil facial. Lo que antes se asociaba con el mundo del espectáculo o con figuras de alto poder adquisitivo hoy forma parte de la vida cotidiana de miles de jóvenes. Las redes sociales, especialmente TikTok e Instagram, han hecho de los procedimientos estéticos un tema tan visible como los tutoriales de maquillaje o las rutinas de cuidado facial.

En menos de una década, la relación con la propia imagen ha cambiado radicalmente. Las clínicas estéticas ya no son espacios discretos a los que se acudía con cierta reserva; ahora aparecen en vídeos virales, colaboraciones de influencers o historias patrocinadas que prometen resultados “rápidos, naturales y sin dolor”. El lenguaje ha evolucionado: de hablar de “cirugías” o “arreglos”, se pasó a términos más ligeros y aspiracionales retoque exprés, baby botox, perfilado sutil, armonización facial, expresiones que diluyen la idea de intervención y la reemplazan por una sensación de autocuidado.

Procedimiento médico de inyección de ácido hialurónico.

Procedimiento médico de inyección de ácido hialurónico

Pero detrás de esa naturalización late un fenómeno complejo. Según datos de la Sociedad Española de Cirugía Plástica, Reparadora y Estética (SECPRE), el número de procedimientos estéticos en menores de 30 años ha crecido de forma sostenida en la última década. España se sitúa entre los diez países del mundo con mayor demanda de tratamientos faciales mínimamente invasivos, y gran parte de ese aumento proviene de jóvenes que buscan “verse bien en cámara” o “corregir pequeños defectos” antes de que sean visibles. A nivel global, estudios de la International Society of Aesthetic Plastic Surgery (ISAPS) confirman que el uso de bótox y ácido hialurónico ha aumentado más de un 40 % entre menores de 25 años desde 2019.

Las redes sociales han sido el vehículo perfecto para esta expansión. En TikTok, el hashtag #bótox acumula cientos de millones de visualizaciones; #lipfiller, #nosejobcheck o #retoqueexpress se entrelazan con audios y coreografías virales, mostrando en segundos un “antes y después” que promete una perfección instantánea. En Instagram, los filtros de realidad aumentada han borrado la frontera entre lo digital y lo físico, lo que comenzó como un efecto de cámara terminó marcando nuevas expectativas sobre cómo debe lucir un rostro real.

En ese escenario, los influencers ocupan un rol decisivo. Ya no solo recomiendan productos de belleza, sino que documentan y a veces hasta monetizan sus propios procedimientos. Historias con agujas, jeringas y resultados inmediatos se presentan con naturalidad, entre un haul de ropa y una reseña de maquillaje. Lo que antaño se mantenía en secreto hoy se muestra con orgullo, como una prueba de transparencia o autenticidad.

Micropigmentación de labios

Micropigmentación de labios

Sin embargo, esa visibilidad tiene un costo: cada video, cada recomendación, cada colaboración con una clínica estética, contribuye a moldear el deseo colectivo, especialmente entre los adolescentes y jóvenes adultos que crecen midiendo su autoestima en likes y visualizaciones. Diversos estudios alertan sobre este vínculo entre uso intensivo de redes sociales y percepción corporal. Investigaciones de la Universidad de Navarra y la Universidad de Málaga señalan que la exposición continua a imágenes retocadas o idealizadas puede aumentar los niveles de insatisfacción con la propia apariencia, especialmente en mujeres jóvenes. Un informe de Common Sense Media (2023) revela que el 58 % de los adolescentes declara sentirse “presionado” para parecerse a las imágenes que ve en línea, mientras que el 42 % ha considerado modificar su cuerpo o rostro para sentirse más atractivo en redes.

El fenómeno no se limita al deseo de belleza, se trata de una nueva forma de consumo identitario. Las clínicas se adaptan al lenguaje digital, los médicos se convierten en creadores de contenido y los procedimientos se ofrecen como experiencias de bienestar o autoexpresión. “Verse bien es sentirse bien”, repiten las campañas. Pero detrás de ese lema optimista surgen preguntas necesarias:

  • ¿Dónde termina el autocuidado y empieza la presión estética?

  • ¿Hasta qué punto la decisión de “retocarse” es libre cuando se vive en un entorno que premia la perfección?

La llamada “era del retoque” no solo redefine los cánones de belleza; también transforma la manera en que se construye la identidad. El rostro, antaño reflejo íntimo de la individualidad, se ha convertido en un proyecto público y editable. El scroll infinito en TikTok o Instagram se llena de pieles lisas, labios voluminosos y narices simétricas, moldeadas por el mismo algoritmo que decide qué es tendencia y qué merece ser visto. En ese bucle visual, las diferencias se diluyen, los rostros se homogeneizan y la autenticidad se confunde con la estética de moda. Sin embargo, reducir el fenómeno a una simple “superficialidad digital” sería un error. Para muchos jóvenes, los retoques representan una forma de reconciliarse con su imagen, de ganar seguridad o de desafiar los estigmas sobre el cuerpo. Pero para otros, es una trampa silenciosa que alimenta la inseguridad y la dependencia de la validación externa.

Los retoques estéticos han dejado de ser un tema tabú para convertirse en una gran tendencia, especialmente gracias a las redes sociales. En plataformas como Instagram y TikTok, los influencers muestran sus tratamientos con naturalidad, enseñan el antes y el después o incluso comparten códigos de descuento para clínicas. Según un estudio de la Erasmus University Rotterdam, un tercio del contenido de las clínicas de medicina estética en Instagram incluye a influencers, lo que demuestra el papel esencial que tienen en la promoción de estos procedimientos.

 

Procedimiento de medicina estetica

Procedimiento de medicina estética

En España, el fenómeno también se refleja en los datos, ya que el grupo de entre 16 y 25 años representa ya el 20 % de los pacientes de medicina estética. Los influencers actúan como prescriptores de belleza. Su visibilidad convierte tratamientos médicos en productos de alto consumo. Es decir, se asocian a la idea de “autocuidado” y no tanto a una intervención. Un informe de Chameleon Pharma Consulting indica que el mercado español de medicina estética ha crecido de forma constante en los últimos años, impulsado sobre todo por los procedimientos no invasivos y por su presencia en redes.Este fenómeno tiene consecuencias directas. Al ver que “personas como yo” se realizan retoques, se reduce la percepción de riesgo y se normaliza su uso entre los más jóvenes. 

Los influencers, sin proponérselo o no, se han convertido en los principales impulsores de la nueva normalidad estética, en la que los retoques se muestran, se consumen y se imitan con la misma naturalidad que una rutina de maquillaje. Así nos lo cuenta Tadeo corrales, influencer y exconcursante de “La isla de las tentaciones”:

 

 

Tadeo Corrales: “La naturalidad se está perdiendo y lo raro será no ver a personas con retoques”

 

Tadeo Corrales

Tadeo Corrales, exconcursante de La isla de las tentaciones

El exconcursante de “La isla de las tentaciones”, Tadeo Corrales Garrido se dio a conocer por su paso por uno de los realities más mediáticos de la televisión española. Su participación en el programa le otorgó una gran visibilidad y lo situó en el foco de la atención pública, donde la imagen y el físico cobran un papel protagonista. A raíz de esa exposición, Tadeo ha sido abierto con su público sobre los retoques estéticos que ha decidido hacerse con el tiempo, convirtiéndose en un ejemplo del fenómeno que hoy preocupa: el incremento de los tratamientos estéticos entre los jóvenes.

Durante la entrevista, Tadeo asegura que no siente presión por su imagen, a pesar de venir de un formato donde el aspecto físico tiene tanto peso. Con el paso de los años, dice haber aprendido que lo importante es aceptarse tal y como uno es y no dejarse llevar por las opiniones ajenas. “Siempre habrá alguien que piense lo contrario”, comenta, insistiendo en que lo fundamental es tener personalidad y quererse a uno mismo, sin depender de la validación externa. A su juicio, muchos personajes públicos caen en la trampa de modificar su apariencia solo para ser aceptados por sus seguidores o por la sociedad.

Sobre sus propios retoques, Tadeo explica que su primer contacto con la estética vino de la mano de su fama. Tras su paso por el programa, muchas clínicas comenzaron a ofrecerle colaboraciones, lo que dice que facilitó su oportunidad de “mejorar” ciertos aspectos. No obstante, aclara que sus retoques no nacen de la inseguridad, sino de una intención de mejora personal. Tadeo reconoce que el auge de los retoques entre los jóvenes le preocupa. Considera que muchos no son conscientes del impacto que esto tiene en la sociedad, ni del modo en que se banaliza la cirugía estética. Según explica, se están promoviendo tratamientos como liposucciones o aumentos de pecho “como si meterse en un quirófano fuera algo sencillo”, sin hablar de los riesgos ni de las consecuencias. 

El antes y después de Tadeo después de procedimientos estéticos realizados

El antes y después de Tadeo después de realizarse procedimientos estéticos

Respecto a cómo reacciona su comunidad ante sus confesiones, Tadeo comenta que su cambio físico ha sido gradual y que muchas personas lo han tomado como una inspiración, llegando incluso a acudir a consulta motivadas por sus publicaciones. Sin embargo, aclara que él no se ha sometido a ninguna operación quirúrgica, solo a pequeños retoques, y asegura que no tiene intención de pasar por el quirófano. Cuando se le pregunta por si los jóvenes comprenden los riesgos reales de estos procedimientos, Tadeo considera que la mayoría no es consciente de lo que implica. “Solo miran el resultado final sin valorar el proceso, el dolor o los riesgos que conlleva cualquier intervención”. También reflexiona sobre el papel de los influencers, a quienes les atribuye una gran responsabilidad en la forma de comunicar estos temas. Cree que deberían mostrar la realidad completa, no solo el antes y el después.

Antes de terminar, Tadeo lanza un mensaje claro a sus seguidores: la belleza empieza por la aceptación personal. Cuestiona la utilidad de los filtros o de las aplicaciones que alteran el rostro, ya que “de nada sirve autoengañarse si al mirarte al espejo ves quién eres realmente”. Aconseja que, si alguien quiere mejorar su aspecto, lo haga siempre con profesionales y de manera responsable, nunca en lugares sin garantías. “La naturalidad se está perdiendo, lamenta, y llegará un momento en que lo raro será no ver a personas con retoques”.

 

Elena Pérez (@byelenapez), influencers de belleza- La presión estética y la responsabilidad en redes: la visión de Elena Pérez

Elena Pérez

Elena Pérez, influencer de moda y maquillaje

En la actualidad, las redes sociales se han convertido en uno de los principales escaparates de belleza, pero también en una fuente constante de comparación y presión estética. La influencer Elena Pérez reconoce que esta presión es algo que se vive a diario, especialmente para quienes tienen una presencia pública en internet. Ver su propia imagen constantemente, recibir comentarios y observar los cambios en otros creadores de contenido genera una sensación de competencia silenciosa. Según explica, muchas veces esta presión no proviene solo del entorno o de las expectativas sociales, sino que nace también de uno mismo, de la necesidad de encajar o no quedarse atrás en un espacio donde la apariencia parece tener tanto peso.

Su decisión de no someterse a retoques estéticos no nació como una estrategia para dar ejemplo, sino como una elección personal coherente con sus valores. Sin embargo, ha recibido mensajes de seguidores agradeciéndole precisamente eso, mostrarse natural, sin filtros ni modificaciones, y visibilizar que se puede ser una figura pública sin transformarse para cumplir con los estándares de belleza. Para muchos jóvenes, su autenticidad se ha convertido en un referente positivo dentro de un entorno donde predomina la perfección artificial.

La influencer también denuncia la normalización de los procedimientos estéticos entre los jóvenes. Asegura que se han banalizado hasta el punto de considerarlos “un simple pinchacito”, sin tener en cuenta los riesgos reales que implican. Desde reacciones adversas hasta complicaciones graves, recuerda que detrás de cada intervención hay posibles consecuencias que muchas veces se ignoran. En su opinión, el discurso de “es algo reversible” o “no pasa nada” ha calado tan hondo que las nuevas generaciones ya no perciben el peligro de someterse a tratamientos sin la información adecuada.

Por último, Elena Pérez subraya la enorme responsabilidad que tienen los influencers al hablar o llamar sobre sus retoques. Entiende que muchos prefieren no mencionarlo para evitar promover la cirugía entre sus seguidores, pero cree que el silencio también puede ser dañino. Mostrar cambios físicos sin reconocer los procedimientos detrás contribuye a alimentar falsas expectativas. Para ella, la transparencia es clave, si alguien ha pasado por un retoque, debería decirlo abiertamente , porque solo así se puede combatir la idea de que ciertos cuerpos o rostros son “naturales” cuando no lo son.

El testimonio de Elena Pérez pone de manifiesto cómo la cultura digital ha difuminado la línea entre la belleza real y la artificial , y cómo esa presión afecta especialmente a las mujeres jóvenes. Su postura invita a reflexionar sobre la necesidad de recuperar la autenticidad en las redes, de aceptar las imperfecciones y de ser conscientes de los riesgos que se esconden detrás de una imagen aparentemente perfecta.

 

 

 

Verónica López Couso, doctora en medicina estética: “No debemos hacer lo que vemos en redes sociales

Para profundizar en este fenómeno, conversamos con una profesional de la medicina estética, Verónica López Couso, quien aporta una visión técnica y ética sobre el auge de los retoques. Desde su experiencia en consulta, advierte del impacto de las redes sociales en la demanda de procedimientos, especialmente entre los más jóvenes, y subraya la importancia de la información y la seguridad médica por encima de las modas.

La Dra. Verónica López Couso | CDI

La Dra. Verónica López Couso | CDI

En los últimos años, la medicina estética ha pasado de ser una práctica reservada a adultos a convertirse en una tendencia habitual entre los jóvenes. Cada vez más personas acuden a clínicas buscando pequeñas mejoras o tratamientos preventivos que les ayuden a mantener una imagen más cuidada. Según explica la doctora Verónica López Couso , este fenómeno responde en gran parte a la influencia de las redes sociales y al modelo de belleza que estas plataformas promueven.

Instagram y TikTok han creado un nuevo estándar de apariencia basado en filtros y retoques digitales. Las pieles perfectas y los rostros sin imperfecciones generan una presión constante para alcanzar ese ideal, lo que ha impulsado un aumento en la demanda de tratamientos como la hidratación de labios , la rinomodelación o los procedimientos enfocados en mejorar la calidad de la piel , eliminar manchas o marcas de acné y prevenir arrugas. Aunque muchos de estos tratamientos son seguros cuando se realizan bajo supervisión médica, la doctora López Couso insiste en la importancia de no trivializar la medicina estética . Advierte que el principal problema surge cuando estos procedimientos se practican sin control, en lugares no certificados o por personas sin la formación adecuada. En esos casos, los riesgos se multiplican y pueden aparecer complicaciones graves que, además, no siempre se pueden corregir con facilidad.

En consulta, los profesionales también se enfrentan a un nuevo tipo de paciente , jóvenes que acuden con referencias visuales de influencers o filtros de redes, buscando parecerse a una versión digital de sí mismos. Esta idealización de la belleza provoca expectativas poco realistas y, en algunos casos, una insatisfacción constante con la propia imagen. Por ello, la doctora López Couso considera esencial que los médicos ayuden a los pacientes a comprender los límites reales de la medicina estética y, cuando sea necesario, recomienden un acompañamiento psicológico antes de iniciar cualquier tratamiento.

 

 

Para fomentar una práctica estética más responsable y segura, el doctora destaca la importancia de la educación y la divulgación médica. Los profesionales deben comunicar con transparencia, explicando no solo los beneficios de cada técnica, sino también sus posibles riesgos. La información veraz y accesible es la mejor herramienta para combatir la desinformación que circula en redes.

En definitiva, la visión de la doctora Verónica López Couso invita a reflexionar sobre el papel que la sociedad y las redes sociales juegan en la construcción de la belleza actual. Los retoques estéticos pueden ser una herramienta útil y segura cuando se utilizan con criterio, pero siempre deben ir acompañados de respeto, formación profesional y conciencia de sus límites. La belleza responsable no consiste en imitar un filtro, sino en cuidar la salud , la naturalidad y el bienestar personal.

Realidad alterada: ¿De quién nos debemos fiar?

En base a lo observado en las entrevistas realizadas a expertos y personas que han vivido en primera persona estos casos, se ha podido constatar una realidad preocupante, la popularización de los retoques estéticos ha traído consigo su banalización. Lo que antes se consideró un procedimiento médico ahora se percibe como un servicio de belleza simple, rápido y accesible. Sin embargo, los expertos advierten de los riesgos que implican normalizar intervenciones que requieren supervisión profesional. Según la Sociedad Española de Medicina Estética (SEME ), en los últimos años ha aumentado el número de complicaciones derivadas de tratamientos realizados por personal no cualificado. 

A esto se suma la falta de regulación en la publicidad. En España, la promoción de tratamientos médicos en redes carece de un marco legal claro, lo que permite que algunos influencers recomienden clínicas sin indicar que se trata de colaboraciones pagadas. El Consejo General de Colegios de Médicos ha alertado de que esta práctica puede inducir un error al público y banalizar procedimientos que deben ser considerados actos sanitarios. La inmediata del entorno digital refuerza esta trivialización: se asocia el retoque con un cambio sin consecuencias, una “mejora exprés” que, en realidad, puede tener efectos adversos si no se realiza correctamente. Como concluye la SEME, “el problema no es la estética, sino la falta de conciencia sanitaria”. En un contexto donde la imagen lo es todo, la educación y la información son las mejores herramientas para evitar que la medicina se confunda con una moda.

En la era digital, la belleza se ha vuelto cuantificable, se mide en me gusta, visualizaciones y comentarios . Las redes sociales muestran tendencias y, en muchos casos, modelan la percepción de uno mismo. Los filtros, las comparaciones y los retoques digitales o físicosacaban influyendo en la autoestima, especialmente entre los jóvenes. Un estudio de la Universidad de Navarra (2023) señala que el 68 % de los adolescentes que pasan más de tres horas al día en redes sociales se comparan negativamente con otros usuarios. Esta comparación constante genera insatisfacción corporal y puede derivar en ansiedad o distorsión de la autoimagen. Esta búsqueda incesante de aprobación digital ha convertido el cuerpo en un escaparate y la imagen en una forma de capital social.

Sin embargo, cada vez más jóvenes, profesionales y creadores defienden la transparencia, la diversidad y la aceptación personal como antídotos frente a la uniformidad. La belleza responsable no consiste en renunciar a los retoques, sino en comprender sus límites, exigir información veraz y priorizar la salud sobre la apariencia. 

 

Gracias por quedarte hasta el final

 

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