La fábrica de periodistas: talento en un mercado inestable

Facultad de Ciencias de la Información UCM / Europa Press
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Prácticas mal pagadas, másteres y autoempleo: el nuevo mapa de la profesión
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Los jóvenes periodistas reinventan su oficio mientras el mercado se redefine
Cada curso, cientos de estudiantes de Periodismo terminan la carrera con una mezcla de ilusión y desconcierto. Alcanzan una meta que llevaban años persiguiendo, pero enseguida descubren que el camino real apenas empieza. Las aulas se quedan atrás y aparece un mercado saturado, donde las condiciones cambian rápido y las oportunidades, cuando llegan, suelen ser frágiles.
Radiografía de un periodismo fracturado
Los informes más recientes ayudan a entenderlo. En la Universidad Pontificia de Salamanca, el 88% de los graduados en Periodismo logra empleo tres años después de titularse, pero solo el 58% lo consigue durante el primero. Uno de cada cuatro no logra trabajo ese primer año. En la Universitat de València, los datos son algo mejores: cerca del 90% de los egresados del curso 2020-21 estaba trabajando dos años más tarde. Pero tras las cifras se repite la misma historia: los inicios son lentos, las prácticas se prolongan y la estabilidad laboral tarda en llegar.

Facultad de Comunicación de la Universidad Pontifica de Salamanca / Wuolah
El contexto general tampoco ofrece demasiado respiro. Según la Federación de Asociaciones de Periodistas de España, 45.200 personas asociadas a la información y comunicación estaban en paro en el tercer trimestre de 2024, el peor dato en una década. El crecimiento del 29% respecto al año anterior refleja un mercado que se transforma sin absorber a la misma velocidad a quienes llegan nuevos. La digitalización multiplicó las posibilidades, pero también redujo plantillas y salarios.

Gráfico de parados en el sector de la información y comunicación / INE
Álvaro Nieto, director de The Objective, lo resume con claridad: «La digitalización ha precarizado el periodismo. Las empresas son menos fuertes que antes, tienen menos dinero y contratan a menos gente, a salarios inferiores a los de antes».
La situación actual del periodismo español plantea así un dilema generacional, los jóvenes que llegan al mercado laboral lo hacen con más formación, competencias tecnológicas y versatilidad que nunca, pero también con menos garantías de estabilidad. Este reportaje explora ese punto de fricción entre vocación y realidad para entender qué caminos se abren hoy para quienes intentan ejercer la profesión en su forma más pura.
Primer contacto con el mundo laboral
Dar el salto de la universidad a la primera redacción sigue siendo, para la mayoría de los recién graduados, una experiencia ambigua. El entusiasmo con el que se empieza contrasta pronto con la realidad de unas prácticas largas, mal pagadas y poco orientadas al aprendizaje. La promesa de «formarse sobre el terreno» suele traducirse en jornadas completas por una remuneración simbólica y en un aprendizaje autodidacta.
Diego Herrero, estudiante en prácticas de redacción televisiva, lo explica: «No creo que me esté formando correctamente; estoy enterándome de cómo funciona el trabajo de redactor, pero no son las prácticas al uso en las que se prioriza el aprendizaje. Cobro 200 euros por cinco horas de prácticamente trabajo normal». Su caso no es una excepción. La mayoría de los becarios de comunicación realizan funciones equivalentes a las de un redactor júnior, pero sin las condiciones ni el salario de uno.

Tabla con el nivel de ingresos en periodismo y comunicación / APM
Esta precariedad inicial se mantiene incluso cuando las prácticas avanzan. Otro recién graduado que realiza sus primeras prácticas explica que, aunque siente que se le está formando: «La mayoría de becarios que conozco no son contratados después». La continuidad depende más de la situación económica del medio que del rendimiento del estudiante. En un sector donde los ingresos publicitarios fluctúan y la rotación es alta, el salto de becario a empleado se ha convertido en una excepción.
La falta de orientación y acompañamiento agrava el problema. Muchos estudiantes reconocen que no siempre cuentan con tutores implicados o planes de aprendizaje definidos: «Mi tutor no está detrás de mí», explica uno de ellos. «Revisan mi trabajo de vez en cuando, pero la formación real depende de uno mismo». La universidad ofrece convenios, pero la calidad de la experiencia varía enormemente según el medio y la disponibilidad de los equipos para supervisar.

Tabla de satisfacción con el trabajo: Periodismo y comunicación / APM
Estas dinámicas explican por qué el primer contacto laboral suele percibirse más como una prueba de resistencia que como una oportunidad de crecimiento. Quienes logran adaptarse asumen que las prácticas son un paso casi inevitable para entrar en el mercado, aunque eso implique aceptar condiciones que difícilmente se sostendrían en otros sectores. Como señalaba Álvaro Nieto en su entrevista: «Lo fundamental es buscarse unas prácticas durante la carrera y esforzarse desde el minuto uno». Sin embargo, su afirmación encierra una paradoja: la necesidad de adquirir experiencia en un entorno que apenas deja espacio para la formación real.
El resultado es un modelo de entrada que exige sacrificio, paciencia y, en muchos casos, una fuerte dosis de resignación. La vocación compensa durante un tiempo, pero el desgaste llega pronto. Para muchos jóvenes periodistas, el reto ya no es solo encontrar una oportunidad, sino que esa oportunidad les permita aprender sin normalizar la precariedad como parte del oficio.

Hombre joven cansado en una oficina / Envato
La alternativa de seguir formándose
¿Se puede evitar la precariedad de unas prácticas o un primer empleo haciendo un máster? Es la pregunta que muchos graduados en Periodismo se hacen al terminar la carrera. Tras años de formación, el máster se percibe como una vía para ganar especialización, ampliar la red de contactos o, simplemente, posponer la entrada a un mercado que no promete estabilidad. La elección no siempre parte del entusiasmo por seguir aprendiendo, sino de la necesidad de ganar tiempo.
Entre quienes optan por continuar su formación, el objetivo suele ser claro: diferenciarse. Un joven periodista que cursa un máster en periodismo deportivo expresa: «Tenía clarísimo que después de finalizar la carrera quería especializarme en la rama deportiva. Estuve unos meses investigando qué máster reunía las condiciones que buscaba y finalmente me decanté por el de la Universidad Villanueva». La especialización, en su caso, no responde solo a una preferencia temática, sino a la convicción de que destacar en un campo concreto puede abrir puertas que la formación generalista ya no garantiza.

Tabla de matriculados y graduados en grado y máster / APM
Los másteres, sin embargo, no son una solución automática. Aunque amplían conocimientos y mejoran la red de contactos, su impacto real sobre la empleabilidad sigue siendo desigual. «La posibilidad de conseguir un contrato en el medio en el que hagas las prácticas es muy remota», reconoce el mismo estudiante, «Pero las probabilidades aumentan si ven que por tus propios méritos eres válido para ocupar un puesto fijo». En otras palabras, el máster puede facilitar el acceso, pero no elimina la precariedad estructural que domina el sector.
Lo que sí parece aportar valor añadido es el entorno profesional que crean. «El poco tiempo que llevo cursando el máster me ha hecho ver que no solo te ayuda a aumentar tus aspiraciones laborales, sino que también mejora exponencialmente tu perfil profesional dentro del networking», afirma. En un contexto donde las oportunidades muchas veces dependen de a quién conoces antes que de cuánto sabes, esa red de contactos puede marcar la diferencia.

Jóvenes practicando el networking / Santander
El auge de los másteres especializados refleja también un cambio generacional. Muchos periodistas jóvenes asumen que el grado ya no basta. La competencia es alta y los medios buscan perfiles versátiles: gente capaz de grabar, editar, escribir y mover una pieza por redes sin depender de nadie. En ese contexto, el máster no garantiza un empleo, pero se ha convertido casi en un paso natural para quien quiere hacerse con más herramientas.
En realidad, lo que la mayoría encuentra en un máster no es una salida directa, sino una prolongación de la etapa universitaria. Un espacio para ganar soltura, probar formatos y construir contactos mientras el sector sigue moviéndose. No soluciona la precariedad de fondo, pero sí ofrece tiempo y experiencia para llegar mejor preparado cuando aparezca una oportunidad.
Nuevas formas de ejercer el periodismo
Aunque la inestabilidad marca el inicio de muchas trayectorias, el periodismo actual también ofrece vías que antes apenas existían. La digitalización ha dado pie a un espacio enorme para la iniciativa individual. Lo que hace una década se percibía como una amenaza, el desplazamiento del periodista por la tecnología, se ha convertido para algunos en una oportunidad de independencia.
Álvaro Nieto lo apuntaba en su entrevista: «La digitalización también ha traído la posibilidad de montar medios de comunicación fácilmente, de que cualquiera pueda crear un periódico digital sin mucho dinero y sin mucho esfuerzo». Su reflexión resume una tendencia visible en los últimos años: el paso de periodistas jóvenes que, ante la falta de estabilidad en las redacciones, deciden construir su propio proyecto.

José María Torrego, fundador y CEO de El Referente / The Wave
El caso de José María Torrego ilustra bien esa búsqueda de autonomía. Graduado en Periodismo, empezó su carrera en medios tradicionales, pero pronto comprendió que crecer dentro de ellos no siempre era posible. En lugar de conformarse, decidió probar suerte por su cuenta. En 2012 fundó El Referente, un medio dedicado al emprendimiento y a las nuevas empresas, que con los años se ha consolidado como un espacio clave en el ecosistema start-up español. Lo interesante es que nunca se alejó del oficio: aplicó las herramientas del periodismo a un campo donde apenas existían referentes, combinando información económica, innovación y una mirada emprendedora.

Millán Berzosa, periodista, ejecutivo y consejero español / La Opinión de Murcia
Algo parecido ocurre con Millán Berzosa, periodista que terminó liderando la comunicación de Meta Platforms en España y Portugal hasta principios de 2023. Su recorrido ha pasado por la divulgación, la estrategia digital y la formación, hasta que poco a poco fue dejando atrás la redacción para acercarse al mundo tecnológico. En su caso, la adaptación no fue un giro brusco, sino un proceso natural. Aprendió a moverse entre medios, empresas y plataformas, manteniendo siempre un trasfondo periodístico en su metodología.
Ambos ejemplos apuntan a algo común: el periodismo no se ha agotado, pero su definición se ha hecho mucho más amplia. Quienes han sabido adaptarse comparten un perfil parecido: curiosidad por la tecnología, disposición a aprender de manera continua y una idea menos rígida de lo que significa informar. Muchos han encontrado estabilidad en proyectos propios, otros en comunicación corporativa o en la creación de contenido digital. En todos los casos, el punto de partida es el mismo: usar las herramientas del periodismo para seguir contando historias, aunque el formato y el contexto sean distintos.
El futuro inmediato parece moverse en esa dirección. Las nuevas generaciones de periodistas ya no se limitan a buscar un contrato en una redacción; crean podcasts, boletines, plataformas o comunidades. Las mismas herramientas que transformaron el mercado laboral han abierto, paradójicamente, un espacio de autonomía profesional. Y, aunque no todos los caminos aseguren estabilidad, demuestran que el periodismo, más que un empleo, puede seguir siendo una forma de entender el mundo y de contarlo, incluso desde lugares donde antes no se lo esperaba.
Mirada hacia el futuro del periodismo
El recorrido de los últimos años deja claro que el periodismo ya no es un oficio con un único camino. La vocación sigue siendo el impulsor, pero la realidad laboral exige más flexibilidad, más iniciativa y una relación distinta con la propia profesión. Las generaciones que están entrando al mercado lo hacen con un nivel de preparación alto y una visión más abierta.

Hombre mirando a través de un periódico / El País
El testimonio de los estudiantes y graduados refleja un mismo patrón. Todos comparten el deseo de ejercer el oficio con rigor, aunque el contexto no siempre lo facilite. Algunos se enfrentan a prácticas mal remuneradas o a contratos precarios, otros, a la incertidumbre de decidir entre seguir formándose o lanzarse al mercado laboral. Pese a ello, la mayoría coincide en algo: la pasión por informar y la voluntad de mejorar no han desaparecido, solo se están adaptando a un entorno distinto.
Esa capacidad de adaptación será, probablemente, el rasgo que defina al periodista del futuro. Como recordaba Álvaro Nieto: «Las actividades de los periodistas no pueden hacerlas las máquinas, porque el periodismo consiste en lograr la información que nadie tiene y publicarla». Su afirmación apunta al núcleo de la profesión: descubrir lo que otros intentan ocultar. Y aunque las herramientas cambien, esa función sigue siendo insustituible.

Mano de robot y mano humana a punto de tocarse / ADEPA
Quizá el gran desafío ya no sea conseguir el primer empleo, sino aprender a sostener una carrera en movimiento. El periodismo seguirá transformándose, pero su esencia, la de buscar la verdad, entender la realidad y contarla con honestidad, permanece intacta. Lo que cambia es el modo de hacerlo, y eso, en el fondo, también forma parte del aprendizaje.