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periodismo universitario en internet

Bienvenidos, no sometidos

En los últimos años hemos visto cómo las novatadas en los colegios mayores de Madrid, han perdido fuerza hasta el punto de casi su desaparición. Las cifras lo respaldan. El número de denuncias ha disminuido y muchos centros han sustituido estos “rituales” de iniciación por otras actividades de bienvenida. Todo esto demuestra que cuando las instituciones se toman en serio un problema, con protocolos, sanciones claras y campañas de concienciación, las cosas cambian. Y se cambia de verdad. 

Pero sería ingenioso celebrar una victoria total. Las novatadas no son solo un conjunto de prácticas puntuales: representan una cultura, una dinámica social basada en la jerarquía, la humillación encubierta y la presión por encajar. Por eso, aunque hoy ya no veamos a decenas de estudiantes realizando estas pruebas ridículas en la calle, el fondo del problema podría seguir vivo en formas más sutiles como comentarios, burlas, presión grupal, exclusiones o actividades que, sin ser oficialmente “novatadas”, mantienen la misma lógica. 

La generación actual es menos tolerante con estas prácticas, y eso es una buena señal. Sin embargo, ese miedo al rechazo, la necesidad de pertenencias y el poder invisible de los veteranos no se borrarán con un protocolo. Solo se transforman, y es ahí donde debemos mantener el foco. 

Erradicar las novatadas no solo consiste en prohibirlas, sino en repensar las estructuras sociales que las sostienen. Las universidades y colegios mayores han avanzado mucho, pero falta seguir educando en respeto, empatía y convivencia real. No basta con decir “di no a las novatadas”, hay que garantizar espacios donde un estudiante nuevo no se sienta obligado a demostrar nada para pertenecer. 

Es cierto, Madrid es hoy un lugar mucho más seguro para quienes llegan por primera vez a un colegio mayor. Pero la desaparición aparente de las novatadas no debe hacernos caer en la competencia. Si queremos que este progreso sea duradero, necesitamos seguir mirando de frente a las dinámicas de poder que permanecen en la sombra. 

Las novatadas están bajando sí. Pero el trabajo de erradicarlas, acaba de empezar.

Marta Cuesta (izquierda), Jimena Arranz (medio) y Lucia Garcia-Blanco (derecha) / Fuente propia

Marta Cuesta (izquierda), Jimena Arranz (medio) y Lucia Garcia-Blanco (derecha) / Fuente propia

 

Lucía García-Blanco Chávez, isleña de Tenerife y riojana, su sueño es trabajar en algo relacionado con el mundo del motor concretamente de la Fórmula 1. 

Marta Cuesta Sanz es una segoviana que va y viene a Madrid. Su objetivo es llegar a la televisión e informar por ese medio.

Jimena Arranz Bravo, viene de un pequeño pueblo de Segovia, vive en Madrid. Le gusta la política

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