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periodismo universitario en internet

Confidencias digitales con un desconocido

Confidencias digitales con un desconocido

La Inteligencia Artificial es una herramienta poderosísima y una realidad cada vez más presente en nuestro día a día. Una herramienta que ha abierto una puerta inesperada: se ha convertido en un espacio en el que desahogarse, pedir consejo o simplemente sentirse acompañado. Empezó como un recurso tecnológico y ha ido mutando en algo mucho más íntimo. Una reflexión que abordamos en el segundo reportaje en grupo.

Proyecto en el que conservamos con Kim Sumner, psicóloga especializada en ‘coaching’, que nos confirmó que la interacción emocional con las inteligencias artificiales ya no es una excepción, sino una tendencia en auge. Nos explicaba que las personas buscan inmediatez, disponibilidad las 24 horas del día, respuestas rápidas, sin juicio y sin vergüenza. Como si la tecnología se hubiera convertido en un confidente e incluso más que eso: en un espejo en el que nos sentimos reflejados pero no nos vemos, porque siempre es a través de una pantalla.

Alertar del riesgo de que una persona con un problema emocional real confíe más en un chatbot que en un profesional cuidado es el principal reto que enfrentamos como sociedad. Porque la ayuda emocional no es una respuesta automática: implica diagnostico, seguimiento, ética y, sobre todo, responsabilidad.

Y quienes son capaces de aplicar estas cuestiones sobre casos concretos, estudiados y personalizados son los profesionales de la salud, en cualquiera de sus versiones. La IA no es psicóloga, ni debería ejercer como tal. Su capacidad para acompañar emocionalmente nos confunde, planteando tanto un desafío como una oportunidad. Pero quizá el debate no sea si debemos o no prohibir ese uso, sino cómo educar a la ciudadanía para entender qué es lo que puede ofrecer la IA y aquello que nunca podrá sustituir: el vínculo humano.

Debemos dirigirnos a toda la sociedad -en especial a los jóvenes- con un objetivo: conseguir que levanten la mirada de las pantallas. Porque el mundo está fuera. Y la ayuda también. El entorno de las personas que enfrentan dificultades emocionales es clave en su recuperación. Ninguna IA puede reemplazar la mirada y la presencia de un entorno que es capaz de escuchar y sostener. Cuando alguien acude a un chat para desahogarse, muchas veces lo hace porque no encuentra en su círculo cercano el espacio o la confianza necesarios para hablar sin miedo. Y es ahí donde se revela el verdadero reto: regular cómo usamos la IA y fortalecer los vínculos entre las personas de confianza de quienes atraviesan un momento vulnerable. Para que el soporte humano siga siendo el cimiento de la ayuda. Siempre lo será.

Gonzalo Bowen, Lucía Civor y Luca Delfiore

BIOGRAFÍAS.

Lucía Civor. Soy una joven de 21 años de Reus, Tarragona, viviendo en Madrid desde hace cuatro. Siempre quise estudiar Periodismo. Ahora, tengo claro que quiero especializarme en comunicación política. Ser capaz de transmitir un mensaje a la ciudadanía y poder defender lo que piensa la sociedad es el mayor de los retos de un profesional de la comunicación.

Luca Delfiore. Soy un joven de 21 años de Reggio Calabria, vivo en Madrid desde los 3 años. El periodismo siempre me interesó y tengo claro que quiero dedicarme a la comunicación. Es por ello que he desarrollado los idiomas.

Gonzalo Bowen. Soy un joven de 22 años, nacido en Madrid. Mi primera opción era periodismo o relaciones internacionales, me decante por periodismo y decidí que me gustaría dedicarme a la comunicación corporativa.

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