Pages Navigation Menu

periodismo universitario en internet

No puede haber dos Suizas

Micrófono de cristal, trofeo de Eurovisión | RTVE

Micrófono de cristal, trofeo de Eurovisión | RTVE

Eurovisión se creó con la meta de unir Europa por medio de la música, para celebrar la diversidad cultural y fomentar un espíritu de armonía más allá de las fronteras. No obstante, en años recientes el concurso se ha transformado inevitablemente en un terreno donde aprecian las tensiones políticas. La presencia de Israel destaca entre los ejemplos mas controvertidos, claramente por lo artístico de sus propuestas, si no por el contexto geopolítico que la rodea y la manera en que el festival y la Unión Europea de Radiodifusión UER miran hacia otro lado.

Está claro que ningún país llega a Eurovisión libre de sus acciones políticas; la música, aún cuando intenta ser ajena a ello, jamás lo logra del todo. Sin embargo, en el caso de Israel resulta especialmente difícil separar la actuación musical de la situación en la que el país está envuelto, marcada por conflictos armados, denuncias internacionales y acusaciones recurrentes de vulneración de derechos humanos.
Consentir su participación sin miramientos, ni condiciones, lanza un mensaje confuso. Se requiere neutralidad política para artistas y delegaciones, y aun así, se permite que un Estado envuelto en un conflicto que pasará a la historia por las vidas que se ha cobrado aproveche el escaparate «eurovisivo» para lavar su imagen ante millones de espectadores.

El tema no es musical, es más bien ético. El festival presume de valores como la inclusión, la paz y el respeto, evitando al mismo tiempo hablar de realidades que chocan con esos ideales. Esta incongruencia daña la credibilidad de Eurovisión y genera descontento entre su público, que tiene termina sacando como conclusión que participan dos Suizas: el país y la organización por no pronunciarse.

Esta situación es insostenible. Eurovisión debería, al menos, abrir un debate sobre los límites de su neutralidad. Si el festival quiere mantener su prestigio y su esencia, necesita ser coherente con los valores que dice defender.

De izquierda a derecha: Belén Avendaño, Paula Beltrán y Bruno Poblador; frente a la fachada de la Facultad de Ciencias de la Información, de la Universidad Complutense de Madrid | Selfie propio

De izquierda a derecha: Belén Avendaño, Paula Beltrán y Bruno Poblador; frente a la fachada de la Facultad de Ciencias de la Información, de la Universidad Complutense de Madrid | Selfie propio

Belén Avendaño: comunicadora todo-terreno. Amante de los retos, la poesía y las relaciones públicas. Aspira a cubrir la actualidad sin ningún tipo de framing y con una sonrisa.

Paula Beltrán: periodista en ciernes. Enamorada del arte, y más concretamente, de la música. Un café, bien acompañada de una conversación interesante o de un buen libro, es todo lo que necesita.

Bruno Poblador: amante del buen cine y del fútbol. Le encanta viajar, pero no cambio por nada del mundo un paseo por su Madrid. ¿Meta profesional? Aspira a ganarse la vida redactando o en las ondas.

Leave a Comment

Your email address will not be published. Required fields are marked *