El retorno de la espiritualidad en la Generación Z: un refugio en la incertidumbre

Los jóvenes y la religión / Pinterest.
El resurgimiento del interés por la espiritualidad entre la Generación Z es un fenómeno sociológico que desafía las narrativas de secularización total. Lo que parece un simple análisis (del 9% en 2009 al 15% en 2025), en España hay un claro incremento de jóvenes católicos practicantes. Aumentos que no son una casualidad, sino un síntoma de una profunda necesidad generacional.
Más allá de la nostalgia, como lo denominaron los conservadores, el “costumbrismo religioso” y esa nueva aesthetic que rompe con lo esperado. Envuelta en fe y ancaldad en la inestabilidad, que define la experiencia de esta generación. Enfrentados a la precariedad, la crisis climática y la sensación de vivir agónica y un paso del tiempo palpable. Los jóvenes buscan nuevas alternativas, un consuelo ante la incertidumbre como apunta el sociólogo Joseba García. La religión se convierte en ese viejo conocido, una figura capaz de arroparlos y protegerlos.
La cultura popular, especialmente por su presencia en redes sociales es uno de los soportes con mayor influencia en los jóvenes. Esto ha provocado que las formas de predicar al igual que expresar la fe se hayan transformado. Ahora, la religión es más accesible que nunca por los influencers que no solo cuentan sus experiencias en las redes, sino que también hacen uso de una estética en concreto para representar sus creencias. Una estética tan llamativa que apela al estilo de vida, de vestir e incluso de relacionarse y genera la necesidad en la juventud de unirse. Lo mainstream parece estar rebosando de referencias al catolicismo desde la música con Rosalía, una de las artistas del momento, y su álbum “LUX” hasta el mundo cinematográfico que ha premiado películas cuya trama se centra en la creciente fe en los más jóvenes con Los domingos de Alauda Ruiz de Azúa.
La Generación Z no está volviendo a la fe de sus abuelos, está creando su propio marco, una narrativa adaptada para esa realidad tan caótica. En un presente donde las respuestas materiales escasean, la fe ofrece una explicación y una esperanza eterna. Realmente, como lo ha hecho siempre. No es un retorno al dogma tradicional, es la búsqueda pragmática de paz y sentido en medio de la tormenta.
Equipo de redacción

Equipo de redacción: Andrea Rodríguez y María Fernández / Foto por Camila Torres.
Música, maquillajes divertidos y una obsesión casi enfermiza por las sitcoms. María es estudiante de periodismo, bueno, está acabando. No quiere admitirlo pero está asustada porque María, sobre todo, es miedo e incertidumbre. Nació en Madrid aunque ha vivido la mayor parte de su vida en Alcalá de Henares, la cuna de la literatura de este país, por eso quizá es tan dramática. Es lo que es gracias a sus amigas y su familia, es un mosaico de experiencias. No ha viajado mucho pero tiene claro cuál es su ciudad favorita: Granada. Tiene 21 años y le encantaría pasar los siguientes 20 si es posible entregada a la profesión. Con un nombre que podría tener cualquier española promedio, María Fernández no para de ir a conciertos en vivo, trabaja en una cafetería y cuando le queda algún minuto en ese caótico día escribe. Es vegetariana aunque confiesa haber comido un poco de salmón durante el año, ahora bebe más café del que debería. Quién sabe dónde o cómo, a María aún le queda mucho por ser.
Nacida en un pequeño pueblo en medio del Atlántico, Andrea creció disfrutando de los bosques verdes y el mar bravo del norte de Tenerife. Con 17 años decidió que necesitaba un cambio en su vida. Lanzándose a lo desconocido, quería estudiar en Madrid, y lo consiguió. Empezó en la radio universitaria con una sección centrada en el misterio, leyendas e historias al más estilo Al Capone y Bonnie y Clyde. Al poco tiempo se convirtió en una de las coordinadoras de ‘Hay Alguien Ahí’, el magacín cultural de mayor duración de Inforadio UCM. Apasionada por los libros, escribir, y aventurera como aquella adolescente que se mudó sola a la gran ciudad, sabe que si bien el futuro es incierto, tiene claro sus objetivos: descubrir el mundo, devorar todos los libros habidos y por haber, y dedicarse a aquel mundo que ha sido su espacio seguro desde que era pequeña.