La industria del cuerpo en tiempos de Streaming

Aplicación para adultos Onlyfans / Fuente: Onlyfans
Para algunos, Onlyfans ha llegado a ser un símbolo de empoderamiento en la cultura digital, mientras que para otros representan la explotación. La plataforma, que fue creada en un principio para contenido exclusivo de cualquier clase, se ha transformado en una zona donde numerosas personas comercializan directamente, de manera personalizada y sin intermediarios, material sexual. Esto ha llevado a que muchos digan que es una “nueva manera de prostituirse”, aunque vale la pena reflexionar más matizadamente acerca del término y sus implicaciones.
Onlyfans, a diferencia de la prostitución tradicional, suprime, por lo menos superficialmente, ciertos peligros físicos relacionados con el trabajo sexual. No hay encuentros presenciales tan frecuentes o proxenetas en el sentido clásico. No obstante, esto no quiere decir que el modelo esté exento de dificultades. La competencia feroz, la dependencia económica que se crea y la presión para elaborar contenido explícito pueden llegar a ser mecanismos de control tan fuertes como cualquier tipo de explotación tradicional.
El mito de enriquecerse fácilmente está muy alejado de la realidad. La mayoría de los creadores no obtienen cantidades millonarias de dinero y acaban invirtiendo muchas horas en responder mensajes, cumplir con exigencias cada vez más intrusivas o mantener las suscripciones. En un sistema que recompensa la exposición extrema y penaliza la privacidad, la autonomía aparente puede desvanecerse.
Por otra parte, sería una actitud paternalista no tomar en cuenta la agencia de aquellos que deciden usar la plataforma de manera libre. Para gran cantidad de individuos, OnlyFans es una vía legítima de ingresos y una manera de manejar su propio contenido, algo que hace unos pocos años era impensable. Cuando la elección ocurre en circunstancias de precariedad, ausencia de oportunidades o presión social, se vuelve impreciso el concepto de “decisión libre”.
Onlyfans no es solo una versión digital de la prostitución; es un reflejo de nuestra sociedad, de sus desigualdades, de su relación con el cuerpo en términos de consumismo y del vacío regulatorio que todavía persiste en el trabajo sexual online. El debate tiene que trascender el juicio moral y centrado en la dignidad, la libertad real y la protección de los involucrados.

Integrantes del Grupo 8: Mateo Basanta Martínez, Blanca Villatoro Corraliza y Sofía Alejandra Díaz Landin / Fuente: Variación XXI
Blanca, una joven de 21 años apasionada por el periodismo, destaca por su curiosidad incansable y su fuerte inclinación hacia la investigación. Le apasiona descubrir la verdad detrás de cada historia.
Mateo, amante de la comunicación con un marcado enfoque en la cultura y la investigación. Le guía un interés constante por comprender cómo narramos lo que vivimos y qué significados construimos. Destaca por elaborar contenidos claros, honestos y sustentados en una mirada crítica.
Sofía, nacida en Ibiza y estudiante de Periodismo en Madrid, se ha especializado en la industria musical desde su primer año de carrera. Ha cubierto conciertos y eventos para distintos medios y aspira a crear su propia agencia de comunicación en el futuro.