Esta es la historia de los scouts: del primer campamento en Inglaterra a España

Excursión de castores de scouts.Foto de Pablo Gracia (monitor scout)
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Desde sus orígenes con Baden-Powell, pasando por el desafío de la dictadura franquista, el movimiento scout nace como una respuesta de paz y solidaridad en un mundo en guerra
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De sus orígenes militares a su expansión mundial: la historia del escultismo, su impulso a la igualdad y su resistencia frente a prohibiciones en dictaduras como la franquista
A todo el mundo le viene una imagen a la mente cuando la palabra “Scout” aparece en una conversación. Un niño, de entre unos ocho y diez años, con un pañuelo alrededor de su cuello, portando una considerable cantidad de insignias. Los llamados “boy scouts”. Sin embargo, la realidad de este grupo es muy distinta y posee una historia que se retoma más allá del fin de la Primera Guerra Mundial.
Robert baden-Powell, el padre del movimiento Scout
A día de hoy, los scouts son reconocidos mundialmente por su búsqueda de valores, paz y solidaridad. Pero su historia no empieza ahí.
Robert Baden-Powell fue un coronel del ejército británico, y participó en la defensa de la ciudad sudafricana de Mafeking en la Segunda Guerra Bóer.
Durante este asentamiento, que duró siete meses, Boden-Powell contó con un batallón de cadetes entre 12 y 15 años, que se encargaron de transmitir mensajes, curar a heridos y vigilar los movimientos del enemigo. El coronel observó a lo largo de esos meses, el coraje y potencial de estos niños, y le surgió la idea de explotar estas capacidades en tiempos de paz. El nacimiento del escultismo.
En 1907, Baden-Powell organizó el primer campamento scout, de carácter experimental, en Inglaterra. Reunió a 20 chicos de entre 11 a 18 años, de diversas clases sociales, para poner en práctica el modelo de enseñanza que había empezado a crear a medida de las características que había observado en el asedio durante esos siete meses. El campamento fue un éxito, y al año siguiente, publicó Scouting for Boys, una serie de publicaciones donde se explicaban consejos y herramientas para que los chicos se aventuraran a la exploración de la naturaleza, al mismo tiempo que se defendía los valores de la solidaridad y fraternidad universal como pilar fundamental. Esta publicación fue un éxito inmediato: vendió 100 millones de copias y se tradujo a 5 idiomas. Para 1909 ya había causado tanta fascinación que originó un movimiento que adoptó rápidamente el nombre de The Boys Scouts.

Fuerte scout. Foto de Pablo Gracia (monitor scout)
El movimiento traspasa barreras de género: El nacimiento de las Girls Scouts
Este movimiento estaba dirigido únicamente a chicos jóvenes, excluyendo a las niñas en su participación. Sin embargo, debido a su gran éxito, cada vez más niñas estaban interesadas en participar en este movimiento.
Así, en 1910, Robert Baden-Powell fundó las Girls Guides, bajo el liderazgo de su hermana, Agnes Baden-Powell .
De este modo se inauguró el guiaje, el movimiento hermano del escultismo que incluía a las chicas y mujeres del mundo en el Movimiento Scout.
Los scouts en la España franquista
Durante los tiempos de entreguerras, el movimiento scout fue floreciendo, menos en los países con un régimen totalitario, entre ellos Alemania, Italia, la Unión Soviética, y España.
Los scouts aparecen en España en 1933, de la mano del capitán de caballería Teodoro de Iradier Herrero.
Durante la Guerra Civil Española, estas agrupaciones scouts trataron de sobrevivir, teniendo en ocasiones garantías por parte de las autoridades al poseer el carnet de scout o, dificultades en otras. Sin embargo, estos jóvenes siempre trataron de colaborar en tareas humanitarias, siguiendo su modelo de enseñanza, ayudando en colonias infantiles y en la Cruz Roja.
Con el establecimiento del régimen franquista, su situación se volvió delicada, ya que el Estado buscaba el control de los niños en el Frente de Juventudes y el de las niñas en la Sección Femenina. Al no querer perder el control de las nuevas y juventudes, España se unió al grupo de regímenes que prohibieron las actividades de escultismo.
No fue hasta 1977 que el movimiento scout de España recuperó su personalidad jurídica y, al año siguiente la Federación de Escultismo Nacional reingreso en la Conferencia Scout Mundial.
Scouts por España
En la actualidad España tiene dos asociaciones principales diferenciadas de Scouts. La Asociación Scouts de España, ASDE , y el Movimiento Scout Católico, MSC. A parte existen algunas asociaciones más pequeñas y regionales como pueden ser Acció Escolta de Catalunya o Minyons Escoltes i Guies Sant Jordi de Catalunya.
«Es un compromiso tanto personal como humano», explica Lucía Domínguez, miembro del Grupo Orión . «Desde pequeños aprendemos distintos valores que nos forman como personas; ser scout es mucho más que saber acampar o encender un fuego, es aprender a ser mejor persona cada día».
El Grupo Orión pertenece a ASDE, por lo que sus valores y enseñanzas se centran en cuatro compromisos fundamentales: social, ambiental, salud y espiritual. Mientras que la MSC posee una enseñanza basada en los valores cristianos: un programa educativo de carácter integral para formar hombres y mujeres libres, críticos y comprometidos con su fe, abiertos a los demás, compasivos y capaces de vivir en sociedad.
La pérdida de identidad, el gran problema de estos grupos
Las unidades scouts se dividen entre grupos de edad: Castores ( entre seis a ocho años), Lobatos (entre nueve a once años), Rangers (entre doce a catorce años), Pioneros (entre quince a diecisiete años), y por y por último los Kraal, los monitores, que empiezan con esa labor al cumplir la mayoría de edad.
Al empezar la universidad se empieza a ser monitor, por lo que la responsabilidad del grupo recae entre personas de entre dieciocho a veintidós años. O al menos ese debería ser el caso. El problema de estos grupos, es la sobre dependencia que se crea en numerosas ocasiones, impidiendo el ciclo natural de relevo.
«Cuando empecé a ser monitor, habían personas que tenían veintiséis o veintiocho años que seguían ahí», relata Pablo Gracia, miembro del Grupo Claret , «Estas personas salían a los mismos sitios que nosotros, nos invitaban a fiestas; vivían la misma vida que chavales de dieciocho o diecinueve años pero con casi treinta».
Tanto Pablo como Lucía admiten la dificultad que han sentido entre sus compañeros por decir adiós al grupo. «Estas son las personas con las que llevas conviviendo semana tras semana, verano tras verano desde que tenías seis años. Es difícil dejar atrás esto y convertirte en un adulto hecho y derecho».