Rugby femenino en Italia: entre éxitos y discriminación machista

El rugby en Italia
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Un deporte en crecimiento
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La visibilidad mediática como puente hacia la igualdad
El rugby femenino en Italia representa una historia de crecimiento constante, sacrificio y determinación. En un País donde este deporte tiene raíces menos profundas en comparación con otros países como Inglaterra, Nueva Zelanda y Francia, en los últimos años el movimiento femenino ha conseguido emerger con fuerza incluso teniendo que enfrentarse a los prejuicios de género y a una cobertura mediática no siempre adecuada o a la altura de las jugadoras. No obstante, poco a poco, gracias a resultados exitosos, iniciativas sociales y primeras aperturas de los medios de comunicación, se está empezando a construir una nueva imagen de este deporte en su sector femenino.
Un comienzo lento pero en continuo crecimiento
A finales de los años setenta del siglo XX, un movimiento de rugby femenino nació en Italia en la región del Veneto, en el noreste del país. El primer partido oficial se jugó en 1980 y este marcó el comienzo de una nueva era para el rugby femenino italiano, ya que, cinco años más tarde, culminó con la institución del primer campeonato del sector femenino.

Primer partido de rugby femenino certificado en Italia, Treviso
En los años siguientes, Italia siguió creciendo en el panorama internacional del rugby femenino llegando a consolidar su presencia en un deporte tradicionalmente considerado masculino.
A partir de 2010 el rugby femenino italiano se encuentra en una fase de desarrollo silencioso pero constante. Las jugadoras aumentan, los equipos juveniles se multiplican y la Federación Italiana Rugby (FIR) pone en marcha los primeros pasos estructurales para sostener las categorías femeninas.
El gran avance llega en 2014, cuando el equipo nacional femenino consigue formar parte del Women’s Six Nations, la categoría femenina del torneo Seis Naciones, uno de los más antiguos y prestigiosos del mundo que se disputa anualmente en Europa entre Inglaterra, Escocia, Gales, Irlanda, Francia e Italia. De esta manera, las jugadoras italianas entraron a formar parte de las grandes potencias europeas de rugby. A pesar de que la cobertura mediática del torneo fuera limitada, la transmisión de los partidos en streaming en la página web federal representó una primera importante señal de apertura.

Copa del Mundo 2025, equipo de Italia
Hoy en día, a pesar de los éxitos que sigue logrando cada año el rugby femenino -el más reciente: la participación en la Copa del Mundo de 2025-, las niñas y chicas que deciden practicar este deporte en Italia se tienen que enfrentar a diario con una serie de discriminaciones machistas que se traducen tanto en prejuicios y estereotipos como en una general falta de oportunidades.
Esta disparidad no es una casualidad: tiene sus raíces en una cultura deportiva todavía muy caracterizada por los estereotipos de género, donde el rugby se percibe como un deporte “para hombres”. Dicho prejuicio reduce el espacio narrativo reservado a las mujeres y limita su posibilidad de convertirse en modelos reconocidos a nivel nacional e internacional por las nuevas generaciones.
Disparidad de oportunidades

Las chicas mientras juegan
“Cuando unos chicos descubrieron que yo también jugaba al rugby comentaron diciendo que era bueno que había mujeres que practicaban su deporte, como si fuera un deporte sólo para ellos, sólo para hombres” comenta Alessandra Corsini, jugadora de la serie A élite, el máximo campeonato femenino en Italia.
“Yo empecé a jugar al rugby con 11 años casi por casualidad y me enamoré enseguida de este deporte. Con esa edad, los niños y niñas jugábamos juntos y teníamos todos más o menos las mismas capacidades, así que no se notaba todavía una gran diferencia entre nosotros. Sin embargo, después de diez años jugando, puedo decir que la diferencia de trato es evidente tanto en la visibilidad mediática como en las oportunidades que se les reservan a los chicos”.
El rugby femenino en Italia representa una realidad en continuo desarrollo gracias a esas atletas que, con pasión y sacrificio, están reescribiendo la percepción de este deporte en nuestro País. A pesar de los logros obtenidos en los últimos años — entre resultados internacionales relevantes y un aumento significativo de las jugadoras — la visibilidad mediática sigue siendo uno de los obstáculos principales para el reconocimiento pleno.

CUS Milano Rugby
“La actual situación del rugby femenino en Italia se encuentra en una fase evolutiva”, afirma Carlo Ferino, entrenador del CUS Milano, equipo de la serie A élite al que pertenece Alessandra, “Seguramente existe una pequeña progresión en la atención por parte de los clubes y del mundo de los medios de comunicación; no obstante, es un incremento todavía muy limitado, distinto del que se le da al rugby masculino”.
Las jugadoras “azules” demostraron en más de una ocasión su valor en el campo y llegaron a alcanzar importantes metas en los torneos europeos y en el Seis Naciones. Sin embargo, frente a estos éxitos, la cobertura periodística y televisiva se queda limitada en comparación con la que se le reserva al rugby masculino. Los partidos de las mujeres se transmiten en horarios marginales, tal vez limitadas al streaming o a breves artículos de prensa; en cambio, los hombres gozan de amplias profundizaciones, servicios exclusivos y una atención constante por parte de los medios.

Nacional femenina italiana
Andrea Corsini, ex entrenador de la categoría Under 16 del equipo Rugby Orio, explica que la visibilidad que tiene el rugby femenino italiano es prácticamente nula, ya que, a diferencia de otros países como Francia e Inglaterra, en Italia este deporte queda todavía bastante desconocido. “En septiembre se jugó en Inglaterra la Copa del Mundo de rugby femenino y los estadios estaban llenos, pero si los partidos se hubieran jugado en Italia, probablemente, la afición no hubiera sido la misma”, afirma.
Corsini explica también que la primera gran diferencia reside en que, en Italia, no existe el concepto de profesionalismo femenino en el rugby, sino que es una condición que se le reserva solo a los hombres. “En Italia no existe el profesionalismo femenino. Si no me equivoco, hoy en día, solo en Inglaterra y, tal vez, en Francia existe el concepto de jugadora de rugby profesional. Al no existir en nuestro país, aquí las perspectivas de carrera deportiva para las chicas son muy limitadas”.
La falta de oportunidades a la que se tienen que enfrentar a menudo las chicas que deciden practicar este deporte les impide también desarrollarse a pleno profesionalmente.

Equipo Pink Rockets
Laura Barachetti, ex compañera de equipo de Sveva, se mudó a París para empezar a jugar con Pink Rockets, el equipo de élite femenino de la capital francesa que la había convocado previamente.
“Aquí en Francia los clubes de la primera liga masculina tienen un presupuesto de miles de euros y esto les permite tener acceso a gimnasios y campos mucho más modernos y equipados que los que utilizamos las chicas”, explica Laura, “Igual nosotras recibimos una pequeña ayuda con el alojamiento y el transporte, pero nada que ver con ellos, y esto se debe mucho también a la poca visibilidad que se le da al rugby femenino”.
En cuanto a la diferencia de oportunidades deportivas profesionales que sufren las jugadoras italianas, Barachetti cuenta que, en Italia, las academias de alto rendimiento de rugby existen solo para el sector masculino. “Los mejores jugadores de entre 15 y 18 años tienen la oportunidad de vivir en estas academias durante tres años en las que se entrenan mucho y se preparan para jugar como profesionales, mientras que para las mujeres no existe esta opción”. En cambio, en Francia, hay centros de alto rendimiento para mujeres también.

Las chicas en el campo
Tal y como explicaba Andrea Corsini, Laura también afirma que las mujeres no suelen cobrar como jugadoras profesionales; sin embargo, en el caso de que sí, ellas ganan mucho menos que sus compañeros hombres, lo cual las obliga a compaginar la actividad deportiva con otra que les garantice unos ingresos estables para vivir.
A pesar de las mejoras que todavía quedan por hacer, el rugby femenino en Italia ha cumplido un largo recorrido a partir de sus humildes orígenes en los años ‘80 hasta los éxitos internacionales de los últimos años.
Carlo Ferino explica que la Federación Italiana de Rugby (FIR) se ha dado cuenta de la continua expansión de la categoría femenina y, por esto, empezó a invertir más en ella con el objetivo de seguir este cambio. “Sin embargo, es un proceso que necesita tiempo para realizarse”, concluye.
Iniciativas actuales y perspectivas futuras
Gracias al creciente apoyo de la Federación y al interés por este deporte en el país, el rugby femenino en Italia mira con confianza hacia el futuro con el objetivo de lograr cada vez más éxitos y una mayor visibilidad internacional.

“Woman en rugby” – campaña de sensibilización
Junto con los éxitos deportivos, en los últimos años se está desarrollando con fuerza el trabajo para combatir los estereotipos de género que rodean el rugby. En 2023, de hecho, la FIR puso en marcha el proyecto “Woman in Rugby”, que involucra escuelas, estudiantes y testigos con el objetivo de sensibilizar a las nuevas generaciones acerca de la igualdad en el deporte. A través de encuentros con las jugadoras y presentaciones del juego, niñas y chicas consiguen acercarse a un mundo tradicionalmente considerado masculino.
Todas aquellas deportistas que tienen que enfrentarse a diario a prejuicios y estereotipos por el simple hecho de practicar un deporte socialmente no considerado “apto” para ellas son un gran ejemplo que sigue inspirando a generaciones futuras de jugadoras.
El prejuicio que considera el rugby un deporte “demasiado físico” emerge todavía en los comentarios online y, a pesar de que no se registran escándalos nacionales de gran relevancia, sigue habiendo testimonios de atletas que hablan de episodios aislados de discriminación en los clubes.

El equipo al final del partido
Gracias a la resiliencia y determinación propias de las jugadoras, ellas siguen luchando para promover la idea de que no existen deportes solo “para hombres” o solo “para mujeres”, sino que lo más importante es amar lo que uno hace independientemente de la opinión que los demás tengan al respecto.
El camino hacia una completa igualdad es todavía muy largo y para alcanzar una auténtica igualdad son necesarios más recursos económicos, una mejor y constante cobertura mediática, más reconocimiento institucional y, sobre todo, un cambio cultural profundo.
Solo así el rugby femenino podrá liberarse definitivamente de la sombra de la discriminación machista y recibir, tanto dentro como fuera del campo, la consideración, atención y visibilidad que se merece.