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Opar: la particular librería que se encuentra en un piso en Madrid

Librería, literatura, terror, Madrid

Interior de la librería Opar / Andrea Ramón

  • Opar: la librería madrileña escondida en un piso que guarda el mayor tesoro de Valdemar

  • Un refugio literario en Calle Alcalá: así es la singular librería Opar y la pasión de Alfredo Lara

Cuando llegas a las puertas de Calle Alcalá 94 no hay casi ninguna indicación de que ese complejo de pisos es diferente a cualquier otro. Encima del telefonillo un pequeño cartel dice: “Librería Opar , 2º Izquierda”. Al entrar, a través de unas escaleras de madera circulares, llegas a la librería Opar. 

Opar es lo que su dueño, Alfredo Lara, llama “una librería clásica”. Tiene suelos y estantes de madera, una alfombra, se ven los tomos de los libros. Antiguamente, la librería también contenía un gato siamés que el librero describe como “un trozo de pan”. “Esto podría ser la biblioteca de una casa privada, no tiene grandes carteles solo un tablero con novedades”, comenta Lara.  

Es que esta particular librería, oculta a plena vista, es hogar de una extensa colección de la editorial Valdemar, entre otras editoriales en el ámbito del terror, la ciencia ficción o incluso el western. 

Los orígenes de Opar 

Alfredo Lara se enamoró de la literatura cuando era un niño. Sus padres tenían una amplia biblioteca que incluía las novelas de Julio Verne y Edgar Rice Burroughs. En casa de sus abuelos en Zamora también estaba Karl May o incluso Benito Pérez Galdós. “Me gusta el terror, pero también me gustan sobre todo las novelas de aventuras, la literatura infantil y juvenil o la literatura de humor en general o el ensayo”, declara. 

Más adelante, le ofrecieron trabajo en la cuesta de Moyanos como ayudante después de frecuentar la localización como coleccionista. Luego, le llegó la posibilidad de hacer la feria del libro con la editorial Valdemar. “La gente nos preguntaba dónde podía comprar los libros de Valdemar el resto del año”. 

Valdemar se encontró en múltiples librerías, pero sólo un par de libros de su catálogo. Por lo tanto, Lara decidió abrir una librería que contuviera gran parte de las colecciones Valdemar. La librería comenzó a pie de calle, pero después se trasladó al antiguo piso de sus padres. “Era muy grande, mi padre era médico y tenía una zona dedicada a la consulta aislada del resto de la casa”. Para terminar en el piso donde se encuentran en la actualidad. 

 

El contenido de la librería: más allá del terror 

Cerca del 70% del catálogo proviene de la editorial Valdemar. El resto se completa con sellos con las que mantiene lazos editoriales o afectivos, como Diábolo, donde dirige una colección de “novelas de capa y espada”, o Barzun, especializado en clásicos de aventuras. También es muy fanático de las novelas de John Connolly y Adrian Goldsworthy: “Las tengo porque sí, por placer y la recomiendo siempre que puedo”. 

Valdemar lleva casi cuatro décadas en funcionamiento desde que dos apasionados del terror, Juan Luis González Caballero y Rafael Díaz Santander la fundaron. Comenzó con antologías y con el tiempo consolidó colecciones emblemáticas como “Gótica” o “Club Diógenes”. Amplió su catálogo hacia los clásicos universales y la literatura infantil y juvenil. Hoy conviven en su fondo autores tan dispares como Marcel Proust, Joseph Conrad, AA Milne o James Barrie, junto a ensayos y westerns. “A veces se les encasilla injustamente como solo terror”, dice Lara, “pero han editado desde Sherlock Holmes hasta Winnie the Pooh ”.

La librería también funciona como una extensión de los gustos personales de su dueño y de las relaciones que ha cultivado en el sector. Lara trae novelas de autores que admira e intenta conseguir los títulos que le piden sus clientes, siempre que la logística de una librería pequeña lo permite. La selección final responde a una mezcla de afecto, curiosidad literaria y complicidad profesional. “Para que un libro acabe aquí es o relación de simpatía y amistad o que me guste mucho literariamente”. 

Para Alfredo Lara el libro también es un objeto y por lo tanto tiene que estar bien hecho. “Puedes reproducir una composición musical en un arpa, en un walkman andando por la calle o en un buen concierto. El hecho cultural es distinto”. “Hay gente a la que le gusta leer y no le importa el soporte, hay gente a la que le gusta leer y le gustan los libros”. 

Los clientes de Opar  

Opar no tiene redes sociales o página web. Alfredo Lara afirma que los lectores suelen encontrar la librería mediante las páginas de las editoriales con las que colaboran, por recomendaciones directas oa veces por la Feria del Libro. Lara describe a su clientela como “aficionados a la literatura con cierto nivel de innovación o clasicismo”, pero asegura que “no es que no nos gusten los bestsellers , es que se encuentran en cualquier sitio”. 

Para el librero los lectores que acuden al establecimiento son lo mejor del trabajo. “No son clientes, son colegas de gustos. A parte de que acabo conociendo a editores, escritores y dibujantes”. De hecho, el día que se realizó la entrevista con Alfredo, el ilustrador Oliver Díaz se encontraba en la librería firmando copias de una colección de Bécquer que ilustró para Valdemar. “Conozco a mucha gente a la que le gusta leer y disfruto hablando con ellos de libros, ellos me recomiendan, yo les recomiendo, es el motivo por el que sigo teniendo la librería”. 

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