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periodismo universitario en internet

La emoción que traspasa pantallas hasta llegar al corazón

Un periodista narrando un partido desde la grada

Un periodista narrando un partido desde la grada

  • El deporte es un idioma universal, y para contarlo se creo el periodismo deportivo, pero hay muchas formas de ejercer este tipo de periodismo

  • La narración es una de las funciones más complicadas dentro del periodismo deportivo, ya que exige una gran responsabilidad al ser en directo

El deporte mueve masas, enamora a la gente, atrae, emociona… Es un idioma universal. Para muchos, una pasión. No obstante, mucha gente no puede ver el partido en directo, el evento , la carrera o simplemente no se lo puede permitir. Para eso, unas personas son las que permiten que el deporte llegue a todo el mundo, reflejar como está siendo el juego como si estuvieras en el estadio, en el pabellón, en el circuito. Estas son los comentaristas, y más en concreto, los narradores y narradoras.

La función del narrador es importante, ya no sólo en el deporte. ¡Qué sería de las novelas sin un narrador! O salvando las distancias, ¡qué sería de las películas sin su banda sonora, sin su música! Pues es lo mismo con esto: ¡qué sería de un gol sin un narrador “cantándolo”! La emoción se reduciría y, mucha gente abandonaría una afición, porque ya no estaría la persona que transmite lo que ocurre en vivo.

Un homenaje

En VariaciónXXI, hemos querido hacer un homenaje al periodismo deportivo y a los narradores y narradoras que han marcado épocas. Por eso, en este artículo encontraréis la historia de este tipo de periodismo, las claves para llegar a ser un gran profesional, ejemplos a los que mirar y de los que aprender, y momentos (tanto positivos como negativos) en la narración deportiva.

El origen

Aunque hoy resulte habitual encontrar secciones dedicadas al deporte en cualquier medio de comunicación, no siempre fue así. Antes de que este tipo de información tuviera un espacio propio, tuvo que producirse un cambio social profundo que llegó con la Revolución Industrial. Fue en el siglo XIX cuando, gracias a los avances técnicos y a la transformación de la vida cotidiana, comenzaron a aparecer las primeras noticias centradas exclusivamente en actividades deportivas.

A medida que las jornadas laborales se acortaban y el ocio dejaba de ser un privilegio reservado a las clases acomodadas, el deporte empezó a atraer a un público cada vez más amplio. Este nuevo interés social coincidió con la posibilidad de imprimir y distribuir contenido de manera más rápida y económica, lo que sentó las bases para un periodismo especializado.

En este contexto, en 1852 vio la luz Sportman, considerado el primer periódico dedicado íntegramente al deporte. Sus periodistas, que hasta entonces trabajaban en secciones de carácter general, tuvieron que adaptarse y profundizar en un campo informativo que todavía no contaba con estudios específicos. La práctica diaria fue, por tanto, su principal escuela, y con ella se consolidó una tendencia que pronto cruzaría fronteras.

La expansión de este tipo de publicaciones no tardó en llegar a otros países. Francia abrió camino con Le Sport, fundado en 1854 por Eugene Chapaux. Estados Unidos se sumó más tarde: en 1895, The New York Journal incorporó noticias deportivas —sobre todo relacionadas con las carreras de caballos—, contribuyendo así a la difusión de este nuevo enfoque informativo.

Hoy en día, esa evolución continúa con los comunicadores digitales y el llamado periodismo 2.0, que siguen ampliando una historia que empezó junto a la propia prensa moderna y que continúa desarrollándose a nivel global.

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Portada de “la Jornada Deportiva” / Reporters Grafics

En el caso concreto de España, el primer diario del que se tiene constancia se enfocaba en la caza. El Cazador salió en Cataluña en 1856, pero pronto surgieron otros relacionados con otras disciplinas, como La Velocipedia (1892) —realizado por periodistas enfocados en el ciclismo—, o Hipódromo Cómico (1883). En 1967 se lanzó el que sería uno de los periódicos más populares del país, el AS, que sigue publicándose hoy en día.

La televisión, uno de los medios más consumidos actualmente, se estrenó en abierto en Norteamérica con emisiones de béisbol y boxeo. En nuestro país, la historia del periodismo deportivo en su vertiente más futbolera comenzó en 1954.

Con los tres medios de comunicación principales y la llegada de las nuevas plataformas e internet, han surgido nuevas formas de hacer periodismo, por lo que esto se ha visto también reflejado en el contenido sobre deporte. Los creadores de contenido o podcasts están a la orden del día, y la persona que se quiera informar sobre deporte va a poseer muchas formas de conocer más sobre este. Aunque las redes sociales copen lo más alto porque vivimos en un mundo inmerso en la inmediatez, la TV, la radio y los periódicos de ámbito deportivo siguen manteniendo su importancia.

El arte de narrar

Cuando no hay imagen, o cuando esta es incompleta, emerge una figura esencial para comprender y experimentar plenamente un acontecimiento: el narrador. El narrador guía al espectador u oyente a través de su voz; es un hilo conductor que no solo informa, sino que también hace sentir. 

En el deporte es un pilar fundamental para trasladar toda la emoción que este transmite: añade ritmo, información y contexto. El narrador tiene la responsabilidad total del ritmo: decide cuándo hablar y, lo que a menudo es aún más importante, cuándo callar. Pero en la narración deportiva hay otra figura relevante: el comentarista, un apoyo que complementa a la perfección al narrador.

Haciendo una analogía con un deporte como la Fórmula 1, el narrador es el piloto:  maneja la acción y los tiempos. El comentarista, en cambio, es el ingeniero de pista: ofrece datos y aporta contexto. La retransmisión se detiene si el piloto se calla, y la labor del narrador se ve muy perjudicada sin una buena comunicación con su “ingeniero”.

Las funciones del narrador son esenciales y van mucho más allá de simplemente relatar lo que está sucediendo. Tiene la obligación de mantener un flujo constante de información básica. Su voz es la encargada de responder a las preguntas típicas: quién, qué, dónde, cómo, cuándo y por qué (quién tiene el balón, en qué minuto están, cómo va el resultado). El narrador debe anticiparse y prestar la máxima atención posible para evitar errores: si la cámara enfoca a un jugador equivocado o un rótulo tarda en actualizarse, debe corregir el dato de forma instantánea.

En situaciones confusas, es el único faro que orienta al espectador. Además, el comentarista puede permitirse una pausa en su análisis, mientras que el narrador no puede detener la descripción de la acción. La narración se nutre de marcadores de intensidad y de grandes hipérboles, como “latigazo”, “zarpazo” u “obús”, que se utilizan para magnificar la acción más allá de lo que muestra la imagen.

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Una periodista deportiva a pie de campo haciendo una entrevista / Esneca

Una faceta clave de la narración es la gestión de los silencios. Es un elemento esencial: un buen narrador sabe utilizarlos y los entiende como una herramienta que puede llegar a ser tan poderosa como el grito. Suelen emplearse en momentos de tensión, como los instantes previos a un penalti decisivo o a un saque que puede suponer un set en el partido.

En cuanto a la gestión de palabras, la elección nunca es casual: se busca elevar el acto deportivo a la categoría de épica o arte. Destaca el uso de verbos o sustantivos de acción. Verbos de gran impacto, como “fulmina”, “revienta” o “machaca”, inyectan dinamismo a la narración. Un reto al que se enfrentan los narradores es la innovación: un desafío constante por encontrar nuevas formas de describir lo mismo (un gol, un mate), evitando la repetición y manteniendo la frescura.

Otro aspecto relevante es la escala vocal. El profesional de la narración trabaja con una gama de tonos, no con un volumen fijo, y debe modular la voz de forma constante. El tono principal, o de control, se utiliza durante la mayor parte de la retransmisión: es el que acompaña los pases intrascendentes y las acciones de poco peligro, y sirve para ahorrar energía vocal. También existe el tono de alerta, en el que se eleva ligeramente el volumen y la velocidad cuando surge una acción con cierto riesgo; es una especie de aviso para el oyente.

El siguiente es el tono de peligro inminente: la voz se vuelve más aguda y la dicción se acelera. En una narración futbolística esto ocurre en el regate, centro o disparo previo al gol. Ese tono da paso al último nivel, el estallido, el clímax absoluto. En fútbol sería el grito de gol; en Fórmula 1, un gran adelantamiento; en tenis, un punto espectacular o decisivo; y en baloncesto, un mate o un triple de enorme impacto.

Inmediatamente después de ese pico de emoción, el narrador debe realizar una caída en volumen y ritmo. Se trata de un doble descanso: un respiro tanto vocal como mental para el narrador, que ha agotado su energía en el clímax. Justo en ese instante es el momento perfecto para que el comentarista cumpla su función, realizando un análisis de lo ocurrido que rellene esa pausa. Aunque el comentarista sea quien habla en este momento, el narrador sigue teniendo el control del tiempo: él decidirá con qué frase recupera el flujo de la narración principal.

Además de estos aspectos más técnicos, hay otros factores clave que determinan las particularidades de cada narrador. Cada narrador tiene un timbre, una cadencia o un acento único. Esa voz se convierte en el sonido oficial de un evento o deporte. Cada uno tiene un sello personal, algunos ejemplos son la cadencia de Juan Carlos Rivero o la ironía de Andrés Montes.

Muchas veces, los oyentes no recuerdan los detalles exactos de cada gol, sino quién lo narró. Las voces de los narradores se asocian constantemente con recuerdos personales de alegría o decepción. En comparación con las narraciones de otros países, la española es pasional y ruidosa, mientras que la británica, por ejemplo, es mucho más sobria.

En conclusión, el narrador es mucho más que un simple relator de determinados acontecimientos. La gran prueba del valor de este arte es cómo sus voces se integran en el recuerdo íntimo del espectador. En cuanto a las características de la narración española, no es casualidad: se trata de un reflejo cultural del país, de cómo se siente y se vive el deporte en España.

En el momento que vivimos, los avances tecnológicos, especialmente los relacionados con la Inteligencia Artificial suponen también un desafío para la narración, pero hay un factor humano que es completamente irremplazable. Una máquina puede narrar con total precisión, pero solo la garganta humana puede vibrar, temblar o fallar, y es esa imperfección apasionada lo que conecta al oyente con la narración.

El arte del narrador, con su cadencia, su grito y su silencio, es el único medio capaz de sortear la frialdad de la pantalla, logrando que la emoción del juego traspase el cristal y llegue, sin filtros, al corazón.

Ecos de Leyenda

La narración deportiva en España ha tenido numerosos referentes, sobre todos ellos destacan las voces de los pioneros, las cuales sirvieron de base y referencia para todos los posteriores. Las voces icónicas de España no son un simple recuerdo, son un patrimonio de enorme valor presente y futuro. En la radio, el narrador tenía una responsabilidad máxima: ser ojo, cerebro y emoción. 

El referente de la seriedad, la autoridad y la técnica vocal impecable es Matías Prats Cañete, cuya voz vertebró la narración deportiva y taurina en España desde los años cuarenta. En aquel tiempo, su figura se asociaba a la máxima credibilidad, en una época en la que la información radiofónica era sagrada.

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Matías Prats, la voz / La Vanguardia

Su estilo se caracterizaba por una dicción perfecta, pausada y grave, y por un vocabulario rico y extenso. Se le consideraba un maestro en el uso del idioma, y su voz era el estándar de oro de la corrección lingüística en antena. No narró únicamente fútbol: fue la voz de la Vuelta Ciclista a España, de los Juegos Olímpicos y un gran icono en la narración de corridas de toros. Esta versatilidad le otorgó una autoridad inigualable en el ámbito deportivo y cultural.

Su presencia en radio, especialmente en Radio Nacional de España y en la Cadena SER, le convirtió prácticamente en una institución: al oír su voz, el público asumía que la información era incuestionable. Su narración era más sobria y menos histriónica que la que vendría después. La emoción se contenía, liberándose solo en los momentos cumbre, lo que hacía que el clímax fuera aún más potente gracias al contraste.

Aunque la narración evolucionó, los narradores posteriores de la televisión pública bebieron de su tono grave y sereno, buscando mantener un equilibrio entre pasión y profesionalidad. Creó una escuela que se refleja en narradores posteriores como José Ángel de la Casa, del que hablaremos más adelante.

El ejemplo contrario a la escuela de Matías Prats puede ser Robert Lee Deglané, de origen chileno-estadounidense, que trajo a España el estilo de showman y la velocidad de la radio comercial americana. Su acento, su energía y su personalidad arrolladora eran algo inédito en la sobria radio de posguerra. A diferencia de Prats, que se enfocaba en el rigor, Deglané hacía de la narración un espectáculo total. Introducía bromas, comentarios personales y manejaba el micrófono con una libertad sin precedentes, a veces incluso distrayéndose del juego.

Además, fue pionero en innovación sonora, comenzó a usar numerosos recursos sonoros y musicales para dar ambiente. Empleaba jingles, ráfagas musicales y efectos de sonido para acentuar el drama de la narración, elevándola a la categoría de circo mediático. 

Su estilo era la antítesis directa de Matías Prats Cañete. Prats era la autoridad seria; Deglané era la pasión descontrolada y la cercanía. Esta dualidad definió la radio deportiva en sus inicios, ofreciendo al público dos modelos radicalmente diferentes. Deglané no solo informaba; conversaba con el oyente. Su tono directo y casi familiar rompía la cuarta pared, creando un vínculo emocional y personal, mucho más allá del evento deportivo. 

El verdadero legado de Deglané no fue la precisión, sino demostrar que la narración deportiva podía ser, ante todo, un entretenimiento de masas. Abrió el camino para que figuras posteriores (como Andrés Montes) se sintieran libres de priorizar el show y la personalidad sobre el protocolo.

De los narradores posteriores, José Ángel de la Casa se identifica más con la escuela de Matías Prats Cañete. De la Casa tuvo una trayectoria que le permitió consagrarse como la voz indiscutible de la Selección Española de Fútbol en TVE. Su estilo representaba la continuidad en el rigor: era pulcro, preciso y mantenía un tono controlado, resistiéndose al show radiofónico que ya ganaba terreno.

Su narración era generalmente sobria, lo que hacía que su grito de gol fuera excepcionalmente potente. La emoción se reservaba para la ruptura del relato, como sucedió con el histórico 12-1 a Malta o los momentos cruciales de los Mundiales. Al ser la voz de la televisión pública, su estilo debía reflejar neutralidad y credibilidad. Se valoraba su capacidad de transmitir la épica sin caer en el fanatismo.

Para millones de españoles, la voz de de la Casa es el hilo sonoro que une todos los grandes recuerdos deportivos de esa generación (Eurocopas, Mundiales), marcando un estándar de profesionalismo televisivo.

Dentro de los narradores clave del deporte español se encuentra el mítico Andrés Montes, más alineado con la escuela de Deglané. A finales de los 90 y principios de los 2000, Montes lideró la necesidad de modernizar la narración, percibida como demasiado solemne y rígida. Él trajo el desenfado a la pantalla.

Montes no solo relataba; hacía un show completo. Su voz, llena de ironía y giros inesperados, convertía el evento en un entretenimiento total, incluso en los tiempos muertos. Su principal contribución fue la creación de un código de frases y muletillas que trascendieron el deporte (“¡Jugón!”, “Porque la vida puede ser maravillosa”, “¡Tiki-taka!”). Estas se volvieron marcadores culturales populares.

Montes integró referencias de la cultura pop, el hip-hop y el cine, atrayendo a una audiencia joven que se sentía alejada del estilo tradicional de TVE. Su tándem con Antoni Daimiel (en la NBA, por ejemplo) estableció un nuevo estándar de química relajada y personal entre narrador y comentarista, donde el narrador era el líder del entretenimiento y el comentarista, el contrapunto inteligente.

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Andrés Montes (a la izq) junto a Emilio Butragueño y Antoni Daimiel (a la dcha) / El Mundo

Montes demostró que la pasión no tiene por qué ser solemne. Su éxito dio permiso a las generaciones posteriores para inyectar su propia personalidad y atreverse a experimentar con el lenguaje y la emoción.

Por último, es imposible no destacar a Manolo Lama, un narrador con larga trayectoria pero que sigue en activo y cuya narración está muy presente en la actualidad. Lama es el arquetipo del narrador que perfeccionó la gran velocidad descriptiva nacida en la radio (como en Carrusel Deportivo). Trajo esa energía constante y frenética a la televisión.

Su estilo se caracteriza por una dicción rapidísima y una energía sostenida, sin apenas pausas. Su voz es un motor que mantiene la tensión alta en todo momento, incluso en jugadas intrascendentes. Lama representa el extremo de la pasión desbordada. Su voz no es irónica (como la de Montes), sino que es directamente visceral, lo que genera una conexión inmediata con el aficionado más intenso.

Aunque otros tenían el grito, Lama lo convirtió en una ráfaga de sonido. Su gol es una liberación sonora, puro desahogo, que se ha imitado hasta la saciedad. Junto a Montes, Lama definió la ruptura de la narración de inicio de siglo. Mientras Montes liberó el lenguaje con el humor, Lama liberó la intensidad con la velocidad. Ambos son esenciales para entender el estilo español actual. Su trabajo constante en programas de gran audiencia y retransmisiones de élite lo convirtió en un referente ineludible para cualquier narrador joven que busque un estilo enérgico y vibrante.

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Manolo Lama es uno de los narradores más populares en nuestro país

Al analizar estas voces, se comprueba que la narración deportiva en España es una mezcla de estilos. El modelo actual se construye sobre el rigor y la buena dicción que impuso Matías Prats Cañete, al que luego se sumó el espíritu de show y cercanía de Bobby Deglané. En la televisión, esta tensión se resolvió con la autoridad controlada de José Ángel de la Casa, que representaba el relato institucional, y la libertad expresiva de figuras como Andrés Montes y Manolo Lama, que apostaron por romper las normas con humor y velocidad.

El verdadero aporte de estos narradores es que nos enseñaron a sentir el deporte. Demostraron que la voz es más efectiva que la imagen para transmitir emoción. El narrador, con su ritmo, su pasión y su personalidad, se ha convertido en el responsable de la memoria colectiva. Su trabajo es clave para que la intensidad del juego consiga superar la barrera de la pantalla y llegue de forma duradera al corazón del aficionado.

La polémica está servida

En la era de las redes sociales y el streaming, el consumo deportivo está marcado por la inmediatez del juicio. La figura del Narrador se ha convertido en el pararrayos de toda la frustración y la pasión desmedida. El narrador es el profesional que combina la máxima exposición pública con la exigencia de imparcialidad, lo que lo convierte en el blanco más fácil de la crítica y la polarización digital.

Se le exige ser vibrante para emocionar y neutral para informar, un equilibrio casi imposible que genera la polémica. Este artículo analizará cómo las controversias en torno a figuras como Alba Oliveros y Juan Carlos Rivero revelan debates más profundos sobre el machismo, la imparcialidad y la autoridad en la narración española.

La incorporación de Alba Oliveros como una de las primeras mujeres narradoras de La Liga en una cadena privada fue un hito profesional que automáticamente la colocó bajo un foco crítico sin precedentes. La polémica no se enfocó primariamente en su conocimiento táctico, sino en elementos subjetivos como el timbre de voz, el tono y el grito de gol. Esto evidenció la existencia de un sesgo de género implícito en una parte de la audiencia, acostumbrada a la voz masculina en ese rol.

Es cierto que la crítica principal surge de ahí: chirría un tono tan agudo en la narración deportiva. El público está acostumbrado, generalmente, a voces masculinas en tonos mucho más graves, lo que dificulta conectar plenamente con la narración femenina, especialmente en deportes tan emocionantes. Casos como el de Paloma del Río en gimnasia rítmica evidencian que una mujer puede ser una narradora reconocida sin problema, pero en un deporte mucho más sobrio que otros, como el fútbol o el baloncesto.

Siendo completamente cierto todo esto, existen más factores que justifican la crítica a Alba Oliveros. En numerosas ocasiones, narra los goles notablemente después de que hayan ocurrido y utiliza expresiones que el público actual no entiende o no acepta tanto como otras del estilo de las que usaba Andrés Montes.

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Antonio Lobato ha sido la voz de la Formula 1 desde que debutó Fernando Alonso / Motorpasión

Rivero, como una de las voces principales de RTVE, hereda la responsabilidad de la máxima neutralidad del ente público (la escuela de de la Casa). La crítica lo juzga con este estándar implacable. Cualquier desliz verbal, error de dato o comentario desafortunado se convierte rápidamente en trending topic. La presión es inmensa: un error que a otro se le perdona, a él se le cobra con severidad.

Su estilo, más tradicional, riguroso y menos dado al show que el de cadenas privadas, es visto por la audiencia joven como anticuado o falto de pasión, lo que también alimenta la crítica. El caso de Rivero ejemplifica la tensión irreconciliable entre el rigor informativo exigido al medio público y la pasión descontrolada que demanda el aficionado en la era de la polarización.

La narración es una actuación en vivo y sin red. El narrador no tiene margen de error, y la mente puede fallar en la elección de un nombre o un dato bajo la presión del clímax. Las redes sociales actúan como una caja de resonancia. Un simple error o un comentario subjetivo se saca de contexto, se viraliza y se convierte en un juicio de valor sobre la carrera completa del profesional.

Es crucial distinguir entre la crítica constructiva (estilo, timing) y el ataque personal (machismo, insultos). El narrador debe lidiar con la toxicidad digital. La crítica constante puede llevar a algunos narradores a ser más cautos o menos arriesgados en su vocabulario y sus bromas, afectando la espontaneidad y la frescura de su narración. El hecho de que narradores como Oliveros y Rivero sigan al frente demuestra la fortaleza mental requerida para esta profesión en el siglo XXI.

Las polémicas recientes con narradores como Alba Oliveros y Juan Carlos Rivero demuestran que el narrador es el profesional más expuesto en la era digital. La presión es doble: Oliveros lidia con el juicio de género en un rol históricamente masculino, y Rivero carga con la exigencia de neutralidad de la televisión pública en un ambiente polarizado. Cualquier error se amplifica al instante, obligando a estos profesionales a desarrollar una gran resiliencia emocional. En última instancia, su trabajo es irremplazable; deben seguir perfeccionando su arte para que la emoción del juego consiga superar el ruido de la crítica y llegar, sin filtros, al corazón del aficionado.

 

 

Hemos tenido el placer y honor de entrevistar a una de las voces más conocidas en el mundo del fútbol de nuestro país: Antonio Esteva. Nos ha contado lo que se necesita para ser un gran profesional de la narración, nos ha dado su punto de vista sobre lo que es o debe ser la narración, ha contado anécdotas y circunstancias que ha vivido él en directo…

Os recomendamos que la veáis porque no todos los días se tiene la posibilidad de hablar con alguien con el recorrido profesional y la calidad de Antonio. Todo, fruto de su trabajo, esfuerzo, profesionalidad y de dar “el doscientos por cien” como dice él…

 

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