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periodismo universitario en internet

La generación que vive en x2

Efecto de TikTok en la vida cotidiana/ Banco de imágenes

  • Ver contenido a velocidad doble se transforma en una técnica de supervivencia informativa

  • El impacto del uso prolongado de plataformas como TikTok ha despertado el interés de la comunidad científica

Podcasts en 1.5x, vídeos con duración inferior a un minuto y series producidas a doble velocidad. Para numerosos jóvenes, parece que el tiempo no les alcanza ni para disfrutar de su tiempo libre. Vivimos velozmente, incluso cuando hacemos el intento de descansar. La del entretenimiento en fast-forward es una nueva manera de consumir cultura, que ha surgido entre la necesidad de aprovechar cada segundo y el temor a “perder el tiempo”. ¿Qué revela esta práctica de nuestra relación con el placer de detenerse, la atención y la productividad?

Vivir en “modo rápido”

Jóvenes (18–25) que han acelerado contenido audiovisual

Jóvenes (18–25) que han acelerado contenido audiovisual/ Mateo Basanta

Hacemos que la velocidad sea el doble, omitimos las introducciones y acortamos los silencios. Cada vez hay más jóvenes que ven series, vídeos o escuchan podcasts a una velocidad de 1.5x o incluso de 2x. La urgencia ya no es solamente un tema relacionado con el trabajo o el ámbito educativo, sino que también ha alcanzado al tiempo libre. En una época caracterizada por la inmediatez y la productividad, hasta el entretenimiento parece que tiene que cumplir con el reloj.

Las plataformas están al tanto. Desde hace años, YouTube posibilita la modificación de la velocidad; en 2020, Netflix incluyó esta opción y Spotify se la añadió poco después para los oyentes de pódcast. De acuerdo con cifras internas de YouTube, más del 80 % de sus usuarios ha empleado alguna vez la función de aceleración. En Spotify, los oyentes de 18 a 29 años son los que más la utilizan: alrededor del 50 por ciento escucha sus programas preferidos a una velocidad superior a la estándar.

Usuarios de YouTube que han usado la función de aceleración

Usuarios de YouTube que han usado la función de aceleración/ Mateo Basanta

Oyentes de Spotify (18-29 años) que aceleran los pódcast

Oyentes de Spotify (18-29 años) que aceleran los pódcast/ Mateo Basanta

 

La lógica es evidente: el tiempo nunca es suficiente. Deseamos tener más conocimiento, ver más y estar al tanto de más asuntos. Sin embargo, el resultado es contradictorio: mientras más tratamos de aprovechar cada minuto, menos espacio tenemos para descansar. Esa nueva manera de ver el tiempo también ha sido fomentada por las redes sociales. TikTok, gracias a su flujo incesante de videos breves, ha creado una atención que pasa de un estímulo a otro sin casi pausa. Lo que antes tomaba 40 minutos, ahora parece durar para siempre.

El consumo acelerado

 

De acuerdo con varias investigaciones, la mayor parte de los jóvenes que comparten contenido acelerado lo hacen por la combinación de necesitar ser productivos y no tener tiempo. El ocio se ha convertido en una actividad más dentro de la agenda: algo que también tiene que “rendir”. Según un estudio del Journal of Broadcasting & Electronic Media (2022), más de la mitad de los jóvenes con edades comprendidas entre 18 y 25 años han acelerado en algún momento contenido audiovisual, y el 30% ya no disfruta verlo a velocidad normal porque lo consideran “demasiado lento”.

Motivos por los que los jóvenes aceleran el contenido

Motivos por los que los jóvenes aceleran el contenido/ Mateo Basanta

Además de ese sentimiento, se añade el hábito cognitivo. Tras pasar horas en Instagram Reels o TikTok, el cerebro se acostumbra a una velocidad de estímulos que hace imposible cualquier ritmo lento. Nuestra manera de concentrarnos ha cambiado con el “scroll” incesante: si algo no despierta interés en los primeros segundos, se descarta.

Además existe el temor a quedarse detrás. En una cultura en la que todo sucede de inmediato, desde las noticias hasta las series más comentadas, no estar al tanto produce ansiedad. Por lo tanto, ver contenido a velocidad doble se transforma en una técnica de supervivencia informativa: una forma de no quedarse fuera del diálogo.

No obstante, tras la supuesta eficiencia se oculta una contradicción: cuanto más rápido consumimos, menos recordamos. Lo que logramos en términos de cantidad, lo sacrificamos en profundidad. Y tal vez esa sea la verdadera urgencia: no tener tiempo para disfrutar.

Efecto de TikTok en la vida cotidiana

TikTok es una de las aplicación más utilizadas del mundo / Banco de imágenes

El cerebro humano está diseñado para adaptarse a los entornos cambiantes y a la sobrecarga de estímulos. En plataformas como TikTok, donde el flujo de información es constante y acelerado, el cerebro desarrolla estrategias para procesar rápidamente aquello que percibe. De esta manera, optimiza su capacidad de atención, filtrando lo que considera relevante en cuestión de segundos. Así, cada vídeo o imagen se convierte en una evaluación instantánea: si el contenido no ofrece una recompensa inmediata ya sea placer, curiosidad o entretenimiento, el usuario pasa al siguiente estímulo sin dedicarle más tiempo. Este mecanismo, que inicialmente parece inofensivo, transforma gradualmente nuestra forma de interactuar con el entorno.

El problema surge cuando este proceso se convierte en un hábito inconsciente. La búsqueda permanente de gratificación instantánea termina condicionando nuestra mente, reduciendo la paciencia y la capacidad de disfrute en actividades que requieren más tiempo o esfuerzo. Por ejemplo, se vuelve común revisar el teléfono durante una comida, interrumpir una película para responder mensajes o distraerse mientras se intenta leer un libro. En otras palabras, la atención se fragmenta y se dificulta mantener la concentración sostenida en una sola tarea. Este fenómeno evidencia cómo las redes sociales, especialmente aquellas de contenido breve y dinámico, están modificando la manera en que gestionamos nuestro tiempo y nuestra concentración en la vida diaria.

Consecuencias psicológicas del uso excesivo

El consumo constante de contenido digital, especialmente aquel diseñado para ofrecer recompensas inmediatas, puede generar fatiga cognitiva, afectando la plasticidad cerebral y deteriorando la capacidad de concentración a largo plazo. Esta exposición continua a estímulos breves y cambiantes obliga al cerebro a mantener un estado de alerta constante, lo que termina agotando los recursos mentales disponibles. Investigaciones recientes reflejan esta tendencia: según un estudio citado por The Oxford Blue de la Universidad de Oxford, cerca del 50% de los usuarios encuestados afirmaron sentirse estresados al ver vídeos que duran más de un minuto. Esto sugiere que la tolerancia a la atención prolongada está disminuyendo.

Además, los efectos psicológicos no se limitan al plano cognitivo. Muchos usuarios reportan sensaciones de vacío o insatisfacción después de pasar largos periodos consumiendo contenido, así como frustración o irritabilidad cuando no tienen acceso a sus redes sociales. Esta dependencia emocional hacia los estímulos digitales puede deteriorar la estabilidad anímica y generar comportamientos compulsivos. A nivel interpersonal, las consecuencias se reflejan en una reducción de la empatía y de la capacidad de conexión emocional con los demás, dificultando la creación de vínculos profundos y auténticos.

Impacto sociológico del fenómeno

El término brain rot, popularizado recientemente en comunidades digitales, describe con ironía pero también con preocupación el deterioro cognitivo asociado al consumo excesivo de contenido digital. Esta expresión, que literalmente significa “pudrición cerebral”, se utiliza para señalar a quienes muestran cambios evidentes en su manera de pensar, comunicarse y relacionarse debido a su dependencia de plataformas como TikTok. Estas transformaciones se evidencian en la dificultad para mantener la atención en tareas que antes resultaban sencillas, como leer un artículo, analizar un texto extenso o seguir una conversación prolongada.

Joven jugando al Fornite/ Banco de imagen

Sin embargo, las consecuencias no se limitan al plano individual. Desde una perspectiva sociológica, este tipo de consumo está modificando la dinámica de las relaciones humanas. La inmediatez y superficialidad del contenido promueven interacciones más efímeras, reduciendo el interés por el diálogo profundo o el intercambio reflexivo. En consecuencia, se observa un empobrecimiento de las habilidades comunicativas y una tendencia hacia la desconexión social, lo que puede derivar en aislamiento o en relaciones menos significativas.

Efectos físicos y neurológicos

El impacto del uso prolongado de plataformas como TikTok ha despertado el interés de la comunidad científica, que ha identificado síntomas físicos y mentales asociados a la exposición constante a estímulos digitales. Entre los más frecuentes se encuentran la fatiga mental, la disminución de la capacidad de atención sostenida y la reducción de la plasticidad neuronal. Este último aspecto es particularmente relevante, ya que la plasticidad es la que permite al cerebro adaptarse, aprender y desarrollar nuevas habilidades.

Los elementos característicos de la comunicación moderna como el contenido efímero, el desplazamiento infinito (scroll infinito) y la búsqueda de gratificación instantánea reconfiguran la forma en que procesamos la información. Aunque estas dinámicas pueden mejorar la rapidez con la que el cerebro filtra y asimila datos, también conllevan una pérdida en la profundidad del pensamiento y la reflexión crítica. En términos físicos, esta sobreestimulación puede generar trastornos del sueño, tensión ocular, dolores de cabeza y una sensación constante de cansancio mental. En conjunto, estos efectos demuestran que el impacto de las redes sociales no solo es psicológico o social, sino también fisiológico, alterando el equilibrio natural entre mente y cuerpo.

¿Seguimos escuchando realmente, o solo procesamos palabras a toda prisa?

Algunos creadores de contenido lo están notando. Para estos narradores digitales, la aceleración no solo modifica la forma de recibir los mensajes, sino también la manera de producirlos, se sienten presionados a condensar, simplificar, competir por segundos de atención. 

Desde Variación XXI hemos hablado con las creadoras @clauroo_ y @patilozanoo, quienes viven esta dinámica, su trabajo consiste en captar y mantener la atención de una audiencia que decide en segundos si quedarse o deslizar.

Cultura en fast-forward

Este fenómeno plantea una tensión entre superficialidad y profundidad. La inmediatez ofrece la ilusión de control, pero nos empuja a un consumo cada vez más fragmentado. En el intento de “ver más” o “enterarnos de todo”, caemos en lo que los expertos llaman infoxicación, un exceso de información que satura y desactiva la capacidad crítica. En este contexto, incluso el periodismo se ve afectado. La prisa por publicar antes que nadie, los titulares llamativos y los resúmenes de 30 segundos reflejan la misma lógica de la aceleración cultural: informar rápido, aunque a veces sea a costa de informar bien. 

La cultura del fast-forward no sólo acelera los contenidos, sino también nuestra forma de estar en el mundo. Y quizá, sin darnos cuenta, estamos perdiendo la posibilidad de detenernos a sentir, pensar o simplemente comprender lo que ocurre.

Recuperar el tiempo

“Quizá ver más no es vivir más, sino vivir más rápido.” La frase resume el dilema de una generación que mide el tiempo en episodios y la atención en segundos. La aceleración promete eficiencia, pero deja tras de sí un vacío: la sensación de no haber vivido plenamente ninguna historia.

Recuperar el tiempo no significa renunciar a la tecnología, sino reconciliarnos con la pausa. Volver a disfrutar del silencio entre dos canciones, del diálogo lento en una serie o del placer de escuchar sin mirar el reloj. Practicar una especie de slow media que nos devuelva la profundidad perdida en el ruido de la inmediatez.

El futuro parece dividido entre dos ritmos: el del contenido ultrarrápido breve, inmediato, diseñado para el scroll infinito y el de los formatos largos, que resisten como refugios para quienes aún buscan pensar despacio. Quizá ambos convivan, como dos formas distintas de habitar el tiempo digital.

¿Queremos vivir a máxima velocidad… o volver a sentir el tiempo real de las cosas?

3 Comments

  1. Que guay chicos!

  2. Bof ojalá leer más cosas como estas!

  3. Que barbaridad

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