Cíclicas: la asociación que lucha por la igualdad menstrual

Dos personas con el kit menstrual de Cíclicas con el proyecto SHE Wings. Cedido por Cíclicas.
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La asociación Cíclicas promueve la salud menstrual y la igualdad, abordando la pobreza y la falta de educación sobre el cuerpo femenino
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Cíclicas impulsa la educación menstrual en España y Nigeria para derribar tabúes y garantizar una menstruación digna para todas
La web de Cíclicas deja claro su propósito desde la primera vista: “Rompe el silencio, la menstruación no debería ser motivo de desigualdad, sino un símbolo de salud y fortaleza”. Esta asociación de salud menstrual promueve a través de talleres y campañas internacionales acabar con la desigualdad menstrual con proyectos en España y Nigeria.
“Detecté una necesidad de romper un tabú”, cuenta Gema Rosado, fundadora de la asociación. “Descubrí que la pobreza menstrual no es solamente la falta de acceso a productos, también la falta de educación que nos conecta a las mujeres con nuestros propios cuerpos, con nuestra propia salud”.
Rosado considera que la pobreza menstrual abarca desde los recursos económicos hasta el contexto cultural y educativo: “Hay quien piensa que ya está todo dicho y que no hace falta tratar el tema, pero hay muchas personas que tienen que elegir entre pañales o comida o productos de gestión menstrual. Y las administraciones públicas no apoyan con recursos”.
La necesidad de la educación menstrual
En España, una de cada cinco mujeres no puede acceder a productos menstruales básicos ni a información suficiente sobre salud reproductiva. Un estudio llamado Menstruation and social inequities in Spain: a cross-sectional online survey-based study señala que entre el 22,2 % y el 39,9 % de las mujeres españolas han experimentado pobreza menstrual en algún momento de su vida. En Cataluña, un informe de Reuters reveló que el 44 % de las mujeres no puede permitirse su producto menstrual de preferencia y que el 23 % reutiliza productos de un solo uso por razones económicas.
“No tenemos datos suficientes de qué está pasando o de cuáles son las necesidades o los intereses, qué le pasa al cuerpo de las mujeres en base a qué”, explica Rosado. “Cada vez hay más investigaciones, pero es algo muy reciente. En general, el cuerpo de la mujer está muy poco investigado”.
En los talleres que imparte Cíclicas, el entusiasmo es evidente, sobre todo entre mujeres adultas: “El nivel de asistencia es muy alto en mujeres menopáusicas o premenopáusicas. La dificultad está más con adolescentes”, reconoce Gema Rosado. “Muchos padres no están de acuerdo con que se hable de menstruación en los colegios. Es el mismo tabú que con la educación sexual”.
De India a España: los orígenes del proyecto
El germen de Cíclicas se plantó en 2014, cuando Rosado viajó a India y Nepal y conoció la tradición del Chaupadi, una práctica en la que las mujeres son obligadas a aislarse de sus hogares durante los días de menstruación. “Fue cuando entré en contacto con la desigualdad que puede producir la menstruación”, recuerda.
Tras su paso por Inglaterra donde participó en campañas feministas para eliminar el IVA de los productos de gestión menstrual y sus prácticas en Tanzania en proyectos de salud menstrual después de estudiar la carrera de Relaciones Internacionales, Gema Rosado regresó a España y observó que las necesidades estaban más cerca de lo que pensaba: “Era importante tanto en mi propio barrio como fuera de España, entonces decidí crear un proyecto”.

Un taller de cíclicas acerca de la menopausia. Cedido por Cíclicas.
Nigeria: educar para derribar mitos
Una de las experiencias internacionales más significativas de Cíclicas ha sido su proyecto en Nigeria. La iniciativa nació cuando Gema Rosado y Jennifer Hwakar, la directora del proyecto SHE Wings se conocieron por Linkedn. “Conectamos muy rápido porque teníamos las ideas en la misma línea. Ella trabajaba con un grupo de voluntarias y nosotras les dimos financiación para su formación y para que pudieran gestionar el proyecto”.
“Hemos tenido un impacto en más de 1 000 estudiantes, porque allí las clases son muy grandes a veces con 200 niñas. En los talleres descubrimos que muchas pensaban que si estaban sangrando y jugaban cerca de niños podrían quedarse embarazadas”, cuenta Gema Rosado. “Era mucho estrés para ellas, y después de las clases sentían ese alivio de saber que no pasaba nada”.

Una escuela de Nigeria con el proyecto SHE Wings de Cíclicas. Cedido por Cíclicas.
En los talleres también detectaron que algunas niñas usaban hojas de árboles o papeles de periódico en lugar de productos menstruales. Hace dos años, Cíclicas recaudó fondos para llegar a zonas rurales remotas: “Llevamos un kit de salud menstrual para 100 mujeres, especialmente menores de 18 años”.
Actualmente, el proyecto en Nigeria se encuentra pausado por falta de financiación. “Los directores de los colegios quieren que volvamos”, dice Gema Rosado. “Estamos esperando a recaudar fondos para regresar y analizar el impacto en las zonas rurales”.