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periodismo universitario en internet

Del estigma al objeto de deseo: el nuevo atractivo de la ropa de segunda mano

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Un puesto del mercadillo madrileño del Rastro una mañana de domingo | Enrique Ortíz.

Lo que antes se compraba por necesidad hoy se busca por estilo. La ropa de segunda mano ha dejado de cargar con el estigma de las prendas usadas para convertirse en una alternativa cada vez más atractiva entre los jóvenes, que encuentran en los mercadillos y las plataformas digitales una forma de vestir diferente sin renunciar a las tendencias

Domingo por la mañana. El Rastro de Madrid llena sus calles de puestos y montones de prendas que esperan una segunda oportunidad. Entre quienes buscan una ganga, cada vez es más habitual ver a jóvenes que comparan precios y buscan piezas distintas a las de las grandes cadenas. Lo que antes podía asociarse a una necesidad económica hoy se muestra sin complejos en redes sociales: la ropa de segunda mano ha pasado de dar vergüenza a ser tendencia.

La oferta del mercadillo es diversa. En algunos puestos la ropa se amontona y los precios son muy bajos; en otros, las prendas aparecen seleccionadas y presentadas con una estética más cuidada, con precios incluso superiores. La diferencia no está solo en la ropa, sino en cómo se vende y a quién se dirige. Hay compradores que buscan ropa barata para renovar el armario; otros persiguen piezas especiales, tendencias de otras décadas o construir un estilo propio. El factor económico sigue siendo fundamental, sobre todo entre estudiantes con presupuestos ajustados, pero reducir la segunda mano a una cuestión de necesidad sería quedarse a medias: cada vez más gente la elige también porque le gusta.

La moda rápida se ha convertido en una parte fundamental de los hábitos de consumo de muchos jóvenes, especialmente entre los estudiantes universitarios. Los precios bajos, la constante aparición de nuevas tendencias y la facilidad para comprar por internet han impulsado un modelo de consumo en el que las prendas se adquieren rápidamente y, en muchas ocasiones, se utilizan durante un periodo de tiempo muy reducido.

“Antes daba vergüenza, ahora se lleva”

Durante años, comprar prendas usadas podía asociarse a una situación económica complicada. Hoy, esa percepción convive con otra realidad: la ropa vintage, las prendas descatalogadas y los hallazgos en mercadillos han adquirido un nuevo atractivo entre los jóvenes. Lo que antes podía ocultarse ahora se presume en redes sociales, donde encontrar una prenda especial por poco dinero se convierte en una pequeña victoria.

Varios vendedores del Rastro señalan la moda como uno de los motivos del creciente interés juvenil, pero recuerdan que el mercadillo siempre ha recibido a familias con menos recursos, para quienes comprar ropa barata no es una tendencia pasajera, sino una necesidad. “Creo que todo lo que se compre de segunda mano, que no sea tirar de ropa nueva y seguir el consumismo, es mucho más beneficioso para todos”, comentaba una joven vendedora que busca continuar con el negocio familiar y que comprende que la clientela al igual que las modas puedan cambiar en el tiempo. También han contribuido a esto plataformas como Vinted o Wallapop, que han acercado este mercado a las nuevas generaciones a través de la tecnología.

Entre los jóvenes, este fenómeno está estrechamente relacionado con la presión social y la necesidad de mantenerse al día con las tendencias. El artículo de Vogue College of Fashion, elaborado por Sarina Singh, señala que muchos estudiantes universitarios recurren a marcas de moda rápida para comprar prendas destinadas a ocasiones concretas, como fiestas, celebraciones o eventos académicos. En algunos casos, estas prendas apenas vuelven a utilizarse después del evento, lo que favorece un consumo basado en la compra frecuente y la rápida sustitución de la ropa.

¿Cuánto cuesta vestir diferente?

En noviembre de 2022, un reportaje de El País sobre el Rastro recogía ejemplos de prendas de marca por 15 euros y otras por apenas 10. Aunque los precios varían según el puesto, la marca y el estado, estos ejemplos ilustran el potencial del mercadillo para quienes buscan alternativas económicas. Según el Observatorio Cetelem de 2025, el 27 % de los consumidores españoles de segunda mano compra en mercadillos, un porcentaje que alcanza el 35 % entre los jóvenes de 18 a 24 años. La ropa y el calzado representan el 37 % de los productos adquiridos en este mercado. No obstante, el precio no explica por sí solo el auge: si así fuera, bastaría con que cualquier cadena ofreciera ropa económica. La diferencia está también en encontrar artículos que no están en las colecciones actuales y en el valor que algunos compradores dan a la historia, la estética o la singularidad de una prenda.

El factor económico también desempeña un papel importante. Los estudiantes, que generalmente cuentan con presupuestos limitados, encuentran en las grandes cadenas de moda una alternativa asequible para renovar constantemente su armario. No obstante, el artículo cuestiona la idea de que la moda rápida sea la única opción económica, ya que existen alternativas como la compra de segunda mano, la reutilización y la transformación de prendas.

La otra cara de las tendencias

La fast fashion se caracteriza por ofrecer prendas económicas y renovar constantemente sus colecciones, favoreciendo un consumo en el que la ropa puede quedar relegada al fondo del armario tras pocos usos. Este modelo resulta especialmente atractivo para los jóvenes, que encuentran en las grandes cadenas una forma accesible de seguir las tendencias. Sin embargo, detrás de esta aparente accesibilidad se esconde un importante coste medioambiental. Según datos de Greenpeace recogidos en un artículo publicado por Vogue College of Fashion en enero de 2025, la industria de la moda es responsable de entre el 8 % y el 10 % de las emisiones mundiales de dióxido de carbono (CO₂), lo que equivale aproximadamente a entre 4.000 y 5.000 millones de toneladas anuales. Estas cifras reflejan la magnitud del impacto climático de un sector cuya producción continúa impulsada por la demanda de nuevas colecciones y tendencias cada vez más efímeras.

Hay más datos que dimensionan el fenómeno. Según cifras de Statista citadas por Vogue College of Fashion, en 2023 el grupo Inditex, propietario de Zara, generó alrededor de 21,6 millones de kilogramos de residuos en sus sedes, fábricas y centros logísticos de todo el mundo. Esta cantidad equivale a 21.600 toneladas de residuos, una cifra que permite dimensionar las consecuencias materiales de la actividad de una de las principales compañías del sector. Es importante señalar que estos datos corresponden a las instalaciones mencionadas y no representan la totalidad de los residuos derivados del consumo de sus prendas.

A pesar de ello, la comodidad, las estrategias publicitarias y la rapidez con la que las marcas incorporan nuevas tendencias continúan favoreciendo el consumo de fast fashion. Las promociones, los descuentos y las campañas dirigidas a acontecimientos específicos de la vida universitaria refuerzan la percepción de que comprar ropa nueva constantemente es algo normal y accesible.

 

La contradicción de la Generación Z

La Generación Z se caracteriza por mostrar una creciente preocupación por el cambio climático y la sostenibilidad. Sin embargo, esta conciencia medioambiental no siempre se corresponde con sus hábitos de consumo. Así lo refleja un artículo publicado por FashionUnited en diciembre de 2024, que analiza cómo los jóvenes continúan recurriendo a la moda rápida a pesar de conocer sus consecuencias sociales y ambientales.

Esta contradicción adquiere especial relevancia si se tiene en cuenta el peso demográfico de esta generación. En España, los jóvenes pertenecientes a la Generación Z, definida en el artículo como las personas nacidas entre 1995 y 2012, representan aproximadamente el 19,5 % de la población, lo que equivale a unos 9,5 millones de personas. Su influencia en el mercado de la moda resulta, por tanto, significativa, especialmente por su relación con las plataformas digitales y las nuevas tendencias de consumo.

Los datos recogidos por FashionUnited muestran hasta qué punto la moda rápida continúa presente en la vida de los jóvenes. Según un estudio realizado en 2022 por la plataforma ThredUp, basado en una encuesta de GlobalData a 1.989 consumidores estadounidenses de la Generación Z de entre 16 y 25 años, el 72 % de los estudiantes universitarios encuestados afirmó haber comprado productos de moda rápida durante el último año. Además, más de dos de cada cinco estudiantes reconocieron haber adquirido ropa para acontecimientos en los que probablemente solo la utilizarían una vez.

La influencia de las redes sociales también aparece reflejada en las estadísticas. El mismo estudio reveló que el 50 % de los estudiantes universitarios veía semanalmente vídeos de compras masivas de ropa, conocidos como hauls, mientras que el 40 % visitaba diariamente páginas web de moda rápida. Estas cifras evidencian la presencia de este modelo de consumo en el entorno digital de los jóvenes, donde las tendencias cambian constantemente y la exposición a nuevos productos puede incentivar las compras impulsivas.

En este contexto, plataformas como TikTok e Instagram desempeñan un papel importante en la difusión de tendencias. La popularidad de contenidos centrados en mostrar nuevas adquisiciones, combinar prendas o renovar el vestuario contribuye a generar una necesidad constante de novedad. Empresas de moda ultrarrápida como Shein y Temu aprovechan este entorno mediante campañas publicitarias, promociones y descuentos dirigidos a consumidores que buscan seguir las tendencias sin realizar grandes desembolsos económicos.

No obstante, el problema no se limita a la falta de conciencia medioambiental. Un estudio académico publicado en 2024 por Zimand-Sheiner y Lissitsa, centrado en la relación entre la Generación Z y Shein, demostró que recibir información negativa sobre el impacto ambiental de una empresa puede reducir la intención de compra de sus consumidores jóvenes. La investigación partió de una muestra de 849 participantes, de los cuales 607 completaron la encuesta. Tras conocer información sobre las consecuencias ambientales de la marca, los participantes desarrollaron una percepción más negativa de la compañía y mostraron una menor disposición a comprar sus productos.

Estos resultados ponen de manifiesto la importancia de la información y la transparencia empresarial en las decisiones de consumo. Sin embargo, conocer las consecuencias de la moda rápida no garantiza necesariamente un cambio de comportamiento.

Esta dificultad también se observa en el ámbito educativo. La docente y especialista en moda Ellen Haeser planteó a un grupo de 20 estudiantes la posibilidad de reducir su armario a la mitad a cambio de conservar únicamente prendas de mayor calidad y durabilidad. Solo dos de los 20 estudiantes aceptaron la propuesta, es decir, apenas un 10 % del grupo. Los demás expresaron su preocupación por perder variedad a la hora de vestir. Aunque se trata de una experiencia puntual y no de una encuesta representativa, refleja la importancia que muchos jóvenes conceden a disponer de diferentes opciones de vestuario.

De esta manera, la relación entre la Generación Z y la moda rápida evidencia una diferencia entre las preocupaciones ambientales y las decisiones cotidianas de compra. Aunque existe una mayor sensibilización sobre los problemas de la industria textil, factores como el precio, la influencia de las redes sociales y la necesidad de seguir las tendencias continúan condicionando el comportamiento de los consumidores.

De este modo, los jóvenes se encuentran ante una contradicción: mientras aumenta la visibilidad de los problemas medioambientales asociados a la industria textil, la moda rápida continúa formando parte de sus hábitos de consumo. Los datos evidencian que el problema va más allá de las decisiones individuales y está relacionado con un modelo de producción y comercialización que incentiva la renovación constante del vestuario.

Una nueva forma de mirar el armario

Frente a ese modelo, la moda de segunda mano está ganando protagonismo entre las generaciones más jóvenes. Las plataformas digitales han facilitado la compraventa de ropa usada y ofrecen una alternativa que combina precios accesibles, variedad y un menor aprovechamiento de recursos nuevos cuando sustituye la compra de prendas recién fabricadas. Depop, una de las plataformas de compraventa de ropa de segunda mano, registraba hasta 180.000 nuevos anuncios diarios y disponía de más de 34 millones de artículos a la venta, según los datos de la propia plataforma recogidos en un artículo de 2025. Estas cifras muestran la dimensión que ha alcanzado el mercado digital de segunda mano y su potencial como alternativa al consumo tradicional de moda rápida.

La ropa de segunda mano permite prolongar la vida útil de prendas que ya existen y, cuando sustituye la compra de ropa nueva, puede reducir la necesidad de fabricar artículos adicionales. Pero hay un matiz importante: comprar ropa usada no convierte automáticamente a una persona en una consumidora responsable. Si la segunda mano se utiliza como excusa para comprar más y acumular prendas, puede reproducir la misma lógica de consumo que caracteriza a la moda rápida. La clave no está únicamente en dónde se compra la ropa, sino también en cuánto se compra, durante cuánto tiempo se utiliza y qué ocurre con ella después.

Los datos sugieren que la conciencia medioambiental, por sí sola, no es suficiente para transformar los hábitos de consumo. Para conseguir un cambio significativo, también resulta necesario cuestionar las estrategias comerciales que fomentan las compras constantes y facilitar que las opciones más responsables sean accesibles para los jóvenes.

Al terminar el recorrido, el Rastro deja una imagen que va más allá de los puestos y las prendas. En sus calles coinciden personas que buscan ahorrar, compradores que persiguen una pieza especial y jóvenes que han incorporado la segunda mano a su manera de vestir. Sus motivaciones no son las mismas, pero comparten un espacio en el que la ropa deja de entenderse exclusivamente como un producto nuevo que hay que comprar cada temporada. Quizá esa sea la principal lección: la ropa usada no tiene por qué responder a una única motivación. Puede ser una necesidad, una afición o una alternativa de consumo. Lo importante es que su creciente popularidad no se limite a cambiar la etiqueta de lo que está de moda, sino que contribuya a cuestionar la idea de que vestir bien exige comprar constantemente ropa nueva. El desafío para las nuevas generaciones consiste, por tanto, en encontrar un equilibrio entre la expresión personal a través de la moda, las posibilidades económicas y la responsabilidad medioambiental. Apostar por prendas de mayor duración, recurrir al mercado de segunda mano y reducir las compras innecesarias son algunas de las alternativas para disminuir el impacto de una industria cuyo coste real no siempre aparece reflejado en las etiquetas.

Referencias bibliográficas: 

  • Alcántara Hernández, R. J., Reyes Pérez, A. F., & Vega Barrios, A. (2025). Fast fashion y el consumo sostenible en los jóvenes hidalguenses. European Scientific Journal, 21(38), 180. https://doi.org/10.19044/esj.2025.v21n38p180
  • Romanos, A. (2025, 5 de junio). Moda rápida, derechos vulnerados: el precio oculto de la ropa barata. Universitat Oberta de Catalunya. Artículo de la UOC
  • Universidad de Medellín. (2025, 7 de noviembre). Fast fashion domina en jóvenes a pesar de la moda sostenible. Universidad de Medellín
  • Vogue College of Fashion. (s. f.). Estudiantes universitarios vs. fast fashion: una instantánea para 2025. Vogue College of Fashion

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