Brujas: el precio de salirse de la norma

Una ilustración de mujeres sospechosas de brujería siendo ahorcadas en Inglaterra, publicada en 1655.
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La construcción de la imagen de la bruja y las connotaciones asociadas a ella a lo largo de la historia.
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El factor económico como clave para la opresión de mujeres con conocimientos alejados de lo convencional o lo que se les permite
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El impacto de la representación negativa de las brujas en el imaginario colectivo y en las niñas
Según se aproxime la fecha de Halloween, las mentes de quienes se presentan a celebrarlo irán evocando imágenes variadas de criaturas demoníacas que normalmente prestas a tentar contra el orden y la vida humana.
En la localidad norteamericana de Salem, que este año cumple 400 años de su fundación, se cuenta que los seres malignos que aparecieron fueron brujas.
Los orígenes del mito que prevalecen
El concepto de bruja no se mantiene estático. Cristina Mateos Casado , doctora especializada en violencia de género por la Universidad Complutense de Madrid y socióloga con especialidad en análisis político, explica que no se sabe con exactitud de dónde procede su etimología. En un principio estuvo relacionado con la magia y la mujer “hechizadora” o seductora.
Margarita Márquez Padorno, profesora titular en historia contemporánea especializada en mujeres en la historia, apunta que aunque los estereotipos más difundidos señalan a las brujas como mujeres malvadas, “no está exactamente clarificado cuál es el canon de la bruja” en cuanto a su atractivo físico.
No obstante, Mateos Casado explica que “con la Inquisición y la religión patriarcal” terminó adquiriendo connotaciones peyorativas para describir a mujeres que no se ajustaban a la norma.
No se trataba de tener una escoba voladora ni poderes mágicos, sino de vivir sin un hombre o tener cierto control económico gracias al conocimiento del cuerpo, los partos o las plantas en plena Edad Media. Mateos Casado señala que esta información se la debe a Silvia Federici , autora de Calibán y la bruja , y añade que las acusaciones no se limitaban a estas mujeres, sino que también afectaban a menores ya hombres que subvertían la masculinidad de la época o que se amigaban con estas “brujas”.

Malleus Maleficarum, Editorial Verbum
La persecución a quienes no encajaban en la normatividad social adquirió una mayor solidez con tratados relacionados con la Inquisición como Malleus maleficarum , en el que se registraron todos los sucesos relacionados con brujas. También se definió cómo identificarlas, a menudo mediante la casualidad, por lo que era muy fácil cumplir con el perfil. “Si una mujer te miraba mal y dos días después te rompías una pierna, se consideraba que era una bruja”, comenta Mateos Casado.
Ni siquiera pertenecer a la Iglesia concedía inmunidad ante acusación de brujería. Teresa Moreno Fuentes, especialista en constelaciones familiares, una pseudoterapia fácil de relacionar con lo mágico, recuerda que santa Teresa de Jesús también fue vigilada por la Inquisición. Su propuesta de conectarse directamente con Dios, propone Moreno Fuentes, disgustó porque supondría inutilizar a la Iglesia, que se reservaba el poder de esclarecer que la maldad era todo lo que escapaba de sus esquemas.
Pánico mágico y económico
Según Mateos Casado, un grano o una verruga eran suficientes para una acusación de brujería durante la Edad Media, época en la que las enfermedades proliferaban. Además, los documentos de la época reproducían un sensacionalismo basado en la superstición, el cual la doctora compara con las mentiras o bulos actuales. Así, era posible asociar casualidades a personas del vecindario que simplemente no cayeran bien para que las consideraran malvadas o peligrosas.
Independientemente del resultado del juicio, sí que existía una opción destacada para desviar una acusación de brujería: arrojársela a otra persona. Mateos Casado cuenta que esto creó un “estado de supervivencia para las mujeres” al obligarlas a acusar a otras personas para defenderse a sí mismas. De esta manera, se produjo “lo que seguramente haya sido el mayor genocidio contra personas, pero específicamente contra mujeres en el mundo”, explica.

María de los Dolores López fue la última bruja española quemada en la hoguera | ‘El conjuro’ (1798), de Goya. / MUSEO LÁZARO GALDIANO
De acuerdo con la lectura de Mateos Casado de Federici, la principal represión entonces era económica. Asunción Bernárdez Rodal, catedrática de periodismo y autora de Brujas en la hoguera , destaca la correspondencia entre el período en el que se ejecutaron más acusadas con la pequeña glaciación de finales de la Edad Media en Europa. Así, explica que la figura de la bruja se empleó como chivo expiatorio: “ Cuando hay incertidumbre, hay una tendencia a buscar culpables porque alivia y porque el miedo genera control social” .
Asimismo, afirma que la persecución de las brujas se enganchó en la tradición de la penalización del cuerpo de las mujeres como imperfecto y no maduro del todo. Esta idea se remonta a la antigua civilización griega y pretendía explicar, por ejemplo, la menstruación argumentando que era el resultado de expulsar la putrefacción de los alimentos que el cuerpo femenino no terminaba de procesar, comenta Bernárdez Rodal.
Los remanentes audiovisuales de las brujas
Carlota Coronado Ruiz, doctora en Periodismo y productora de cine, observa cómo se ha representado a las brujas en los medios audiovisuales. Si bien en los inicios del cine se las retrataba negativamente, fue la película de El Mago de Oz de 1939 la que creó el estereotipo paradigmático de las brujas en la cultura popular. Este se refiere a los aspectos estéticos en los que ha terminado coincidiendo con el imaginario colectivo: “ mujeres que van en una escoba volando, con el sombrero puntiagudo, una verruga en la nariz y la cara verde ”.
Así, la imagen que prevalece en el imaginario colectivo es la que difundió el cine hollywoodense de principios del siglo pasado. El largometraje también incluyó la contraposición entre una bruja malvada y una bondadosa, pero fue ya de cara a los años 60 cuando la imagen de la bruja comenzó a endulzarse, alejándola del diablo y acercándola a la magia y encuadrándola en un espacio doméstico.
La rebeldía, independencia y empoderamiento de las brujas regresaron hacia los años 90 y 2000 gracias a la resignificación del concepto desde el feminismo. En los inicios de esta etapa aparecieron películas como Las brujas de Eastwick y, ya en el siglo XXI, series como American Horror Story , en cuya tercera temporada se manda un mensaje de sororidad entre el feminismo negro y el feminismo blanco occidental y se visibiliza la brujería vudú.
No obstante, Coronado Ruiz es consciente de que aunque se intenta visibilizar más la diversidad en los medios audiovisuales, no se suele aplicar a mostrar cuerpos no normativos, y los medios “hacen que se expulse de las pantallas a las mujeres conforme van cumpliendo años”. Así, las brujas que aparecen representadas en el cine, aunque sean empoderadas, también son “guapas”, apunta la productora.
Márquez Padorno aprovecha el reciente impulso de popularidad del que se ha beneficiado La Odisea de Homero con la película de Christopher Nolan, basada en una nueva traducción hecha por una mujer británica que ha contribuido a adaptarla a los valores de igualdad actuales, para recordar historias como la de Circe. Se la considera bruja y se le atribuye el poder de convertir en cerdos a la tripulación de Odiseo, pero “lo que le pasa es que ha sido violada y tiene un miedo tremendo a serlo”.
Bruja y buena mujer, excluyentes
Si bien la Antigua Grecia no era “un país perfectamente feminista, ni mucho menos”, continúa Márquez Padorno, sí que existían poetisas, filósofas o científicas. La palabra “hetaira” se refería a las que no se quedaban recluidas en los gineceos y participaban en la vida común, lo que sugeriría considerarlas mujeres públicas, prostitutas. Aspasia de Mileto, casada con Pericles, era considerada una hetaira “porque estaba en lo público, porque influía en la política, porque hablaba”.
La cultura tiene un papel crucial en la socialización y en la delimitación de los roles de género todavía a día de hoy. Mateos Casado, si bien considera que utilizar el término entre mujeres puede suponer reapropiarse de él, menciona cómo las niñas, desde pequeñas, escuchan que las llaman “brujas” cuando no se ajustan a la norma y saben que significa que son “malas niñas”.

Blancanieves y los siete enanitos, Disney
Disney, una empresa con una gran influencia en la construcción de un estereotipo negativo de la bruja tradicional, ya cuenta con representaciones más positivas de sus protagonistas femeninas. No obstante, Coronado Ruiz recuerda que un CEO del estudio afirmó que “el único principio para ellos es ganar dinero”, lo que interpreta como indiferencia por la responsabilidad social que tienen al representar físicos femeninos “que hacen que las niñas no quieran verse al espejo” por no parecerse a ellas.
Los primeros años de la década de 2020 han traído el fenómeno tradwife y el cuestionamiento del voto femenino y del concepto de familia en Estados Unidos. La historia no se repite, pero guarda ciertas similitudes que tienden a repetirse, según Márquez Padorno, por lo que le atribuye una importancia menor a los movimientos de mujeres que vuelven a optar por limitarse al entorno doméstico : “yo les daría a cada una de ellas tres años”.
Para Coronado Ruiz resulta curioso que se presenten como mujeres empoderadas mediante modelos “hipertradicionales”, y recuerda que, también en Estados Unidos, el movimiento WITCH – Women’s International Terrorist Conspiracy from Hell – en los años 60 promovió el empoderamiento femenino oponiéndose al patriarcado y reivindicando a las mujeres que ya lo hicieron y fueron ejecutadas por ello.
El movimiento resultó inspirador para la obra teatral de Bernárdez Rodal, quien se interesó por cómo el feminismo recuperó la idea de las brujas como mujeres que no intentaban caerles bien a los hombres ni cumplir con los roles asociados a ellas. En Estados Unidos también existen, continúa la catedrática, personas que se declaran adoradoras de Satán y otro movimiento de gente que se define como tal para poder actuar de manera crítica con la religión.
Mateos Casado señala a la sociedad actual como una muy materialista y muy cientificista, de manera que todo aquello que va más allá de la razón o la ciencia, la cual, por cierto, es patriarcal, está “muy denostado”. Se trata de una manifestación más de cómo salirse de la norma acarrea estigmas, en este caso asociados a las profesiones atípicas como la lectura de cartas, la quiromancia o la astrología.

El esfuerzo requerido no tiene nada que ver con la memorización de las imágenes del tarot. Foto: iStock
Bernárdez Rodal recuerda que la ciencia de hace siglos no es la actual, pues el propio Newton creía en poder encontrar la piedra filosofal. En el caso de las brujas, eran mujeres con algunos conocimientos científicos, como las propiedades curativas de algunas plantas y el tratamiento de enfermedades convencionales. No obstante, las mujeres fueron separadas sistemáticamente del mundo de la ciencia que comenzaron a construirse con las universidades y el Renacimiento.
Bernárdez Rodal opta por recurrir a la ciencia por problemas médicos, pero “el hospital no nos cura los malestares de la vida, que son muchísimos hoy en día”. En muchas zonas, se ha seguido transmitiendo conocimiento no puramente científico, de manera que perduran tradiciones nacidas de la superstición, como en el pueblo gallego de Bernárdez Rodal, donde siguen cortando los malos aires.