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periodismo universitario en internet

Hacer cine para sanar heridas

  • Estudiar en una escuela de cine puede costar entre 2.000 y 14.000 en España, dependiendo de su prestigio

  • La Escuela Dentro Cine, gratuita y para personas en situación de vulnerabilidad, gana el premio en la categoría de reducción de pobreza y desigualdades de la Agenda 2030

En Madrid, matricularse en un curso de la escuela de cine con mayor prestigio puede costar alrededor de 8.000€. En Barcelona, son casi 11.000€ por cada uno de sus 3 años. Y es innegable que para realizar cualquiera de las series o las películas que se consumen a diario en las diferentes plataformas audiovisuales se necesiten grandes cantidades de dinero, como por ejemplo la película de Barbie, que costó alrededor de 130 millones de euros (más de lo esperado). En España, la película más cara es de Alejandro Amenábar, habiendo invertido 50 millones de euros. Pero, ¿realmente se necesita tanto dinero para hacer una buena película?

Los presupuestos elevados, la necesidad de un gran equipo técnico, el coste de materiales de calidad, hace que el oficio del cine se plantee como un mundo elitista en el que solo unos pocos con mucho dinero, o mucha suerte, puedan alcanzar. Sumándole que las matrículas para aprender sobre este oficio cuestan sus miles de euros, ¿sería posible que una persona en situación de desventaja social pudiera contar su historia a través del cine?

 

La Escuela Dentro Cine, como «Los Misioneros del Cine» de las Misiones Pedagógicas

Durante la II República española, conocida como la República de intelectuales, se consideró la cultura como parte integrante de la justicia social. Por ello, personalidades como Bartolomé Cossío, Pedro Salinas o María Zambrano, iniciaron las Misiones Pedagógicas, cuyo objetivo era elevar el bajo nivel educativo y cultural de las clases populares en una época donde existía un alto porcentaje de analfabetismo. Su fin consistía en alfabetizar el mundo rural, llevar la cultura a aldeas y pueblos lejanos y complacer las necesidades de las clases más bajas. Según Javier Pérez Andújar: «Salieron de las cafeterías (…) hombres y mujeres, que se presentaban voluntarios para (…) fuese como fuese, llevar, a donde entonces nadie había querido ir, sus coches llenos de libros, gramófonos, discos, proyectores cinematográficos con películas, fardos de vestuario para obras teatrales y camiones con copias de los mejores cuadros que había en el Museo del Prado». Entre sus diferentes proyectos para promover la cultura como llevar copias de diferentes obras artísticas o la construcción masiva de bibliotecas, destacó también un arte que por aquel entonces aún era desconocido: el séptimo arte, es decir, el cine. Además de fomentar la cultura del cine, el visionado en común de películas gracias a un proyector y la creación de 9 documentales en 16mm sobre las Misiones, también se creó una escuela de aprendizaje para muchos técnicos y artístas que querían dedicarse al cine.

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Misioneros proyectando una película | La Escuela de la República

«Captaban con sus cámaras de cine y fotografía a las gentes que componían el público entusiasta, sus paisajes, su realidad cotidiana. Una colección documental que aún hoy nos emociona contemplar. En los rostros de los campesinos se ve la inocencia y la sabiduría popular forjadas en cientos de años de lucha por sobrevivir»

– Del libro Las Misiones Pedagógicas y La Barraca, por Alfonso Guerra

Y es que algo de aquello quiere resonar en el funcionamiento que sigue la Escuela Dentro Cine, que nace hace aproximadamente 9 años, y que por aquel entonces tenía el nombre de Escuela uNOcine, en un centro de menores de Salamanca llamada Casa Escuela Santiago Uno, donde jóvenes, bajo la constante etiqueta de ser «tutelados», con «medidas judiciales», o «migrantes no acompañados», o «con problemas de conducta» buscaban tomar la palabra para liberarse de sus opresiones y autorepresentarse reescribiendo sus historias. Partiendo de este grupo con un gran potencial de historias que contar, Pedro Sara, cineasta, periodista y fotógrafo; y Violeta Pagán, psicoterapéuta, psicodramaturga y cineasta, crearon la escuela con su metodología disruptiva:

«Sacar el cine de las academias y las escuelas de pago, sin vulgarizarlo, para ponerlo a disposición de jóvenes con menos oportunidades. Aprender a hacer cine desde el primer día, con medios profesionales, compartiendo experiencias personales e imaginando a partir de ellas secuencias que son filmadas por los propios alumnos y alumnas de la escuela. Rodando como un equipo, adquiriendo rutinas de trabajo y a la vez investigando nuevos dispositivos cinematográficos».

Fue así como nace el largometraje Te fuiste al alba, primera película filmada por menores dentro de un centro tutelado. En ella, «cinco chicas de entre 13 y 17 años deciden filmar sus vidas, que se acercan los 18 años y la pérdida de la protección del estado. Sin familia, sin hogar, sin formación y sin dinero, se enfrentan a sus destinos y yerran para sobreponerse una y otra vez, dibujando un emocionante retrato de la realidad de 40.000 menores tutelados en España».

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A la izquierda, Violeta Pagán junto a menores de la Casa Escuela Santiago Uno, durante el rodaje de Te fuiste al alba | 24 Posibilidades por segundo

La Escuela Dentro Cine cuenta ya con 3 largometrajes y un corto, todos ellos escritos a base de historias reales y ficcionadas del alumnado, varios de ellos premiados en diferentes festivales. Aquí puedes ver sus fichas técnicas:

Actualmente la escuela trabaja en diferentes proyectos como «Girls in movies. Chicas con-movidas que hacen movies» , la colaboración con la residencia artística COOFILM mediante la beca de una de sus alumnas y una colaboración con la ECAM mediante una beca cedida por Netflix.

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Rodaje de la Escuela uNOcine | 24 Posibilidades por segundo

Testimonios del alumnado. La historia de Moha y Sara

Mohammed (Moha) Adam Barry y Sara Lucía Jaramillo Ramírez pertenecen al alumnado de la Escuela Dentro Cine. Mientras que Moha conoció la escuela por primera vez en el 2019, Sara llegó en el 2022. Ambos siguen yendo a las clases, aunque sus vidas han cambiado radicalmente desde que llegaron.

A día de hoy, Moha, gracias a su aprendizaje sobre cine, ha rodado su primer cortometraje el cual está en proceso de distribución. Además, gracias a su talento y a la escuela, ha conseguido una beca de Netflix en formato de residencia artística, para seguir formándose en la escuela, pero esta vez, de forma remunerada y como profesor. En el siguiente video, ofrecen de primera mano cómo es el día a día de la escuela.

 

Además, hemos recogido algunos testimonios de alumnos que han visto cómo su vida cambiaba radicalmente y cobraba un nuevo sentido al incorporarse a la Escuela Dentro Cine:

«Tengo una familia, aunque no es la que esperaba tener»

A los 8 años, era responsable de sus hermanos y de ayudar su padre en Medellín. Sabe que la mayoría de la gente no tiene ni idea de cómo puedan haber situaciones así y cree que la mejor manera de contarlo es rodar la realidad del día a día y mostrarla en una película.

«A mucha gente puede abrirle los ojos a lo que estamos pasando tanto yo como mis compañeras, y a la vez es importante para crear conciencia en los que son iguales a nosotros»


«Verme en el cine interpretándome a mí misma supuso un antes y un después»

En una tarde como las otras, se abordaba el tema de la violencia de género en la escuela, «algo mucho más habitual de lo que se cree entre chicas de nuestra edad». Mientras trascurría la secuencia, recibe un mensaje de una prima de 15 años, que cuenta que había pasado la noche en el hospital después de que su marido le diera una paliza.

«Verme en el cine interpretándome a mi misma ha sido algo muy fuerte, nunca me había visto desde fuera en situaciones tan radicales y hacerlo supuso un antes y un después para mi»


«Decidieron quitarme y darme en adopción»

Le decian que tenía un mal hogar y que había que cambiarlo dado que sus padres estaban en las drogas y no eran un buen ejemplo.

«Es un equipo en el que alguien comienza a contar algo y el resto se acaba uniendo, algunos lloran porque lo que escuchan les toca una herida que ellos también tienen. Hacer cine es como una terapia que te deja a gusto porque saca algo que llevaba mucho tiempo ahí dentro, y lo haces con el equipo, con otras personas».


Esta es, de hecho, una escuela para todos, especialmente para aquellos que no han tenido las mismas oportunidades que el resto de nosotros. Estamos hablando de utilizar el séptimo arte de forma unificadora y como medio para crear un espacio seguro detrás o delante de las cámaras y así, al mismo tiempo, dar un paso cultural y social que sin duda no traerá más que beneficios a los alumnos y al público que podrá disfrutar de los estrenos que estes artistas tienen para ofrecer.

 

Crear, filmar, despertar: Una metodología alternativa

Esta nueva manera de hacer cine utiliza el típico proceso de producción audiovisual como una herramienta de desarollo personal. Estructurado en siete fases, el proceso va desde la bienvenida hasta la exhibición en salas de cine, en que cada fase refleja no sólo una etapa clave para hacer una película, como también un momento de formación y crecimiento personal.

  1. Preparación: Bienvenida y dinámicas de grupo
      • Inicia con un desayuno acogedor donde se comparte como si siente y como va todo
      • Se utiliza la mímica y la proyección del cuerpo de manera a ultrapasar las barreras de la palabra para fomentar la confianza y chesión grupal
  2. Guión: Estimulación de la creatividad
      • La confianza del grupo y la emergencia de historias personales
      • Los participantes se convierten en espect-actores, contribuyendo al desarrollo de las tramas
  3. Ensayos: Exploración sin juicios
      • Se emplea el psicodrama de modo a representar conflictos y escenas pasadas
      • Permite a los participantes explorar emociones y conductas de manera no interpretativa
  4. Preparación del rodaje: La creación de equipos
      • Se crean los equipos de rodaje
      • Se fomenta la experiencia directa con herramientas cinematográficas
  5. Rodaje: Catarsis e integración
      • Durante el rodaje de la película, la concentración genera momentos de catarsis y superación
      • El equipo comparte la experiencia, resonando con el drama representado y evaluando conjuntamente
  6. Montaje: Narrativa y postproducción
      • En esta fase los participantes tienen libertad de tomar decisiones creativas sobre la estética y la narrativa de la película
  7. Exhibición en salas: Coloquios con el público
      • Se lleva la película a salas de cine, culminando el proceso
      • Las sesiones de exhibición incluyen coloquios con el público, ofreciendo a los participantes la oportunidad de compartir sus experiencias e recibir feedback

Este enfoque en lo cine mezclado con la terapia ofrece, así, a los participantes una experiencia única y transformadora.

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