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Sol, una plaza convertida en altavoz para la emergencia de la vivienda

  • Acampada de Sol, crisis de la vivienda, movilización social

    Varios participantes colocan cuerdas alrededor de una columna para tensar y sujetar los toldos que cubren las tiendas de campaña instaladas en la plaza. Fotografías de Marina Melguizo.

 

  • La acampada surgida tras el caso de Mari Carmen ha convertido la Puerta del Sol en un espacio de protesta permanente

  • Entre quienes permanecen allí y quienes observan desde fuera aparece una misma pregunta: ¿puede la movilización social traducirse en cambios políticos?

 

La Puerta del Sol lleva semanas convertida en algo más que un lugar de paso. Entre tiendas de campaña y pancartas, la vivienda se ha instalado en el centro de una protesta que nació tras el caso de Mari Carmen y que ha ido incorporando otras reivindicaciones sociales. La plaza, habitual punto de encuentro de madrileños y turistas, se ha transformado así en un espacio desde el que los acampantes reclaman medidas frente a la situación

La movilización ha reunido a personas con diferentes perfiles y grados de implicación. Algunas permanecen en la plaza desde el inicio de la acampada, mientras otras acuden para participar en las movilizaciones, colaborar con quienes están allí o mostrar su apoyo. La protesta ha generado también reacciones entre quienes pasan por Sol y observan desde fuera una concentración que se mantiene en el espacio público durante semanas.

 

Los manifestantes se organizan para hacer un presencia en sol y crear un cordón el día de la Hispanidad ante las amenazas de grupos ultras. Fotografías de Marina Melguizo.

 

Para quienes participan en la acampada, la presencia continuada en la plaza supone una forma de presión y una manera de hacer visible una situación que consideran cada vez más difícil para una parte de la población. La vivienda, que ya formaba parte del debate social, ocupa así un espacio físico y visible en el centro de Madrid.

La movilización también ha despertado el interés de organizaciones políticas y de personas que acuden a la plaza sin permanecer allí. Sus posiciones permiten observar diferentes interpretaciones sobre el papel que puede desempeñar la protesta ciudadana: desde quienes consideran que sirve para colocar una cuestión en el debate público hasta quienes creen que su verdadero efecto solo puede medirse cuando las reivindicaciones llegan a las instituciones.

 

 

La experiencia de los acampantes

Mabel lleva más de dos semanas acampando en Sol. Permanece en una tienda de campaña junto a una compañera. Desde que comenzó la protesta no ha dejado de acudir a la plaza: “Me voy a casa a ducharme y a estudiar, pero luego vuelvo. Cuanto más tiempo paso aquí, mejor. Sobre todo al principio, que había más movilizaciones, un poco más de movimiento”.

Para Mabel, la capacidad de la ciudadanía para influir en las decisiones políticas tiene límites: “Por mucho que hagamos, las decisiones nunca las vamos a tomar nosotros. Nunca se va a cumplir realmente lo que pedimos. Sí es cierto que las movilizaciones siempre han hecho algo de presión o siempre han servido un poco como altavoz”.

La acampada, sin embargo, ha cambiado su percepción sobre la fuerza que puede tener una movilización cuando consigue reunir a un número elevado de personas: “En cuanto a la acampada, creo que ha surgido un tipo de fuerza que nunca habíamos visto. Hacía muchísimos años que no lo veíamos aquí en Madrid. Y creo que sí, que nos hemos hecho escuchar algo más, porque esto es masivo. O sea, lo de plantarnos aquí y ocupar un espacio público, y no irnos hasta que pase representa toda la fuerza de esta gente”.

Uno de los efectos que destaca es la incorporación de personas que antes no estaban especialmente politizadas. “Hay mucha gente que antes no estaba tan politizada, digamos, y a raíz de esto ha decidido informarse y meterse en sindicatos, o ir a más manifestaciones. Creo que eso es un punto muy a favor de todo esto”.

 

Manifestantes participan en una protesta por el derecho a la vivienda en Madrid, entre humo de colores y pancartas contra la especulación inmobiliaria. La manifestación tuvo lugar el sábado 26 de septiembre de 2026, en la Puerta del Sol. Fotografías de Marina Melguizo.

 

Para Mabel, la movilización también ha servido para visibilizar que la vivienda no es un problema aislado. La acampada comenzó alrededor de la emergencia habitacional, pero progresivamente ha incorporado otras reivindicaciones: “Ojalá llegásemos a cumplir todo lo que intentamos luchar desde aquí en diferentes campos, porque esto ya no es solo vivienda”.

Respecto a las medidas institucionales relacionadas con la vivienda, Mabel considera que las reivindicaciones solo se han conseguido parcialmente: “La Junta sí es un parche. Al final no hemos conseguido, sobre todo con los decretos, lo que queríamos, es decir, los puntos que el Sindicato de Inquilinas marcó. Al final nuestra lucha siempre tiene un límite. Como he dicho antes, al final nunca decidimos nosotros, por mucho que protestemos”. Por eso, plantea trasladar la movilización a otros espacios: “Creo que deberíamos externalizarlo, meternos en sindicatos, porque creo que la acampada ya ha llegado a su tope. Ya ha hecho lo que tenía que hacer, y yo creo que esto ya no va a llegar a mucho más”.

 


 

Samuel García considera que las medidas adoptadas no reproducen completamente las propuestas planteadas desde la movilización: “A ver, los cambios que se pedían principalmente los propuso el Sindicato de Inquilinas, que fueron el Decreto Mari Carmen. Y al final el Gobierno lo que ha hecho ha sido dividirlo en dos, y ha hecho ciertas modificaciones”.

García introduce, sin embargo, varios matices sobre el alcance de esas medidas: “Tiene muchos peros porque es hasta 2030, entonces no es como tal el mismo decreto que presentó el sindicato. Pero bueno, esa era la medida que desde aquí se buscaba, aunque no se ha llevado a cabo al cien por cien”.

Para él, uno de los principales resultados de la acampada ha sido acercar el problema de la vivienda a personas que antes podían percibirlo como algo lejano: “Al final es algo que te acaba tocando de una manera o de otra. Entonces lo ves mucho más real y te llama que si gente que conoces o conocidos de conocidos están aquí, tú también puedes, o por lo menos te informas de algún modo por ver qué es lo que está pasando”.

Samuel, el entrevistado, mira a la cámara tras una fuerte tormenta en la acampada

 

Unidas Podemos: de la plaza a las instituciones

La acampada también ha contado con la presencia de personas vinculadas a organizaciones políticas. Sara Serrano, secretaria de Juventud de Podemos, permanece en Sol desde el primer día: “Nosotros participamos parando el desahucio de Mari Carmen y estuvimos por la tarde en la manifestación que se hizo, en la que hubo cargas policiales bastante desproporcionadas. De hecho, a mí y a otras compañeras nos gasearon y tuvimos que ir al médico porque nos afectaron bastante las cargas policiales”. Después llegó la movilización por la vivienda que comenzó en Sol: “Y luego a los dos, tres días fue la manifestación por la vivienda que empezó aquí en Sol. Y desde ese día, desde el día 26, llevamos aquí acampadas y organizándonos con el resto de gente que está aquí para poner en el centro la emergencia habitacional y para que cambie algo”.

 

Un grupo de manifestantes limpian las calles cercanas a la acampada con lejía

 

Serrano considera que la principal consecuencia política de la acampada ha sido colocar la vivienda en el centro del debate: “No se estaba legislando ni hablando absolutamente nada de la vivienda, más allá del relato para titulares y para convencer a la gente. Yo creo que el haber acampado aquí en Sol y en otras comunidades autónomas ha hecho que el problema de la vivienda, que yo más bien lo llamo emergencia habitacional, porque ya no creo que sea un problema, creo que es una emergencia, pues se ponga en el centro”.

Además, recuerda que la dimensión de la movilización sorprendió incluso a quienes ya participaban en organizaciones relacionadas con la vivienda: “Pensábamos entre nosotras cuando nos juntábamos, por ejemplo, en el Sindicato de Inquilinas o en otros sitios, que éramos pocas. Pero cuando pasó lo de Mari Carmen, que fue como la gota que colmó el vaso, nos dimos cuenta de que éramos muchísimas más las que, no solo teníamos el problema de la vivienda, que eso lo sabíamos, sino las que estábamos dispuestas a luchar para que eso cambiase”.

Desde las Juventudes de Podemos, Sara plantea una serie de medidas concretas: “Lo que le pedimos al Gobierno es una bajada por ley de los precios del alquiler, por supuesto. Pero no solo sirve bajar los precios, también hay que toparlos, intervenir en el mercado, porque de nada sirve bajar los precios de nada en general si no los topas, ya que lo que hacen los caseros es subir, y subir, y subir”. A estas medidas añade la intervención sobre las viviendas en manos de grandes propietarios: “Entonces, hay que bajar los precios por ley, topar los alquileres, y por supuesto expropiar a los fondos buitre y a los grandes tenedores las viviendas. Hacer las viviendas públicas, pero viviendas públicas que por ley no se puedan volver a vender a los fondos buitre, que fue lo que nos hicieron y cómo engañaron a la gente”.

 

Manifestantes bailan y alzan los brazos durante la acampada por el derecho a la vivienda en la Puerta del Sol, Madrid. Fotografías de Marina Melguizo.

 

Serrano reconoce que el contexto político puede dificultar que las reivindicaciones se conviertan en nuevas leyes: “Ahora, al haber una convocatoria de elecciones, ya no se va a poder legislar, que es lo que les ha venido bien también. No se va a poder legislar sobre el tema de vivienda hasta que no haya un cambio de Gobierno”. Por eso, considera que la evolución de las políticas de vivienda dependerá también de la composición del próximo Ejecutivo: “Si va a entrar la derecha y va a gobernar la derecha, sabemos que esto o se va a quedar igual o va a ir a peor, que tampoco es muy difícil. Si se continúa el Gobierno que hay hasta ahora, pues continuarán los problemas que ha habido hasta ahora, porque no se ha solucionado nada en estos años”.

Para ella, la transformación de las reivindicaciones en políticas públicas requiere que exista una fuerza política que las incorpore a su programa y, posteriormente, las aplique: “Tiene que haber un partido político a la izquierda, por supuesto, del Partido Socialista, que recoja esas demandas y que las cumpla, que no solo las diga en un programa político, pero que después, cuando llega al Gobierno, no las haga reales”.

La secretaria de Juventud de Podemos considera que la acampada ha conseguido determinados avances, aunque cree que todavía pueden alcanzarse más objetivos. En este sentido, reivindica la continuidad de la movilización: “Necesitamos una movilización de la sociedad civil, organizada y grande como la que se ha producido aquí, y que yo creo que es histórica. No se va a volver a producir hasta dentro de mucho tiempo”.

 

Una mujer desolada en una concentración frente al Congreso por la negativa de aprobar el Decreto Maricarmen

 

Ana Castedo, militante de Podemos y miembro del área de Cultura de la Comunidad de Madrid, acude regularmente a la acampada, aunque no duerme allí: “No estoy acampando, he venido a visitarlos. Vengo regularmente, como hacemos prácticamente todos los militantes, y a estar con ellos y apoyarlos, y a ir a todas las movilizaciones que se pueda, a todas las manifestaciones, ahora con los profesores, las de Sanidad…”

Castedo considera que el efecto de la acampada no debe medirse únicamente por las medidas concretas aprobadas durante su existencia: “No podemos cesar. En el momento en que lo dejemos, estamos perdidos, porque son muchas cosas las que hemos perdido, muchos derechos y más que vamos a perder”. 

 

El movimiento estudiantil se organiza para una nueva jornada en la plaza de Sol durante una de sus multitudinarias asambleas. Fotografías de Marina Melguizo.

 

Para ella, las movilizaciones solo consiguen transformar las instituciones cuando terminan convirtiéndose en decisiones políticas concretas: “Toda lucha es política. Pero toda política tiene que traducirse efectivamente en votos. Entonces ninguna lucha va a llegar a transformar la sociedad si no sale publicada en el BOE”. Desde su perspectiva, la reivindicación de la vivienda forma parte de una lucha más amplia por los servicios públicos y las condiciones de vida.

 

Los que miran desde fuera opinan que con sensibilizar no basta

Mientras las personas acampadas permanecen en Sol y quienes las apoyan participan en las movilizaciones, la plaza continúa siendo un espacio de paso para cientos de personas. Algunas se detienen y otras continúan su camino sin participar. Jorge González e Isabel Fabre contemplan la protesta desde fuera. Ambos consideran que la movilización puede tener capacidad para generar conciencia, especialmente cuando consigue entrar en los medios de comunicación.

Jorge cree que uno de los principales efectos de una protesta es permitir que personas que no viven directamente un problema conozcan las situaciones de quienes sí lo sufren: “Yo creo que tiene bastante alcance, y sobre todo en la medida en que se pueda hay que sostener ese movimiento porque la cuestión del tiempo sí que es importante”. Considera que una protesta que dura poco puede ser interpretada por los responsables políticos como un fenómeno puntual: “Normalmente los políticos tienden a pensar que puede ser una especie de calentón de verano. Que puede ser algo muy, muy puntual, pero que si no lo es, si se mantiene con el tiempo, al final yo creo que sí puede tener alcance, sobre todo en la sensibilización de la gente”. Para ambos, la permanencia de la acampada puede contribuir a mantener la cuestión de la vivienda dentro del debate público, pero no constituye por sí misma una garantía de cambio institucional.

González también considera importante el modo en que se desarrolla la protesta: “Una cosa que sí que es importante en todo momento, y yo esto lo diría casi para cualquier reivindicación social, es que no haya ningún tipo de violencia”. Reconoce que mantener esa posición puede ser complicado cuando existe tensión, pero considera que la forma de protestar puede influir en la percepción que tienen quienes observan desde fuera: “Es difícil muchas veces, porque siempre que hay un conflicto puede haber tensión, pero yo creo que mantener las reivindicaciones con ejemplaridad y dignidad es lo que más puede hacer reflexionar a la gente y hacerla más empática”.

Dos jóvenes construyen un toldo para las tiendas

La conversación vuelve entonces a una de las críticas que rodean a la acampada: la idea de que quienes permanecen en Sol no están trabajando o están perdiendo el tiempo. Jorge interpreta esa reacción como una consecuencia de la distancia entre quienes viven directamente un problema y quienes no se sienten afectados por él: “Posiblemente esas personas se sienten un poco desconectadas del problema. Lo tienen resuelto a lo mejor de otra manera, pero yo pienso que es una actitud que no se justifica por tenerlo resuelto. Uno puede empatizar igual con los problemas que tienen los demás, aunque uno mismo no los tenga”.

 

Jovenes acampantes que trabajan y estudian desde Sol mientras están luchando por la vivienda. Fotografías de Marina Melguizo.

 

Una respuesta todavía pendiente

La distancia entre las tiendas y los paseantes muestra, en este sentido, otra de las dimensiones de la protesta. Mientras quienes acampan viven la movilización como una forma directa de presión, quienes pasan por la plaza reciben sus reivindicaciones desde fuera. Entre ambos grupos existe, sin embargo, una cuestión común, que es la capacidad de una protesta para conseguir que un problema deje de ser percibido como individual y pase a formar parte de una conversación colectiva.

Sol funciona así como un punto de encuentro entre la reivindicación y la mirada de todos. Las tiendas hacen visible una protesta, pero el recorrido hacia una transformación institucional es mucho más largo. La acampada puede ocupar una plaza durante semanas y generar debate, pero la cuestión pendiente es si esa presión terminará convirtiéndose en decisiones políticas concretas sobre vivienda.

Por ahora, la respuesta sigue abierta entre quienes permanecen en la plaza, quienes acuden para apoyarlos y quienes simplemente atraviesan Sol.

 

 

 

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