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Afganistán, territorio hostil para periodistas

El número periodistas fallecidos en Afganistán alcanzó un total de ocho víctimas en 2014, de acuerdo con la Organización no gubernamental afgana de defensa de la prensa NAI. Así lo ha explicado el director de la organización, Sediqualá Tawhidi, durante una rueda de prensa en la que ha insistido en que estos profesionales  murieron como consecuencia de atentados bombas y ataques de grupos terroristas radicales.

Tawhidi ha asegurado que la violencia contra los periodistas y los medios de comunicación en Afganistán ha aumentado un 64 por ciento en 2014, respecto al año anterior, de acuerdo con las conclusiones que pueden sacarse del informe presentado.

Afganistán se ha convertido en un cementerio para los informadores, desde que estalló el conflicto armado contra Estados Unidos en 2001. La presencia de grupos terroristas radicales, en especial los talibanes, que han intentado hacerse con el poder político del país, ha provocado la inseguridad, no solo de la ciudadanía, sino también de los reporteros, que trabajan sobre el terreno.

El clamor de las bombas ya no asusta a los habitante de Kabul, que se ha convertido en el punto de mira de todos los ataques terroristas. Solo en el mes de diciembre se registraron alrededor de 11 ofensivas bombas, reclamadas por los talibanes, quienes buscan acabar con la tranquilidad que las elecciones del pasado mes de septiembre debería traer al país.

El informe presentado por la organización afgana, que defiende los derechos de los periodistas, ha sido publicado después de la muerte de un reportero local en un atentado suicida contra el centro cultural francés en Kabul. Este ataque tuvo lugar el pasado ocho de diciembre, cuando un joven de 16 años se inmoló en medio de una obra de teatro ‘El latido del corazón’, que perseguía denunciar la violencia y los ataques suicidas que ocurren constantemente en el país. El presidente de NAI ha lamentado el fallecimiento de todas las víctimas.

A pesar de los avances sociales y políticos que han tenido lugar en Afganistán en el último cuatrimestre de 2014, el país sigue siendo territorio hostil para los profesionales de la información que realizan su trabajo sobre el terreno, tal y como muestra este informe. Pilar Requena, profesora de Relaciones

Profesora de Relaciones Internacionales en la UCM, periodista e investigadora especializada en medios de comunicación y terrorismo

Pilar Requena

Internacionales en la Universidad Complutense, periodista e investigadora especializada en terrorismo y medios de comunicación, cuenta que estos últimos han experimentado gran cambio en Afganistán desde el Gobierno talibán hasta la actualidad. “En la época de los talibanes lo único que había eran los medios controlados por ellos, en ese sentido ha evolucionado de forma radical, digamos que se ha producido una explosión de medios de comunicación en Afganistán. Ahora está la televisión afgana, que es la pública o la más oficial, y luego hay otros muchos canales privados”.

Sin embargo, ha explicado que “uno de los puntos negativos es que muchos de los medios están controlados por señores de la guerra, señores con poder o señores de narcotráfico”. Requena ha puntualizado que los medios de comunicación actualmente están controlados por sectores muy diversos, desde los señores de la guerra hasta poderes políticos o económicos.

Tawhidi ha comentado que entre las ocho periodistas fallecidos, “dos eran extranjeros, de los cuales uno murió en Kabul y el otro en una provincia del sur”. No obstante, Tawhidi ha insistido en que durante este último año se han registrado alrededor de 80 casos de violencia contra los profesionales de la información, indistintamente de los medios de comunicación para los que trabajasen. Además, el representante de la NAI ha destacado en que la mayoría de estos ataques violentos fueron protagonizados por las fuerzas de seguridad afganas, por lo que ha pedido al actual presidente del país, Ashraf Ghani, y al primer ministro, Abdulá Abdulán, que “cumplan los compromisos en materia de defensa de la libertad de expresión y de protección de los periodistas” que plantearon durante la campaña electoral.

 Ambos líderes llegaron al poder el 29 de septiembre del 2014, días después de que pactaran un gobierno de coalición. Las negociaciones ocurrieron después de haber pasado por un complejo proceso electoral. Ghana y Adulan participaron en un proceso constituyente que solo podía finalizar con este gran pacto,  que fue bien recibido por la ciudadanía afgana y también por la comunidad internacional. A causa de las tensiones sociales y políticas presentes en el país, desde que comenzara el conflicto contra Estados Unidos en 2001, la Organización de Naciones Unidas creó una Comisión Electoral Independiente para que supervisaran el proceso de votos que dio la victoria a Ghana en primera instancia. En esa omisión participaron diplomáticos, políticos y periodistas con el fin de garantizar la autenticidad del resultado electoral y evitar que los talibanes interfirieran en el proceso de democratización del país.

En su discurso inaugural, el presidente Ghani expuso los principales puntos que pretende tratar durante su mandando. Entre los principales objetivos señalaba la reforma de las instituciones del Estado afgano, la reconstrucción de la economía nacional, el capital humano y la seguridad de la ciudadanía. En el discurso también mencionó el respeto a las políticas de libertad de expresión y prensa que Afganistán, como país democrático, debería proteger desde ese momento.

El primer ministro, Abdulá Abdulán, expresó su compromiso por la unidad de la nacional y el progreso del país y de la región, que sufre el vasallaje de los grupos terroristas radicales. La violencia terrorista se ha enquistado en este país y desde hace más de diez años no hay día en que los ciudadanos y los periodistas que cubren lo que allí sucede dejen de respirar el miedo que se filtra por las calles de Kabul.

Periodistas ejerciendo su profesión

Reporteros de guerra durante una operación militar en Afganistán

 Bashir A. G. lleva varios años cubriendo la información para distintos medios de comunicación en Afganistán y Pakistán. A él ya no le sorprende despertarse con el estallido de las bombas. El silencio que se genera en un instante en las calle y el llano que rebota de una punta a otra de Kabul junto  a las ambulancias. “El dolor tiene sonido y es este” comenta mediante videoconferencia este experto periodista que no ha parado de cubrir atentados terroristas desde hace años. Él no se encontraba en Kabul cuando tuvo lugar el último atentado contra el centro cultural francés, porque estaba fuera del país, pero le han contado que fue una masacre, a pesar de que no hubieron tantas víctimas. “Resulta casi irónico que en medio de una representación teatral, que pretendía denunciar el terror de los atentados ocurriera uno”, comentó en tono solemne este periodista, que lamentaba profundamente la muerte de su colega Zubair Hatami. “Con el fin del proceso electoral pesábamos la tranquilidad llegaría a Afganistán. Han pasado casi tres meses y aún los talibanes siguen atacando”, añadió. De este modo el corresponsall reflexionaba sobre la situación que tanto sus colegas de profesión, como los ciudadanos, sufren a diario.

La desesperación no es una opción para este periodista freelance que tuitea sin parar cada uno de los casos de ataques terroristas, que ocurren en la ciudad en la que viven. Bashir, de origen afgano, nació en Londres, donde su familia regenta un negocio  de hostelería desde que él era pequeño. A él te horroriza ver la imagen que el resto del mundo recibe del país en el que trabaja y donde sus padres nacieron. A veces incluso sabiendo que él mismo es quien ofrece esa mirada al mundo. “Es muy duro mostrar el sufrimiento de una población que ya ha perdido la esperanza”, comentaba mientras hacía balance del nuevo Gobierno que se instauró en Afganistán hace unos meses. A pesar de que su trabajo es informar, Bashir no puede sentirse “apenado y avergonzado” por lo que le ocurre al país del que sus padres emigraron una vez e insistió  en que siendo él musulmán, no se siente identificado con las prácticas de los grupos radicales. “Es una lástima que en Occidente  se tenga miedo al islam, cuando los grupos terroristas no representan ese credo”, explicó el joven periodista. Bashkir no describe las guerras internas en Afganistán como u conflicto entre facciones políticas y religiosas que quieren controlarlo todo y a los que no les importa emplear la violencia para hacerse escuchar, olvidando así las enseñanzas de las escrituras del Corán. “Muchas de las víctimas son musulmanas”, espetó Bashir en un intento por mostrar la incongruencia de los ataques talibanes en Afganistán.

Por su parte Pilar Requena asegura que, aunque parte de la culpa es de Occidente, los musulmanes también deben reconocer que la corriente del terrorismo yihadista está sacada de las escrituras del Corán. No es que en el libro santo aparezca como tal, sino que al estar abierto da lugar a varias interpretaciones equivocadas, como es el caso. “Es una mala interpretación del Corán, pero este tiene unas partes que mal interpretadas pueden dar lugar a esa lectura errónea que están haciendo los fundamentalistas. La yihad por ejemplo, es un concepto que en el Corán, interpretado adecuadamente, es la lucha de uno mismo o el esfuerzo de uno mismo por ser un buen musulmán. También la guerra interior de uno mismo por ser un buen musulmán. Pero si se lleva esa interpretación al extremo da lugar a la lectura del islam contra aquellos impuros que no quieren que el islam triunfe. Por lo tanto, entraríamos aquellos no creyentes”, asegura la periodista.

El 80% de los ataques terroristas de 2013 tuvieron lugar en Irak, Afganistán, Pakistán, Nigeria y Siria

De acuerdo con el Índice de Terrorismo Global que presenta cada año el Instituto de Economía y Paz, más del 80% de los atentados reclamados por grupos violentos organizados en 2013 tuvieron lugar en Irak, Afganistán, Pakistán, Nigeria y Siria. Según este documento Afganistán se situaría en el segundo puesto de la lista, con una nota de 9,39 detrás de Irak (10) y seguido de Pakistán (9,37), Nigeria (8,58) y Siria (8,12). Hay que destacar la posición de Afganistán en este estudio, como segundo país del mundo del ranking donde sucedieron más atentados terroristas en 2014. Este país está precedido de Irak y le sigue en la lista Siria, ambos países están siendo castigados por los ataques violentos del Estado Islámico (IE, por sus siglas en inglés). De este estudio es posible concluir que, a pesar del radicalismo que muestra este nuevo grupo, que defiende la difusión del credo islámico en una vertiente contraria a los planteamiento del Corán, la cruenta actividad de los talibanes en Afganistán sigue acabando con varias vidas en este país. Por lo que no es posible olvidar que, a pesar de la aparición del IE como uno de los grupos islámicos radicales, la barbarie de los talibanes afganos también es terrible.

El grupo terrorista Talibán nació en 1994 de la mano de Mohamed Omar, quien había luchado en las filas del grupo Muyahidin en contra de la ocupación soviética en el país en la década de los ochenta. Con el fin de la invasión, los talibanes tomaron el control político de Afganistán hasta la llegada de las tropas norteamericanas en 2001, a las que han presentado resistencia hasta la actualidad. En el choque con las fuerzas extranjeras el país se ha sumido en el caos y la tragedia, donde la religión ha perdido sentido y su mensaje paz espiritual se desvanece entre balas y explosiones.

El recién nombrado presidente de Afganistán,  Ashraf Ghani, participó en una conferencia en Londres ante distintas personalidades de la comunidad internacional. El objetivo de su ponencia consistía en hacer que el resto de países no se olvidaran de Afganistán, a pesar de las tragedias que están teniendo lugar en otros países de Oriente Medio como Irak y Siria, por la amenaza del Estado Islámico. Justamente esos días, Bashir ya se encontraba en Londres y, aunque no siguió como periodista el evento, si estuvo atento a la prensa británica para conocer la opinión del que también considera que es su presidente. “Después de tantos años viviendo allí y por ser la tierra donde nacieron mis padres, yo también me siento afgano” respondió  confiadamente el periodista freelance. Respecto a las palabras de Ghani en la conferencia prefirió no hacer ningún comentario “por no comprometer su integridad periodística”, aunque aseguró estar de acuerdo que “Afganistán no puede caer en el olvido” para la comunidad internacional, ya que sin la ayuda de los otros Estados, no podría recomponerse.

Dice Pilar Requena que hay que tener mucho cuidado en el tratamiento informativo sobre terrorismo. Nos relataba que “hace unos días me he encontrado con un problema en uno de los telediarios porque yo decía que no podíamos dar las imágenes del autodenominado Estado Islámico sin advertir a la audiencia que eso es propaganda. Sin embargo me decían que no, que eso ya se distingue. Pero yo insistí en que la calidad y la realización es tan buena que se parece casi a la nuestra, por lo que la gente se puede creer que yo he estado grabando eso allí en libertad cuando no es así. Tú no la puedes reproducir sin más y sin advertir a la audiencia”.

Lo que está sucediendo actualmente es que, con el mal tratamiento de las informaciones y abusando del sensacionalismo, se crea la cultura del terror y se aprovecha para recortar libertades. Pilar Requena lo relaciona también con los resultados electorales que ha obtenido David Cameron en Reino Unido, pues este ha aceptado como suyo parte del discurso que planteaba la extremaderecha en el país. Asegura la periodista que si empezamos a adoptar medidas represivas en nuestros propios países, supondría una victoria para lo terroristas porque eso es precisamente lo que están buscando.

El terrorismo repercute en la situación de crisis económica afgana

Y es que no solo el terrorismo tiene en vilo al nuevo Afganistán, ya que también su débil economía se ha visto deteriorada tras varios años sin comercializar ni producir. De acuerdo con fuentes diplomáticas españolas, que han vivido el conflicto afgano en distintos periodos, “el problema de Afganistán es que no termina de arrancar” a causa de las luchas de poder entre las facciones religiosas que intentan controlar la política y que como resultado deterioran la economía. El último informe del Consejo de Seguridad de la ONU, publicado el nueve de diciembre de 2014, sentenció que la economía afgana sigue encontrándose en una situación difícil. De acuerdo con los datos que proporcionó el Ministerio de Finanzas del país en cuestión, para la elaboración de este informe, la inversión en los primeros siete meses del año anterior se vieron reducidos en un 79% y el comercio un 9%. Consecuentemente, el Banco Mundial se vio obligado a informar a los donantes de que las recaudaciones de ingresos tendrían que aumentar un 42% para que Afganistán alcanzara sus objetivos anuales y de este modo, los Estados Unidos y el Reino Unido aportaron 75 millones y 18,9 millones de dólares, respectivamente. De este modo, ambos países ayudarán a la reconstrucción del nuevo Estado democrático que está estándose en Afganistán.

Resulta evidente que Afganistán tiene grandes problemas a nivel macroeconómico, pero todo el que viven allí sabe que la auténtica pobreza se vive al pie de las calle. El propio Bashir, que se considera así mismo un privilegiado, relataba lo complicado que es sobrevivir en el país, por lo difícil que es conseguir alimentos y enseres. Asimismo, comentaba entre risas lo “desesperante que puede ser enviar un texto a través de Internet” por los constantes cortes de luz que hay en el país. Para Bashir los problemas económicos de Afganistán no se reducen a las deudas que pueda tener o los gastos  que indiscutiblemente tiene, sino a la humillación de ver a la gente pasando hambre, viviendo en una situación degradante, en la que la ayuda humanitaria a veces no es suficiente. Y todo ello abandonando sus hogares, quizás porque han sido destruidos por las bombas o simplemente porque los recursos en esa ciudad ya no existen.

De acuerdo con el último documento sobre la ayuda humanitaria que recibe Afganistán, proporcionado por Naciones Unidas, se registró una total de 118.022 personas desplazadas en el país, como consecuencia de la ofensiva talibán que tuvo lugar en abril de 2014. Los enfrentamientos militares del norte de Helmand generaron el desplazamiento de 1.000 familias, otras 255 en la provincia de Ghazni y 668 en Kunduz. En esta misma línea, el informe desvela que solo el 60% de las necesidades básicas calculadas por la ayuda humanitaria podrán ser cubiertas por los planes de preasignación de asistencia alimentaria en 54 distritos del país. Lo que significa que solo 750.000 personas podrán beneficiares de las ayudas que Naciones Unidas reparte en Afganistán. Este desigual reparto de alimentos también está presente en el reparto de artículos esenciales como el combustibles, las mantas y el material para construir las viviendas en las provincias en las que se han visto desplazados los afganos. En el informe presentado por la ONU se detalla que en respuesta a estas deficiencias se asignaron tres millones y medios de dólares del Fondo Humanitario Común para el acondicionamiento de esas familias desplazadas en las provincias de khost y Paktika (Pakistán). De este modo, las familias desplazadas podrían cubrir sus necesidades en el invierno, época de especial dureza ambiental en estas regiones, ya que la mayor parte de las familias desplazadas se encuentran en zonas situadas a más de 2.000 metros de altitud.

Afganistán se encuentra en el puesto 128 de los países que incumple con la libertad de prensa

De acuerdo con la Clasificación Mundial de Libertad de prensa que realiza todos los años Reporteros Sin Fronteras, Afganistán se encuentra en el puesto número 128 de esta lista. En comparación con la clasificación de años anteriores, este país ha sumado un punto a su nota (37,07) en lo que respecta al respeto a la libertad de prensa. Esto significa que los periodistas afganos han visto mejoras en 2014 en sus libertades para informar, en comparación con el año anterior, cuando varios profesionales de la información fueron acallados e incluso encarcelados por desvelar varias tramas de corrupción política y fiscales durante los comicios. El caso más conocido es el del escritor y colaborador para distintos medios de comunicación afganos, Partaw Naderi, que fue llevado a los tribunales por el ministro Davood Ali Najif, a quien acusó de mofarse del proceso electoral en una carta dirigida a los miembros de su ministerio.

Si la compleja situación sobre el terreno dificulta el día a día de los ciudadanos, así como de los periodistas, la mordaza que aplican los poderes gubernamentales, censura e inaccesibilidad, el derecho a la información queda vetado. No solo las bombas convierten en terreno hostil para ciudadanos y periodistas la vida en Afganistán. La cruenta guerra entre talibanes, gobierno y fuerzas militares extranjeras, deteriora cualquier posibilidad de progreso, como asegura Bashir, quien sufre las explosiones y los cortes de luz, como si se tratara de un hecho cotidiano más. Por su parte, Mayte Carrasco se rindió a la literatura para exponer el terror de un país que evidentemente le marcó. Nadie sale ileso de Afganistán,  periodista o ciudadano, sin conocer el rencor de un país que sigue siendo hostil, pese a todos los esfuerzos que se realizan para que vuelva a la normalidad.

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7 Comments

  1. Muy interesante

  2. Que dureza… Gran articulo!

  3. Interesante. Complicada la vida de los reporteros en guerra, te cambia la perspectiva.

  4. Muy completo el artículo. No se puede permitir que ningún fanatismo apague nuestra mirada al mundo

  5. buen articulo¡¡¡¡¡¡

  6. Muy bueno .!!

  7. De lo que no se sabe, no se es consciente.

    Gran trabajo. Felicidades.

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