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La otra radio

 

La labor social de las radios comunitarias

Surgidas en entornos vecinales, las radios comunitarias juegan un papel imprescindible dentro de los barrios

Ramón Cañada / Bárbara Arango / Jorge García

El ambiente no huele a espray de eucalipto. En la calle tampoco se vislumbra algún gran letrero luminoso. Allí te recibe el jefe cuando pasas el marco de la puerta, que es la misma persona que hace el programa de la noche, que graba desde el control técnico el programa de deportes y, por supuesto, el mismo que aprovecha la tarde del domingo para limpiar el estudio y la acogedora redacción.

Tampoco a los pies de sus instalaciones se abre una tienda de Primark envenenada de consumo.

La localización de los estudios suele darse en barrios de clases trabajadoras, en cualquier calle que traza el callejero a su capricho. El enclave es todavía más remoto: tal vez en un sótano, o en un entresuelo de un edificio, sino en un trastero.

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La importancia de la mesa de mezclas en radio

Son emisoras de radio comunitarias. Emiten información tan veraz y trascendente como la que estamos acostumbrados a sintonizar cuando no subimos al coche o preparamos el desayuno; sólo hay un gran rasgo que las define y a la vez las diferencia del resto: no tienen “ánimo de lucro”.

“Aquí los vecinos tienen una herramienta para hacer saber a sus convecinos cuestiones que a ellos les interesa, iniciativas que a ellos les parecen notables; además de tener un espacio de diálogo para vivir el día a día del barrio de una forma más cercana”, apunta Juan Carlos, responsable de Onda Diamante, sentado sobre la misma silla donde todos los jueves locuta su programa.

onda merlin; radios comunitarias; control central radio

Desde el control central.

Como Onda Diamante (emisora local del barrio de San Blas – Canillejas de Madrid), por todo el Estado español la presencia de los medios comunitarios es constante en los núcleos poblacionales. El dato exacto de este tipo de medios de comunicación se desconoce -debido en gran parte a las trabas burocráticas y legales-, pero hay diversos organismos aglutinadores que defienden los intereses de estas emisoras, como la ReMC (Red de Medios Comunitarios).

Donde sí encuentran cobijo es en los códigos. Están amparadas desde la mismísima Declaración Universal de los Derechos Humanos (artículo 19), pasando por la Constitución Española (art. 20) y más recientemente, la Ley General de la Comunicación Audiovisual de 2010, donde por fin se reconocen estos medios. Es el derecho a la libertad de “expresar y difundir libremente pensamientos, ideas y opiniones”: nacemos con él.

Son palcos populares, altavoces para todos los públicos, pancartas que cada día vuelven a ser repintadas de blanco y recogen con letras negras una nueva causa.  Estas “herramientas” de comunicación permiten igualar en unos cuántos kilómetros cuadrados de espectro hertziano a la superestrella que cobra seis kilos por temporada con el parado de larga duración de la zona más humilde de Vallecas. Así de maravilloso es el invento de Marconi.

En ellas trabajan todos. Y todas. “Para nosotros es una pasión y forma parte de nuestra vida. No tendremos jamás un sueldo elevado, lo que provoca que tengamos que adaptar nuestra forma de vida al medio. Pero por encima de todo está el reconocimiento, la labor social que hacemos”, afirma orgulloso José Manuel Mínguez, responsable de Onda Merlín Comunitaria, otra emisora comunitaria -o ciudadana, como también las denominan- de los barrios de Madrid.

Muchas están integradas por profesionales del Periodismo, aunque en la mayoría de casos el buen funcionamiento se debe a la contribución colectiva de los propios vecinos. “Esto sale adelante gracias a que hay gente que pone sus saberes y talentos al servicio de todos; o nos muestra sus ideas. Por ejemplo, Félix, nuestro técnico (oficinista de profesión), que sabe siempre qué cable es el que falla cuando no funciona algo”.

Las radios comunitarias en el entorno

Trabajo nunca falta, desde luego. Pagar las facturas ya es otro asunto… Exentas de publicidad por su condición de “sin ánimo de lucro” -la causa está por encima de la rentabilidad; las ideas por encima del dinero-, se ven obligadas a gestionar sus propios ingresos para garantizarse la supervivencia. Aquí es donde las cabezas han de estrujarse para encontrar alternativas con las que poder financiar las emisoras: cuotas de los socios, contribuciones de las asociaciones vecinales, ayudas municipales para programas de integración…

Onda Merlin, FM, Radios Comunitarias

Preparados para la emisión

“La crisis nos ha abierto muchas opciones. Una de ellas es ofrecer a los institutos refuerzo escolar, o realizar con ellos programas de radio como actividades extraescolares… En definitiva, trabajos horizontales a través de la comunicación”, dice José Manuel Mínguez.

Pero si algún rasgo merece ser destacado de la labor ejercida por las radios comunitarias, ese es, indudablemente, su compromiso con la sociedad. “Las emisoras comunitarias llegan a aquellos sitios donde los otros medios no llegan; ni siquiera aquellos que son públicos. Es una información de proximidad”, dice Manuel Fernández Sande, teórico de Periodismo radiofónico en la Universidad Complutense.

Llegan. Y funcionan. Cuando es preguntado por la contribución de la emisora a su barrio, Juan Carlos habla del día a día: de las juntas de distrito de los jueves, de los problemas que reclaman los vecinos… Hace una pausa. Entonces, precedido de la humildad del que convierte la solidaridad en cotidianidad, recuerda el papel que su emisora jugó a la hora de que la finca Torre Arias, patrimonio del barrio, no fuese vendida al mejor postor eclesiástico.

Eso fue hace dos años. Hoy, los vecinos de San Blas – Canillejas luchan por conseguir un autobús de línea directa con su hospital de referencia, el Ramón y Cajal, plantado a hora y media de sus casas. “Los vecinos nos lo piden encarecidamente”, apunta Juan Carlos. Es sólo un ejemplo. Y un motivo más para que Félix siga con sus cables intentando hacer llegar al mundo las voces y los problemas de su barrio.

 

 

 

 

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One Comment

  1. Vaya moviduela más guapa.

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