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Así acabé en un comedor social

Comenzando por realizar una definición de lo que son los comedores sociales, podría decirse que «son centros que proporcionan servicios diarios de desayuno, comida y/o cena, para cubrir necesidades básicas de alimentación a personas que carecen de recursos. Muchas de las personas que acuden a estos comedores hallan en ellos un lugar de encuentro y socialización. El servicio se presta a usuarios, en su mayoría adultos mayores, en situación de vulnerabilidad: pobreza, desarraigo, soledad, sin techo, etc.». En la Comunidad de Madrid, pertenecientes a ésta, o sea, de carácter público, tan solo hay 4 que se encuentran en el distrito de Arganzuela, concretamente en la Calle Canarias; dos comedores en el distrito de Usera, Plaza Elíptica y San José; y otro en el distrito de Chamberí, en Santa Isabel.

El comedor de Plaza Elíptica, al que Variación XXI ha tenido el placer de acercarse, es un centro que proporciona manutención diaria a personas mayores perceptoras de pensiones FAS, LISMI o PNC, así como a otros mayores que, no siendo perceptores de estas pensiones, se encuentren en situación sociofamiliar precaria. Entre los requisitos necesarios para poder acceder y obtener del centro una ayuda es ser mayor de edad, estar empadronado en la Comunidad de Madrid, no superar en ingresos el solicitante, o la unidad familiar, el IPREM que se establece anualmente, no padecer enfermedad infecto-contagiosa activa que suponga un riesgo en un comedor colectivo, no padecer trastornos de conducta que impidan la normal convivencia en un comedor colectivo.

Comedor social Plaza Elíptica

Comedor Social Plaza Elíptica / Grupo 04

Valentín, director de éste comedor señala que «esto es más como un centro de día, se da desayuno, comida y cena pero pueden pasar todo el día en las instalaciones. Abrimos desde las 9:00 hasta las 19:00». Además, conocen a todos los usuarios como si se tratase de una familia, «algunos son intolerantes a ciertos alimentos, otros se encuentran a dieta y a otros nos les gusta ciertas comidas»,señala. «El menú de nuestro comedor varía semanalmente y se encuentra bajo la autorización de un médico especializado».

Además de comedores sociales públicos, existen otros que pertenecen a organizaciones gubernamentales o privadas como pueden ser Cruz Roja o demás organización de carácter religioso.

Un ejemplo de éste tipo de comedores sociales es el comedor social Sta. Maria Josefa, donde hemos tenido la suerte de estar. En éste existen unos horarios determinados de comida a diferencia del comedor social público anteriormente mencionado, donde los usuarios pueden pasar todo el día y realizar actividades como leer la prensa, ver la televisión o actividades lúdicas como juegos de mesa, etc. Además, en el comedor social religioso, acceden todo tipo de personas sin tener que pasar antes por un sistema burocrático, una asignación de plazas. La atención es igual para todos y no personalizada como es el caso de comedores sociales pertenecientes al Ayuntamiento de Madrid.

 Comedor social Sta. María Josefa 

La obra social Santa María Josefa es una organización religiosa, situada en el corazón del barrio de Vallecas, en la que se ofrecen servicios de comedor y entrega de comida a las personas más necesitadas. La institución fue creada en 1947 por la hermana María Josefa. Hoy en día está constituida por monjas y voluntarios procedentes del barrio de Vallecas, y de otros barrios cercanos, que buscan aportar su pequeño grano de arena.

La obra social ofrece servicios de recogida de comida de 12 a 13:30 hora. A partir de esa hora se inicia el servicio de comedor en el que hasta 180 personas son atendidas de lunes a sábado entre las 13:30 y las 14:30 horas. Según nos cuenta una de las voluntarias, a la que llamaremos Ana, se ofrecen dos turnos de comida. El primer turno entra de forma puntual a pasar por el mostrador, donde se les sirve: pan, un primer plato, un segundo y postre. Terminado este primer turno los comensales pueden repetir el segundo plato y/o bien dejar paso a los del segundo turno. Son muchos los que tras comer entregan sus platos para que éstos sean rellenados nuevamente, para poder comerlos más tarde en la cena.

Comedor Social Sta. María Josefa / Grupo 04

Comedor Social Sta. María Josefa / Grupo 04

Una de las voluntarias nos explica que «este es un método que no apoyamos, pero comprendemos y respetamos. En invierno es posible que la comida se conserve mejor, pero con el buen tiempo resulta poco higiénico. La comida se pone en mal estado rápidamente debido al aumento de la temperatura, y es posible que en el momento el que se desee consumirla ya no esté en buen estado». Ana lleva más de una década trabajando como voluntaria y nos cuenta que en la Obra Social María Josefa los asistentes son los de siempre, personas que llevan más de 10 años yendo al comedor para contar con al menos una comida «decente» al día. En los años que lleva colaborando con la asociación cuenta que el perfil no ha variado mucho. Las personas que acuden a la Obra Social María Josefa son principalmente personas en riesgo de exclusión social o indigentes. De lunes a sábado a partir de las 13 en el número 3 de la Calle Encarnación González se repite la misma escena. Junto a la entrada de la Capilla Obra Social Santa María Josefa se van colocando una persona tras otra, formando una fila que puede incluso llegar hasta el final de la calle. A las 13 horas, y de forma puntual, se abre la puerta y comienzan a entrar los primeros comensales que, tras ser servidos, van ocupando las mesas. Cuando se llenan las mesas una de las monjas sale de la cocina para rezar con los comensales y se canta religiosamente un cántico. Solo tras finalizar el cántico los comensales abandonan la mesa para servirse nuevamente o para marcharse dando paso así a los del siguiente turno. En la salida, antes de cruzar la puerta se le despide muy amablemente esperando verles al día si Dios quiere, claro.

Comedor social Plaza Elíptica 

Once de la mañana. Jueves por la mañana de un día soleado, nos adentramos en pleno corazón de Usera donde nos espera el director de un comedor social. Desde fuera resulta un centro avalado por la Comunidad pero apenas resulta un lugar al que recurre la gente sin recursos. En la entrada hablamos con Ramón, un hombre de aspecto jovial aunque se aproxima a los 70 años. Habla con potencia y lleva una camisa de cuadros coloridos.  Nos dice que actualmente hay 200 personas inscritas en ese comedor social. «Algunos vienen y se llevan la comida, y otros nos quedamos aquí hasta el cierre», comenta. El tema de los desayunos nos lo explica el director del centro. Dice que se da de desayuno, almuerzo y cena, desde las 9 que comienza la primera tanda de comida hasta las 19.30 que es la hora de cenar. Entre esos horarios pasan dos cupos de personas ya que el espacio es reducido como para que quepan doscientas personas de golpe.
Usuarios de comedor social leyendo la prensa / Grupo 04

Usuarios de comedor social leyendo la prensa / Grupo 04

La media de edad en éste centro es de 60 años y el perfil que cumplen es de poseer pensiones no contributivas por tener 65 años y no tener derecho a una jubilación, o sea, poseer una paga de tan solo 370€ o tener menos de 65 años pero tener una discapacidad superior al 75%. Además, otro de los perfiles que abundan en el centro son personas preceptoras del RMI (Prestación económica, integrada por la suma de una prestación mensual básica y un complemento variable, en función de los miembros que forman parte de la unidad de convivencia, con objeto de satisfacer las necesidades básicas de la misma, cuando éstas no puedan obtenerse del trabajo, o de pensiones y prestaciones de protección social). Personas que se encuentran en paro de larga duración (máximo a cobrar de 426€) o personas que se encuentren sin ningún ingreso.

Todo aquel que se encuentre por debajo del IPREM,  índice empleado en España como referencia para la concesión de ayudas, subvenciones o el subsidio de desempleo y que por éste se encuentren cobrando por debajo de 532€ puede acudir, por medio de asuntos sociales, a recibir la ayuda de comedores sociales como el Comedor Social de Plaza Elíptica.

La dura realidad 

Ramón, nacido en Getafe, lleva 30 años acudiendo a comedores sociales. Es un militante de la calle, donde ha vivido algún tiempo. Los albergues han sido su hogar más duradero, por lo que nunca ha tenido una cama propia «hasta ahora, que ya dispongo de una vivienda», explica con valentía. Como él, la vida de María Jesús también dispone de historietas para no dormir. « Yo he sufrido maltrato por parte de mis dos maridos, incluso he estado viviendo sola un año en la calle». Con estas palabras, María Jesús saca pecho para respirar antes de contar su trágica vida.

«Tengo tres hijos, el primero de un padre y los demás los tuve con mi último marido, el cual me pegó. Tuve la ayuda de mis padres, los cuales también asistían a comedores sociales. Gracias al Estado, a día de hoy dispongo de una casa donde vive mi hija, la cual también acude a comedores sociales porque es una desempleada con un hijo a cargo. Vivimos de la poca paga que el Estado nos da y doy gracias a que puedo comer aquí». María Jesús ha conocido muchos albergues, residencias y lugares de acogida. Por barrios como Alonso Martínez o Arturo Soria, donde se encuentran albergues para gente sin techo, ha pasado gran parte de su juventud y adultez. Pese a que dispone de una incapacidad mental de más del 70%, con sus ya 55 años disfruta de una energía envidiable. Su zona de confort ahora se encuentra en el Comedor Social de Plaza Elíptica, donde ha podido conocer a gente en su misma situación y que, gracias a su alegría, ha hecho amistades con gente buena.

Fila de personas esperando su comida / Internet

Fila de personas esperando su comida / Internet

«Estuve dos años en un albergue de Arturo Soria. Antes programaban excursiones, como a Segovia. Montamos a caballo y viajamos mucho alrededor de la Comunidad de Madrid». Según el director del comedor social, Valentín, los recortes en los presupuestos no permiten que el resto de centros sociales no dispongan de actividades para los usuarios. Para María Jesus, pagar 4 euros para dormir en un albergue le parecía muy caro, algo imposible de pagar teniendo en cuenta la pequeña paga que cobra del Estado. Comenta que tuvo que pagar esa cantidad cuando estuvo viviendo en un centro en Arturo Soria durante un año. Ahora, gracias a que consiguió una casa de protección oficial y a la solicitud para asistir a un comedor social – reconoce que tardó años en conseguir la vivienda y la aprobación por parte de los trabajadores sociales -, lleva visitando al director del centro de Plaza Elíptica 7 años, y 1 año en su nueva vivienda.

Los usuarios siguen su vida a su manera. El caso de Mercedes, una mujer setentona, rubia y con una ropa elegante, repleta de pendientes y sortijas, recurre al comedor social para vivir, aunque su vida en este momento no sea la más preocupante en comparación al resto. «Mi casa está a unas pocas paradas de aquí, y es muy grande, tiene más de 200 metros. ¿Que por qué estoy aquí [en el comedor social]? Pues hija, porque mi marido me dejó, mi hijo murió hará ya 12 años y yo tengo una depresión de caballo y con una pensión de 400 euros. Con ese dinero no se puede vivir».

Según los datos facilitados por el director del centro, la media de edad en el comedor social está en los 60 años. «Los mayores son los perfiles que más ayuda requieren por parte del Estado. Suelen tener entre 35 y 65 años, y muchos de ellos presentan una discapacidad de más del 70%», asegura. El comedor dispone de un servicio de cocineros, integrado por 5 empelados, los cuales se percatan de las dietas de los usuarios. «Hay un poco de todo, desde gente con diabetes hasta con problemas sanguíneos que les impide comer ciertos alimentos. No obstante, tenemos una tabla con todos los datos sanitarios de los usuarios para saber qué comidas especiales deben tomar», nos comenta una de las cocineras.

La dependencia es un problema que padecen sobre todo personas con edades avanzadas. Dentro del comedor social incentivan la ayuda ofrecida por el Gobierno a aquellas personas que, por problemas físicos o mentales, requieren ese servicio. Es el caso, por ejemplo, de Mercedes. Tal como nos cuenta, viene una asistenta a limpiar tres veces por semana su casa ya que padece una enfermedad física que le impide trabajar en las tareas del hogar.

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Estas son tan solo unas pocas historias de la realidad que viven millones de personas en España. Los comedores sociales son la única alternativa a la que acudir para poder recibir alimento. Un solo paso nos separa a cada uno de nosotros de acabar allí. No son diferentes, son iguales que tú, que yo, que nosotros.

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7 Comments

  1. Cuánta importancia tienen los comedores sociales y qué importante es que los hagáis conocer. Muy interesante!

  2. Felicito a este grupo de chicos emprendedores, que han tomado nota de la necesidad que hay de abrir estos centros de apoyo a laa personas que no tienen nada o tienen muy poco….un plato de comida calientita o una cena es lo mejor del dia.
    Un saludos y exito en esta labor altruista

  3. Muy interesante!!

  4. Buen trabajo!!

  5. Me encanta el reportaje! Los comedores sociales son muy necesaria chicos. Buen trabajo.

  6. La verdad, sabía que existían pero su labor es enorme en los tiempos que corren, gracias chicas por darlo a conocer. Buen trabajo

  7. Me ha sorprendido que solo en el distrito de Arganzuela haya hasta 4 comedores sociales, ya que a simple vista parecen bastantes. Con ello no quiero decir que sean muchos, ya que por suerte o por desgracia, todos suelen tener cola para acceder. Creo que es un tema que se debería tratar más a fondo desde el Gobierno, y en el que intervinieran restaurantes/bares y supermercados, los cuales cada día desechan una cantidad de alimentos exagerada sobretodo por fecha de caducidad, pero que todos sabemos que se pueden consumir igual, o incluso desechar frutas por excedentes del producto sin vender. Se entraria en una batalla legal ya que siendo un comedor publico, subvencionado muchas veces, no tendrían permitido ofrecer alimentos caducados, que no se mal interprete lo que digo, pero creo que servir danones 3 días caducados, podiamos ayudar a un montón de familias en vez de tirar dichos productos los supermercados y restaurantes

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