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La igualdad hay que estudiarla

Matemáticas, Historia, Física, Lengua… Si estudiamos todo eso a lo largo de nuestra vida, ¿por qué no también la igualdad?

Desde que nacemos, nuestras actitudes, creencias y valores vienen condicionadas por una serie de estereotipos que se han ido construyendo a lo largo de los años. Estos estereotipos están basados en percepciones exageradas y simplificadas que nos hacemos acerca de personas, lugares o cosas.  

Existen infinidad de estereotipos. Uno de ellos es el de género, que está basado en el conjunto de ideas preconcebidas que utilizamos para analizar e interactuar con otros hombres o mujeres. Estos nos servirán para comprender las relaciones sociales y justificar ciertas actuaciones. Por ejemplo, si decimos que “llorar es de niñas” estamos justificando una función que no tiene una justificación racional. Muchos de los estereotipos que conocemos, además de operar de forma sutil –lo que dificulta su identificación-, son considerados verdades objetivas por lo que se irán aprendiendo, integrando y afianzando en nuestro pensamiento con el paso del tiempo.

El entorno, un factor fundamental

A los niños se les regala coches y consolas; a las niñas muñecas y cocinitas. A los niños se les apunta a fútbol; a las niñas a ballet. Los niños son más nerviosos; las niñas más tranquilas. A los niños se les da bien los trabajos manuales; a las niñas no. Todas estas ideas se nos van metiendo en la cabeza desde que nacemos y, sin que nos demos cuenta, van a marcar una forma de actuar y de concebir la realidad determinada. Pero, ¿se trata de una verdadera realidad o de una realidad construida?

Existen una serie de factores que durante todo el proceso educativo van a influir en qué estudios cursar. El sistema educativo, los medios de comunicación y la familia serán determinantes en la educación de nuestros hijos e hijas. El primer agente socializador serán los padres y madres. Lo que le regalemos a los niños y niñas y los juegos que realicen marcarán unos patrones de conducta y unos futuros intereses. Como cuenta Asunción Bernárdez, directora del Instituto de Investigaciones Feministas y profesora de Comunicación y Género en la Universidad Complutense de Madrid (UCM) “los juegos siempre son un aprendizaje para el mundo adulto. Vamos aprendiendo qué es lo que se espera de nosotros y nosotras y, de forma automática, vamos entrando en las cajas correspondientes”. Por ejemplo, si a una niña no le regalan una consola es probable que nunca llegue a interesarse por los videojuegos. A muy corta edad, una persona ya sabe cuáles son los roles femeninos y masculinos marcados por la sociedad. 

La escuela  es un reflejo de la sociedad en la que vivimos y también actúa como agente socializador fundamental, a través del cual se siguen transmitiendo estereotipos de género. Por ejemplo, existe la idea generalizada de que las chicas son más organizadas, se esfuerzan más y se toman más en serio sus estudios; mientras que los chicos son más desordenados y dan menos prioridad a sus estudios. Las ideas preconcebidas de las características y roles de cada sexo hacen que chicos y chicas se decidan por unos estudios o por otros.

Ya desde secundaria, los y las estudiantes perciben que los Bachilleratos más femeninos son las modalidades de Humanidades y Ciencias Sociales, seguidas de Ciencias Naturales y de la Salud. El Bachillerato Tecnológico, en cambio, es visto como altamente masculino. Las modalidades de Bachillerato que se elijan influirán en gran medida en la elección de estudios universitarios.

Más mujeres universitarias y con mejores notas

Llegado el momento de elegir los estudios universitarios, hombres y mujeres se siguen distribuyendo en las carreras según los patrones tradicionales de género.  Las chicas eligen principalmente carreras tipificadas como “femeninas” y con menor prestigio social (carreras de Humanidades, Ciencias Experimentales, Ciencias Sociales y Jurídicas y Ciencias de la Salud) por vocación o para ayudar a otras personas. En cambio, los chicos eligen carreras tipificadas como “masculinas” y con mayor prestigio social (estudios técnicos) para ganar un buen sueldo y estar valorados social y económicamente.

Según los datos ofrecidos por el Ministerio de Educación, Cultura y Deportes (MECD), en España hay un mayor número de mujeres matriculadas en la universidad (54,9%), son más mujeres las que se gradúan y también las que mejor nota media obtienen. Estos datos, además muestran que la rama en la que se matriculan menos mujeres es en Ingeniería y Arquitectura (25,8%), aun así su nota media sigue siendo más alta que la de los hombres. Asunción Bernárdez afirma que “es en informática donde menos mujeres hay porque, desde que nacemos, se va produciendo un proceso de exclusión de las mujeres hacia ese tipo de tareas”. 

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Lo que piensan los jóvenes universitarios

La redacción de Variación XXI se ha acercado a la UCM para preguntar a los alumnos y alumnas pertenecientes a carreras tipificadas como “femeninas” (Farmacia o Periodismo) y “masculinas” (Informática o Arquitectura) qué opinan acerca de esta realidad. Algunos parecen ser conscientes de la influencia de los estereotipos de género y de las consecuencias discriminatorias que se pueden llegar a dar el en futuro profesional, otros no tanto. En la UCM parece que los datos siguen los patrones. El 81,8% de las estudiantes de Ciencias de la Educación son mujeres; en Farmacia suponen el 74% y en Informática tan sólo el 15% del alumnado. 

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El miedo a una futura discriminación laboral

Según dice un estudiante de Derecho de la UCM: “Aunque estas tendencias se van igualando, el sistema patriarcal ha marcado que Derecho o Ingeniería eran trabajos de hombres”. Aunque la situación se vaya normalizando, existen ciertas mujeres que quieren cursar estudios técnicos, pero se ven como una minoría y consideran que pueden sufrir rechazo, ser discriminadas laboralmente y tener dificultades en el ejercicio futuro de su profesión. Directamente se auto-eliminan de determinadas opciones por su inseguridad. La doctora Bernárdez afirma que “las mujeres, cuando somos mayores nos declaramos totalmente inútiles para ciertas tareas porque hemos asimilado el reglamento de género”. Aunque sean más brillantes académicamente, ven que van a tener más problemas para acceder al mercado laboral y encontrar un trabajo acorde a su nivel formativo, que su base de cotización será más baja, que tendrán más dificultades para acceder a puestos de mayor responsabilidad y que sufrirán más paro. fotos 9, 10, 11, 12 y 13

Muchas de las que cursan estudios técnicos reconocen el apoyo que han tenido por parte de sus familiares para perseverar en su carrera. El estereotipo de “mujer cuidadora” hace que no se vean en este tipo de campos. Lo mismo ocurre con el estereotipo de “hombre mantenedor” que hace que un chico se vea más raro en carreras como Educación o Enfermería. Existe una tradición social que provoca que se crea que determinadas profesiones no son adecuadas para determinado sexo, como comenta un estudiante de Publicidad y Relaciones Públicas de la UCM: “en ofertas de trabajo para el cuidado de niños y limpieza del hogar siempre buscan mujeres”.

Rompiendo barreras y venciendo estereotipos

El estereotipo es tan potente que muchos y muchas jóvenes no se plantean qué es lo que determina elegir una opción u otra. Ellos y ellas creen que eligen libremente y que si están condicionados, es por la presión que ejercen ciertos padres y madres.  

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Factores que influyen en la elección de los estudios/ Estudio cualitativo

Es necesario, por tanto, orientar a los y las estudiantes desde que son pequeños en función de sus intereses, valores y aptitudes, sin tener en cuenta su sexo o su rendimiento académico. El programa de orientación Rompiendo Esquemas, promovido por el Instituto Asturiano de la Mujer, pretende promover la ruptura de roles y estereotipos sexistas desde la infancia, a través de un programa dirigido a jóvenes de 12 a 16 años.

Se trata de que la gente se oriente y tome decisiones en función de un proyecto de vida personal, modificando lenguajes, mensajes e imágenes en el proceso de orientación y formación académica. Para romper estas barreras mentales, y vencer a los estereotipos, será necesario que el profesorado, los padres y madres y los medios de comunicación se impliquen para que las personas realicen una elección profesional libre de discriminaciones de género. A esto ayudaría una mayor visibilidad de las mujeres que han triunfado en campos tipificados como masculinos y de los hombres que han decidido dedicarse a tareas consideradas  para mujeres.

Para que haya igualdad, primero habrá que estudiarla; y es que, como comenta la doctora Asunción Bernárdez, “aprendemos de manera natural a competir, pero vivimos en un mundo en el que la igualdad está invisibilizada y, por tanto, hay que aprenderla”.

 

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