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Neofascismos: ¿Podrá Vox replicar la victoria de Georgia Meloni?

 

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Georgia Meloni junto a Santiago Abascal (Vox)

  • La Unión Europea preocupada por un posible ascenso de la ultraderecha en las principales economías del euro

  • La coalición de la ultraderecha italiana ganó las elecciones con más del 44% de los votos

«Sí a la familia natural, no a los lobbys LGTBI; sí a las fronteras seguras, no a la inmigración masiva; sí a la soberanía de los pueblos, no a los burócratas de Bruselas», con estas palabras la líder de ultraderecha Georgia Meloni se daba a conocer en España, durante un mitin de Vox con motivo de las elecciones andaluzas. Después de que Los Hermanos de Italia fuese la fuerza más votada en las elecciones del 25 de septiembre, Meloni ha conseguido convertirse en la primera ministra de Italia.  

Su victoria ha generado todo un seísmo dentro de la Unión Europea. Por supuesto, ya existen formaciones de ultraderecha dentro de los Veintisiete, véase el caso de la Hungría de Viktor Orbán o la Polonia gobernada por Ley y Justicia. Sin embargo, hasta el momento, ninguno de los padres fundadores de la Unión había conseguido entrar a la extrema derecha. Marine Le Pen en Francia había sido el caso más cercano hasta ahora. En los últimos comicios presidenciales perdió la contienda, una vez más, contra Emmanuel Macron. Por eso, la llegada de Meloni al Quirinale plantea una serie de dudas: ¿Podrán los partidos de la nueva extrema derecha llegar al poder en las principales potencias europeas? En España, ¿existe la posibilidad de que Vox sea la fuerza política más votada? Y, más importante, ¿qué tienen en común todos estos líderes políticos?.

 

El avance de la ultraderecha siembra el terror

El 23 de diciembre de 1919 nacía el fascismo en Italia después de que un ex periodista fundara el grupo Fasci italiani di combattimento. Este hombre era Benito Mussolini. Casi ciento tres años más tarde Italia da la bienvenida a su nueva primera ministra, también ex periodista y candidata del partido Hermanos de Italia.

Esta reflexión ha rondado las redes y todos los medios internacionales en los que se ha propuesto comparar a la nueva Presidenta del Consejo de Ministros italiano con movimiento de carácter totalitario que cautivó y asoló a gran parte de Europa después de la I Guerra Mundial. 

A pesar de que la mayoría serán capaces de imaginar con imágenes agresivas un régimen fascista, recordando a lideres carismáticos como Hitler o Mussolini, debemos precisar algo mas esta definición si queremos entender la raíz de la comparativa que han despertado los resultados electorales italianos.

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Georgia Meloni durante un mitin de Hermanos de Italia Foto: G. Mangiapane (Reuters)

 

Fascismo vs Neofascismo

El historiador italiano Emilio Gentile declaraba en 2019 para la BBC que el fascismo y la extrema derecha no son conceptos que puedan igualarse en cuanto a su definición, ya que para ello deberíamos hablar de un régimen militarizado entre otras características. Los fascismos que se desarrollaron tras las Guerras Mundiales, especialmente tras la segunda, comparten una serie de puntos comunes que los hacen muy identificables en nuestro tiempo.

Dentro de este tipo de regímenes encontramos una clara oposición al liberalismo y, por supuesto, al parlamentarismo. No están de acuerdo con los procesos democráticos ya que consideran necesario un cambio muy radical en la política de su país. Además de ello, uno de sus principales objetivos será la creación de un Partido Único que será el encargado de concentrar todos los poderes.

Para alcanzar esta posición en la que romperán con cualquier tipo de sistema democrático es necesario conseguir el apoyo y empatía del pueblo. A pesar de lo contradictorio que pueda llegar a parecer esto, si conseguimos remontarnos a los inicios de algunos de los fascistas más conocidos de la historia del siglo XX, nos encontraremos con sociedades que ansiaban desesperadamente un cambio y a las que se les prometió un país mejor bajo la exaltación del nacionalismo.

Para justificar la necesidad de reestructurar el modelo político, el belicismo en la política internacional (también promovida por el potente patriotismo) e incluso el uso de la violencia como arma de control en el interior del país, es imprescindible un enemigo común. Esto favorecerá que el régimen pueda presentarse como la protección que el ciudadano necesita y ansía ante las amenazadoras ideas revolucionarias. 

 

El poder de la convicción

Todas las características que reúne estos regímenes tan agresivos son fácilmente reconocibles en nuestros tiempos sin la necesidad de conocer con precisión la definición académica. Es por ello que el ascenso al poder de un líder fascista en las democracias europeas es una realidad inconcebible en nuestro tiempo. Es por ello que la propia Giorgia Meloni se desvinculaba abiertamente del fascismo, el pasado 5 de octubre, posicionándose en un discurso en el que condenaba este tipo de ideologías. Sus declaraciones han servido de pretexto para que los seguidores más fieles de su política combatieran los “ataques” hechos hacia su ideología política.

La carismática líder de Hermanos de Italia es consciente de la necesidad de no provocar el revuelo dentro de la Comunidad europea y atraer a sus seguidores desde el convencimiento de sus ideales patrióticos. Necesita desvincular su nombre de palabras tan alarmantes como “fascismo”, llevando unas políticas menos agresivas y que se amolden a la sociedad actual, que puedan ser aceptadas sin ser condenadas por el juicio popular.

 

 

Tenemos que tener presente que fascismo y neofascismo no son lo mismo, ya que si lo fueran no tendría sentido la designación de un nuevo término. Sin embargo, este último mantiene lo esencial de los regímenes fascistas de los que toma su modelo: el capitalismo y el totalitarismo, los cuales pretende aplicar y adaptar a la situación actual. Del mismo modo, el neofascismo no se corresponde con los grupos de jóvenes fascistas o la vuelta de antiguos fascistas, aunque lo apoyen. Esta nueva ideología surge tras la II Guerra Mundial y se definiría esencialmente como la defensa violenta y totalitaria del capitalismo conservador, es decir, un “fascismo tecnificado”.

 

Vox y el resto de partidos de ultraderecha europeos

En España, no encontramos partidos políticos fascistas pero sí de ultraderecha, ya que destaca el caso del partido político Vox. Este nació el 17 de febrero de 2013 y es considerado un partido de ultraderecha, aunque algunos medios con tendencia conservadora lo califican como un partido de derechas. Su presidente del partido es Santiago Abascal. 

El caso entre el partido español y el italiano es muy cercano, ya que Giorgia Meloni estuvo en España apoyando a la candidata del partido, Macarena Olona, durante las elecciones andaluzas. La dirigente italiana señaló: «Tengo una profunda consideración y una amistad que me unen a Santiago Abascal». Ambos comparten ideas y propuestas, que se basan en Dios, una férrea defensa por la familia “natural”,  combatir la ideología de género, defender los intereses nacionales y una política en torno a la cuestión de la inmigración, donde ambos demandan unas fronteras seguras. 

 

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Georgia Meloni junto a Santiago Abascal y Macarena Olona (Europa Press)

De hecho, fue el propio Vox el que aplaudió el triunfo de Meloni y aseguró que esas elecciones marcaban el camino que desean millones de ciudadanos españoles y europeos, ya que esta es una tendencia que también está surgiendo en algunos países de Europa. 

Después de las diferentes crisis en las últimas décadas, la ultraderecha europea se ha reagrupado, obteniendo resultados que se traducen en presencia en el Parlamento en varios países. En otros, incluso se sitúan como una fuerza política a temer. Este es el caso de países como Suecia, donde el partido Demócratas de Suecia se ha convertido en la segunda fuerza electoral. Su líder Jimmie Akesson propaga discursos muy parecidos a los de Donald Trump, como «Suecia primero» y “Hagamos que Suecia vuelva a ser buena nuevamente», junto a un fuerte rechazo a la inmigración. Esto es similar en países nórdicos como Dinamarca (Partido Popular Danés), Noruega (Partido del Progreso) y Finlandia (Partido de los Finlandeses). 

En Francia, el partido de Marine Le Pen cuenta con 88 diputados en la Asamblea Nacional y en Alemania podemos encontrar la Formación Alternativa para Alemania, que busca la disolución de la zona euro, se posiciona contraria a los rescates financieros y a hacer el bloque europeo más grande. Otros países europeos donde se puede ver el auge de la ultraderecha son Hungría, Polonia, Bulgaria, Serbia y países del sur y del este de Europa, como Eslovaquia. 

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