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El doblaje desde dentro

Ha perseguido a los extraterrestres como el agente Fox Mulder en Expediente X y se ha enfrentado a los múltiples peligros de la isla de Perdidos poniéndole voz al médico Jack Shepard. Ha luchado contra el fin del mundo en el videojuego The Last Of Us y se ha enfrentado a las sombras en Alan Wake, pero el actor Lorenzo Beteta tiene que luchar a diario contra la paranoia de las grandes productoras que pixelan y censuran las imágenes con las que tienen que trabajar los actores de doblaje. Un mecanismo al que recurren para evitar posibles filtraciones antes de la emisión de series o películas.

El actor de doblaje Lorenzo Beteta en la entrevista con Variación XXI

El actor de doblaje Lorenzo Beteta en la entrevista con Variación XXI

«Hemos tenido que doblar películas en las que en la imagen solo se veía la boca. No sabes quién eres ni dónde estás. No conoces el contexto y no entiendes lo que pasa», denuncia Beteta en una entrevista con Variación XXI. Para los actores de doblaje es fundamental estudiar a fondo cada fotograma y conocer con todo lujo de detalles cómo es su personaje, qué siente, qué busca y cómo gesticula el actor que lo interpreta. «Necesito algo más que una boca para componer al personaje al que estoy interpretando. Somos actores de doblaje pero también somos actores de teatro, de televisión y de cine, y necesitamos más información a la hora de trabajar».

Beteta, que desde hace cinco años está al frente de la Escuela de Doblaje de Madrid (EDM), tiene claro que uno de los principales culpables de estas nuevas condiciones de trabajo para los actores de doblaje es la piratería, que ha llevado a las productoras a tomar medidas drásticas que perjudican la calidad de las imágenes con las que trabajan. Beteta tuvo que empezar a trabajar con imágenes en mala calidad en Perdidos (Lost), una serie que, según se aproximaba a su desenlace, fue tomando medidas más contundentes para evitar cualquier tipo de filtración antes de la emisión. «He tenido que doblar con imágenes en blanco y negro, con imágenes totalmente quemadas en las que sólo podía ver sombras», denuncia el actor, que asegura que nunca se han producido filtraciones en el proceso de postproducción de una película o de una serie y que «jamás» se han filtrado productos durante la fase de doblaje. «Nunca ha habido filtraciones en postproducción. Jamás ha habido filtraciones en el doblaje».

Este problema de ‘censura’ de imágenes no sólo afecta a los actores a la hora de poner voz a los personajes, también afecta en la forma en la que los directores de doblaje adaptan los diálogos al castellano. «Los problemas que tienen los actores en la sala los tiene también el director a la hora de elegir a un reparto y hacer la adaptación de diálogos. Se fían un poco por la voz y, en base a eso, se hacen una idea», cuenta Beteta, que ha dirigido los doblajes de Frozen, Up, Los increíbles y Wall-e. «Cuando ves el resultado en pantalla te das cuenta de que es un desastre porque no has podido trabajar con un material en buenas condiciones y el doblaje no ha quedado como te imaginabas».

Frente a estas prácticas la única opción que tienen los actores de doblaje es hacerles saber a las empresas de empresas de doblaje y a los clientes españoles, que ya reciben las imágenes censuradas o pixeladas de las distribuidoras de los países de origen, cuáles son las condiciones en las que tienen que trabajar. «Nosotros somos la parte de la cadena más lejana y sólo podemos hacerles entender que influye en la calidad de su producto que tengamos una imagen mejor o una imagen peor», señala Beteta, que reconoce que no sabe si las quejas llegan a las distribuidoras de origen.

Huelga de dobladores

A esta censura previa para evitar filtraciones se ha sumado este año la huelga de dobladores de Madrid. Un paro de más de cuarenta días que puso contra las cuerdas a las principales series de televisión, como The Big Bang Theory, House Of Cards o Anatomía de Grey, y que acabó con un nuevo convenio para los actores de doblaje. «Hemos estado durante 25 años cobrando las mismas tarifas», denuncia Beteta, que participó activamente en los piquetes y en las huelgas para conseguir una actualización del acuerdo firmado en el año 1992.

Un actor de doblaje trabajando en un estudio. Imagen: Huawei

Un actor de doblaje trabajando en un estudio. Imagen: Huawei

«Necesitaríamos varias entrevistas para analizar nuestras condiciones laborales», ironiza el hombre que puso voz del agente Mulder. Beteta reconoce que la caída del poder adquisitivo de los actores de doblaje desde los noventa ha sido «bastante notable» por los tipos de contrato que se han venido haciendo desde entonces. En el mundo del doblaje se cobra por takes, unas pequeñas tomas que pueden durar entre treinta y cincuenta segundos, y que según el convenio actual se pagan a poco más de 4 euros, lo que supondría un ingreso aproximado de 160 euros por 40 minutos de takes. «Con esta tarifa la facturación depende del papel que te haya tocado doblar», dice Beteta a Variación XXI, que apunta a una tarifa «más social» en la que se establece un salario mínimo de grabación para igualar los salarios, a lo que habría que sumar el ingreso por las pequeñas tomas. Así, un actor que grabase un número limitado de takes para una película o una serie, se asegura un salario por encima del mínimo interprofesional. Un límite que no se alcanzaría con la tarifa por takes.

«Me impliqué bastante en la huelga. No me he callado y he dicho todo lo que pensaba y eso, a veces, trae consecuencias», reconoce Beteta, que asegura haber participado activamente en los piquetes informativos y que destaca la importancia de las redes sociales a la hora de darle visibilidad a la huelga.

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