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periodismo universitario en internet

Menos alcohol y otras formas de salir: los jóvenes cambian su relación con la bebida

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Jovenes tomando bebidas alcohólicas. Fuente: Adinfa

 

  • El alcohol pierde protagonismo entre las nuevas generaciones.

  • El deporte, la actividad física y el deseo de mantener hábitos saludables se han convertido en razones para limitar su consumo.

La preocupación por la salud, el deporte, la educación familiar y el coste del ocio están detrás de un cambio generacional en los hábitos de consumo. Los datos oficiales reflejan un descenso significativo, aunque las diferencias entre jóvenes demuestran que no se trata de una tendencia uniforme.

Salir de fiesta ya no significa necesariamente beber alcohol. Al menos, no para todos los jóvenes. Pedir un refresco, pasar una noche entera sin consumir ninguna bebida alcohólica o limitarse a una copa son situaciones que empiezan a formar parte de una realidad en la que el alcohol pierde protagonismo entre las nuevas generaciones.

La diversión sigue estando presente, pero parece que cada vez hay más jóvenes que no consideran imprescindible beber para disfrutar de su tiempo libre. Los datos respaldan este cambio. Según el informe Consumo de Alcohol – ESdE 2023, publicado por el Ministerio de Sanidad en junio de 2026, la proporción de personas de entre 15 y 24 años que consume alcohol habitualmente, al menos una vez a la semana, ha pasado del 43,8 % en 2006 al 17,9 % en 2023. Esto supone una reducción y representa el descenso más pronunciado entre todos los grupos de edad analizados. La tendencia también se observa entre los adolescentes.

La Monografía sobre Alcohol 2024 del Observatorio Español de las Drogas y las Adicciones (OEDA), elaborada a partir de la encuesta ESTUDES, señala que el porcentaje de estudiantes de entre 14 y 18 años que había consumido alcohol durante los últimos 30 días descendió del 74 % en 2012 al 56,6 % en 2023. No obstante, el dato experimentó un ligero repunte respecto a 2021, cuando se situó en el 53,6 %. Las cifras muestran que el consumo está disminuyendo, aunque todavía sigue formando parte de la realidad de muchos adolescentes. De hecho, en 2023, el 20,8 % de los estudiantes de entre 14 y 18 años reconocía haberse emborrachado durante el último mes, mientras que el 28,2 % había realizado algún episodio de consumo intensivo, conocido como binge drinking.

 

 

 

Una generación más pendiente de su salud

Detrás de este cambio estadístico aparecen diferentes motivos. Uno de ellos es la preocupación por el bienestar físico y las consecuencias que puede tener el alcohol. El deporte, la actividad física y el deseo de mantener hábitos saludables se han convertido en razones para limitar su consumo.

Héctor, un joven que practica deporte habitualmente, reconoce que no suele beber porque no considera que sea compatible con su estilo de vida. Aunque no rechaza completamente el alcohol, explica que su consumo se limita principalmente a determinados momentos sociales: «Solamente bebo cuando salgo de fiesta, para socializar tomando una cañita con los amigos». Desde su experiencia, también percibe una diferencia entre generaciones. Considera que las personas mayores de su entorno consumen más alcohol que los jóvenes y relaciona este cambio con una mayor conciencia sobre sus efectos. «Si que es verdad que mi entorno cada vez bebe menos e incluso hay gente que deja de beber alcohol», afirma.

Esta conciencia también aparece en quienes han decidido no probarlo nunca. Es el caso de Erik, que reconoce que el ejemplo recibido en casa ha condicionado su relación con la bebida desde pequeño. Su familia no tiene el hábito de consumir alcohol y él tampoco encuentra motivos para incorporarlo a su vida. «Yo nunca he probado el alcohol ni he bebido porque llevo el ejemplo de mis padres, nunca se bebe alcohol en casa y tampoco creo que me aporte nada, entonces no bebo», explica. Su testimonio muestra que el entorno familiar puede influir en las decisiones individuales y que la abstinencia no siempre responde a una experiencia negativa previa con el alcohol. En ocasiones, simplemente se trata de una elección personal que no necesita justificación.

Deporte-salud-alcohol-concienciación

Los jovenes priorizan su salud con respecto al consumo de alcohol. Fuente: IStock

El dinero también condiciona las noches de fiesta

La economía es otro de los factores que aparece cuando se analiza la relación entre los jóvenes y el consumo. El precio de las copas, las entradas a las discotecas y el gasto que supone salir varias noches a la semana pueden influir en los planes y en la cantidad de dinero destinada al ocio.

En las entrevistas realizadas, Marcos, que trabajó durante un año en una discoteca, también identifica el dinero como uno de los motivos por los que algunos jóvenes de su entorno han reducido el consumo. Explica que algunos amigos controlan más lo que beben porque prefieren gastar menos, mientras que otros simplemente han perdido el interés por consumir. Sin embargo, no todos comparten esta opinión. Hector considera que el precio no es el principal responsable del descenso, ya que existen bebidas alcohólicas a precios muy económicos. Para él, la explicación está más relacionada con la concienciación sobre los efectos del consumo: «el precio del alcohol no afecta, sino la conciencia social sobre los problemas que puede provocar».

Las dos perspectivas reflejan que no existe una única explicación. Mientras que para algunos jóvenes el presupuesto disponible determina cuánto pueden gastar en una noche de fiesta, para otros la decisión de beber menos tiene más que ver con sus propios hábitos y prioridades.

Jóvenes en discoteca, ocio nocturno, menor consumo de alcohol, juventud. Fuente: foto de archivo

 

Las discotecas ya no son el único escenario

El cambio también se percibe en los espacios de ocio. Marcos, desde su experiencia trabajando en una discoteca, recuerda que esperaba encontrar un ambiente en el que prácticamente todo el mundo consumiera alcohol. Sin embargo, se encontró con situaciones muy diferentes. «Había gente que sí bebía bastante, pero también había otros que consumían poco», explica.

Durante aquel año también observó a jóvenes que pasaban toda la noche sin beber, acompañando a sus amigos mientras tomaban refrescos o agua. Aunque no era la situación más habitual, tampoco le resultaba extraña. Otros optaban por consumir una sola copa y continuar después con bebidas sin alcohol. Para Marcos, esto demuestra que salir de fiesta y beber no tienen por qué ser dos actividades inseparables.

Además, considera que las alternativas de ocio están cambiando. Cada vez hay más personas que prefieren organizar otros planes y no centrar todo su tiempo libre en acudir a una discoteca. Aun así, reconoce que su experiencia de un solo año no es suficiente para determinar si esta situación representa a toda la juventud.

Jóvenes bailando al aire libre, ocio saludable, sin alcohol, tendencias. Fuente: Diario ABC

 

Un cambio que no significa el final del consumo

Aunque los datos reflejan un descenso importante, todavía queda camino por recorrer. El alcohol continúa siendo una de las sustancias psicoactivas más consumidas entre los estudiantes españoles y los episodios de consumo intensivo siguen siendo una realidad preocupante. Por eso, más que hablar de una generación que ha dejado de beber, parece más adecuado hablar de jóvenes que empiezan a relacionarse con el alcohol de una manera diferente. Algunos optan por la abstinencia, otros reducen la cantidad que consumen y otros mantienen el hábito de beber en determinados encuentros sociales.

Las experiencias de Marco, Erik y Héctor permiten acercarse a esa diversidad. No representan por sí solas a toda una generación, pero muestran tres formas distintas de entender el consumo: desde quien observa cómo sus amigos moderan las copas, pasando por quien nunca ha probado el alcohol, hasta quien lo reserva para momentos puntuales de socialización. El descenso del consumo no implica necesariamente que los jóvenes hayan renunciado a salir o a relacionarse. Puede significar, sencillamente, que cada vez resulta menos necesario tener una bebida alcohólica en la mano para formar parte del grupo. La noche sigue siendo un espacio de encuentro, pero el alcohol parece estar dejando de ser, para una parte de la juventud, uno de sus protagonistas imprescindibles.

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